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Artículo en la revista Siempre!

 

PRI, PAN y PRD

Lucha por la

dirigencia

Por: René Avilés Fabila

El año que comienza no será de grandes procesos electorales. En cambio, ya está presente la lucha por la dirigencia en los tres mayores partidos: PRI, PRD y PAN. Los dos primeros tienen mucho en juego, la batalla será decisiva, quizá de vida o muerte. En Acción Nacional no correrá la sangre, a lo sumo saliva. La lucha es entre dos hombres de poca estatura política, un empresario que ha derivado en político y un político que se esfuerza en parecerlo. Ambos grises, opacos, como son los panistas en general.

Para el PRI no sólo está en juego la credibilidad: debe probar que ha cambiado y ahora reinan la democracia y la transparencia. En el PRD, en cambio, las cosas son obvias: ganará Rosario Robles, la candidata oficial, protegida por Cuauhtémoc Cárdenas. Si a ello le añadimos el peso de López Obrador, quien al final se inclinó por su antecesora, según ha señalado Jesús Ortega, no hay mucho que discutir.

Robles es afortunada. Gobernó mal, ha mostrado capacidad para llegar a los hechos corruptos con tal de ganar. En verdad representa al cardenismo, esa fuerza llena de ex priístas donde brilla López Obrador, y a falta de un candidato presidencial (imposible que Cárdenas vaya a serlo por cuarta ocasión), ella será. Aquí está el error de López Obrador: al momento de la designación del candidato perredista a la Presidencia de la República, Rosario Robles ya tendrá amarrado el cargo, cancelando las esperanzas del tabasqueño.

Lo que llama la atención es que el PRD tiene exactamente todos los vicios y defectos de su antecedente inmediato, el PRI: la cargada, los acarreos, las intrigas palaciegas, el derroche, la utilización de recursos públicos (“cochinitos”) para las campañas políticas, etcétera. Las bases, como en los mejores tiempos priístas, se limitan a aplaudir y echar porras, a desgañitarse gritando consignas baratas. Cuentan los rumores, las alianzas oscuras, las reparticiones del botín. Son visibles las maniobras de dirigentes como Carlos Imaz o como Higinio Martínez. Asimismo, el silencio cómplice de diputados, senadores y gobernadores de este partido.

En tal mar de turbiedades conmueve la actitud de  Jesús Ortega, quien ara inútilmente, aboga por una contienda limpia; al parecer le preocupa el destino de su partido y no el cargo que pueda ocupar tal o cual persona. Si esto es la “izquierda”, habrá que releer a los clásicos del pensamiento socialista y pedirle a quienes se formaron en el comunismo o en el trotsquismo, recuerden sus luchas iniciales antes de convertirse en políticos del montón, en buscadores de chambas y sueldos, de cuotas burocráticas. El poder se busca con fines sociales muy claros, no para formar patrimonios familiares sino para beneficiar a la sociedad.

A nadie le cabe la menor duda de que Rosario Robles ganará, ha hecho una vergonzosa campaña para ello; debería estar detenida respondiendo a los muchos cargos que le han formulado. En cambio, es la estrella fulgurante de un partido que de esperanza pasó muy pronto a decepción. Muchas de sus figuras ahora están en el PAN, por que allí está el poder. ¿O hay que recordar a Ricardo Pascoe quien acaba de elogiar a Fox?  El futuro en el PRD es previsible como lo era antes en el PRI: Robles será presidenta del partido y acto seguido candidata a la Presidencia de la República.


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