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RENÉ AVILÉS FABILA Escritor |
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oBRAS NOVELA LOS JUEGOS
(2001) [Primera edición: 1967]
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Sucedió lo que tanto se temía desde hace tiempo. La Unión Mexicanista de Intelectuales Nacionales declaró la guerra al Clan. Aprovechando la campaña de la Sociedad de Geografía y Estadística (benemérita y anacrónica) en contra de los hijos de Sánchez y en defensa de lo nuestro, la UMIN ha abierto un largo frente en contra del cosmopolitismo. Y jura no suspender las hostilidades hasta que los extranjerizantes renuncien a sus posiciones antimexicanas. Bajo la invocación de Cuauhtémoc y Coatlicue los folkloristas piden que el intelectual vuelva los ojos hacia sus raíces. Tenemos que hablar de lo nuestro, de lo mexicano, sostienen.
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Como se saben plenamente apoyados por el pueblo acusan a los cosmopolitas de socavar los cimientos de la nacionalidad con ideas y fórmulas exóticas que en nada ayudan al desarrollo cultural del país. Lo envenenan, gritan gimoteantes, llorosos. La lucha se dará en todos los frentes, según se vislumbra. Por lo pronto, un primer paso es la construcción de un fraccionamiento para que vivan los intelectuales mexicanos hasta las cachas y no se contaminen. Se impone, además: a) que en los rumbos de Tepito o de La Lagunilla se establezca la Zona Tricolor, lugar de reunión (Cafés, cines, comercios, clubs nocturnos, etc.) para los escritores de la UMIN y los miembros de la SMGE; este sitio gradualmente absorberá a los esnobs de la Zona Rosa y los convertirá en buenos patriotas mediante complicado sistema de rehabilitación ideológica; b) que se creen estímulos oficiales para recompensar los trabajos y esfuerzos de los artistas folklóricos, pues sus condiciones de vida son algo así como deplorables y sólo viven bien los que han tenido éxito trabajando en el PRI o en las secretarías de Estado. Que en realidad se pretenden los objetivos que a continuación se mencionan, sin que los anteriores se eliminen: 1: Imponer el folklore como la única corriente artística en México, bajo el rubro de Folklore Nacionalista. 2: Erradicar las enfermedades endémicas extranjerizantes: el intelectual no tiene por qué ser el reflejo de costumbres o situaciones que en nada se parecen a lo nuestro. 3: Desterrar las ideas exóticas que en materia de estética perjudican a la nacionalidad. 4: Hacer una quema pública de los libros y cuadros de autores que no son mexicanos o que siéndolo no escriben o pintan sobre nuestro glorioso país. 5: Encarcelar a los artistas que persisten en actitudes antipatrióticas para que purguen cadenas perpetuas a trabajos forzados en San Juan de Ulúa. 6: Hacer un arte que exalte las virtudes y las cualidades de la idiosincrasia nacional: un arte desde luego popular, fácilmente aceptado por nuestro pueblo. 7: Ayudar en la Campaña de Alfabetización. 8: Ya que se está en esto de combatir al extranjero, debe prohibírsele al intelectual mexicanista (y al pueblo) vestir como habitante de otro país, ingerir alimentos no nacionales y escuchar música denominada rock and roll. La UMIN ha establecido el uso obligatorio, al menos para sus afiliados, del ropaje nativo del lugar de nacimiento del intelectual, esto es, el traje regional de su patria chica, el rechazo de los hot dogs, los sandwiches y las hamburguesas y la reivindicación de los antojitos: tacos de nenepil, de buche, de machitos, por ejemplo. En cuanto a la música, solicita un decreto tendiente a convertir en programas nacionales los siguientes: El triunfo de los charros y Qué rete chula es la música mexicana. Además de esto, las radiodifusoras La charrita del cuadrante, Radio Barrilito y Radio Mexicones deben subsidiarse y más adelante convertirse en propiedad del Estado. Resulta inútil también señalar que la música clásica debe postergarse, pues normalmente es extranjera. Fuera Mozart y Schubert. Adentro Grever y Lara. Este renacimiento mexicano (no se ha planteado, pero la idea es notoria) traerá el destierro del español para sustituirlo por el náhuatl. Incluso, algunos poetas ya han escrito romances y corridos en tan bella lengua. Y una editorial hace poquito anunció la primera novela en náhuatl, obra con tema, dijeron, que no dejaría dudas sobre la nacionalidad de su autor. Sexo campesino, violencia campirana y muerte atrás de los magueyes, pero eso sí: todo en rico idioma autóctono. La lucha ha tomado características tan sangrientas que es comparable al odio que sostenían entre sí conservadores y liberales en el siglo diecinueve o 1° antes de la Revolución Mexicana. Hará unos tres días, hubo un comelitón en la Zona Tricolor: festejaban a la Flor Más Bellas del Ejido Urbano. Los de la UMIN se emborracharon -tequila y mezcal, sotol en algunos casos- y decidieron lanzar un ataque masivo y por sorpresa contra la Zona Rosa. Eran como las siete de la tarde: pescarían sin remedio a los beatniks, a los hippies, a los existencialistas, a los esnobs, a los del Clan. A las voces de Jalisco nunca pierde y cuando pierde arrebata, Como México no hay dos y Yo soy de acá de este lado, los miembros activos de la UMIN (y sus aliados de la SMGE), se lanzaron por las calles hasta llegar a la colonia Juárez (¡vaya paradoja!). Alguien les dio el soplo a los de la Zona Rosa, quienes rápidamente fortificaron con mesas y sillas del Chip's, del Presidente, del Safari, del Leblon, del Kineret, del Tirol, del VIPS, los dos frentes de combate: Insurgentes y Paseo de la Reforma. Rosicler y Riveroll fueron nombrados generales: uno haría la defensa del frente Insurgentes, el otro defendería, con su vida si fuese necesario, el frente Reforma. Los mariscales de campo, Rex Cótex y Culeid establecieron el cuartel general en la azotea de Sanborns Niza. Las operaciones serían dirigidas desde allí. Nora, Breques y Rolando fueron designados para una misión: solicitar refuerzos en Filosofía y Letras en caso de que los folklóricos lograran transponer los frentes y se produjera la invasión de la Zona Rosa. Se iniciaron las hostilidades. Poco antes uno de los folks, desde el monumento que está frente al Hilton, arengó a sus huestes invocando varios nombres definitivos de la literatura y la pintura nacionalistas. El choque fue durísimo. Los folkloristas intentaron flanquear a las fuerzas del general Rosicler, pero fueron rechazados hasta el cine Diana, gracias al armamento proporcionado por Aunt Jemima's: sillas metálicas y botellas de miel. En cambio, en el frente Insurgentes, el general Riveroll estuvo en peligro de ver sus fuerzas cortadas en dos, merced a un furioso contraataque del enemigo, y tuvo que retirarse dos calles y atrincherarse en Génova y Londres. Allí esperó refuerzos. El mariscal Rex dio órdenes para que una brigada ligera y una pesada -¿cuáles serían?- mediante una operación de pinzas atraparan a las fuerzas que amenazaban al general Riveroll. Las reservas al mando del comandante Cafarel (acantonadas en Carmel) fueron desplazadas hacia donde las fuerzas de Riveroll se batían heroicamente. Los folklorista concentraron su fuego contra las posiciones de Riveroll. Y quisieron arrojarlo de ahí con varios blindados (coches que pudieron obtener), cosa no lograda, pues fueron detenidos por la artillería que operaba a un costado del cine Insurgentes, artillería de grueso calibre (botellas de coca-cola familiar, librotes sacados de Misrachi y cuadros de la galería de Juan Martín). De esta manera se consiguió neutralizar eficazmente el ataque de los folklóricos. Entretanto, Rex formó dos batallones de voluntarios y los arrojó contra las fuerzas folklóricas que ya habían sido paralizadas en Londres y Génova. La embestida hizo retroceder al enemigo hasta la avenida Chapultepec. Y aunque ofrecieron feroz resistencia, su moral era débil y no presentaron problemas. El rechazo fue total. Las tropas enemigas estaban derrotadas en toda la línea. Los folkloristas se retiraban en desorden, dejando muchos heridos y prisioneros. En cambio, las bajas de los defensores de la Zona Rosa fueron moderadas. Entre los prisioneros se hallaban varios jefes de importancia de la UMIN: Tomás Mojarro, López Bermúdez y Teponaztle Popocatépetl, los que sin mayores papeleos burocráticos fueron confinados en el reducido baño del café Lautrec. Rosicler rindió lacónico parte a los mariscales de campo: Las armas cosmopolitas se han cubierto de gloria. El enemigo ha sido totalmente batido y huye en busca de refugio. La noticia de esta batalla llegó hasta las orejas de las autoridades del Departamento del Distrito Federal. Las futuras olimpiadas peligraban a causa de tales alborotos. Sin tardanza, los granaderos -sin comer durante 72 horas y mariguanos durante ese mismo lapso, recibieron órdenes de ir al lugar del choque. Sólo que al llegar, no había sino unos cuantos vidrios rotos y palos tirados en el suelo; lo demás, tranquilidad y bienestar social. Regresaron los granaderos a sus jaulas furiosos por no haber podido gasear y macanear a seres humanos. Metido en el Tirol, el alto mando cosmopolita, entre cotorreos y bromas, planeaba una batida por los rumbos aledaños a la Zona Rosa para finiquitar el posible problema de los guerrilleros y los francotiradores. Triunfaba la cultura universal. Los de la UMIN no reconocían más estrategia militar que la de Morelos y Obregón. En cambio, los vencedores eran expertos en Maquiavelo, Napoleón, Julio César, Chausewitz, Zhukov, Guevara, Mao Tse-tung, Giap, Debray. Ahí la diferencia. Los jefes del Ejército del Águila Nopalera nomás reconocían el triunfo de Santa Anna sobre el expedicionario Barradas y la Batalla de Zacatecas, por cierto muy mal. ...
René Avilés Fabila
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