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Consejo directivo |
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Ciudad de México tiene un buen
número de museos de alto rango. La lista es larga y destacada, la inmensa
mayoría, conforme a las tradiciones mexicanas, pertenece al Estado. Pero
desde hace algún tiempo han surgido algunas propuestas del seno de la
sociedad civil para construir aquellos que hacen falta. Dentro del proyecto
globalizador que nos han impuesto, destaca la falta de apoyo a las
instituciones públicas educativas y culturales. Es, además, el resultado de
las pésimas administraciones culturales de Vicente Fox, Felipe Calderón y de
los gobiernos perredistas del DF. Resulta extraño que en una urbe donde
incluso existen un museo de cera y otro del zapato, no tengamos uno del
escritor. Por tal razón, la Fundación René Avilés Fabila (Yácatas 242,
Narvarte), preocupada por la preservación cultural, difusión, estímulo y
fomento de la obra y trabajo de escritores, hace del conocimiento público
que ha comenzado a funcionar el Museo del Escritor (ya registrado ante las
autoridades de la Secretaría de Relaciones Exteriores y legalmente
constituido ante notario público, respaldada por la propia Fundación que
cuenta con la exención de impuestos otorgada por Hacienda), provisionalmente
en el propio local de la institución, de 11 a 15 horas, de lunes a viernes.
En este museo están exhibidas primeras ediciones de autores mexicanos y de
otros que han radicado largo tiempo en México. Por ejemplo, están primeras
ediciones: La región más transparente de Carlos Fuentes, Cien
años de soledad de Gabriel García Márquez, Los recuerdos del
porvenir de Elena Garro, Obras completas y otros cuentos de
Augusto Monterroso, El siglo de las luces de Alejo Carpentier,
La Feria de Juan José Arreola, Beber un cáliz de Ricardo
Garibay, Pedro Páramo de Juan Rulfo, en fin una muy buena cantidad
de ellas, todas firmadas por sus autores. Asimismo están expuestos objetos
personales de algunos escritores, fotografías y una buena colección de
caricaturas y dibujos de escritores realizados por afamados artistas
plásticos. Cuenta con una biblioteca de alrededor de 15 mil volúmenes de
literatura mexicana y como un buen principio, documentos, cartas y diplomas
de algunos narradores y poetas, archivos de otros más y originales de
novelas, libros de cuentos y poemas, grabaciones como los discos de Voz Viva
de México y otras inéditas. El Museo contará con actividades de apoyo para
difundir y mantener viva la presencia de los escritores, tales como
talleres, conferencias, mesas redondas, presentaciones, becas, premios y
reconocimientos literarios y, si hay apoyo, podrá incluso ser editorial con
el objeto de que sea un museo vivo, con un gran movimiento literario a su
alrededor. Por lo pronto editará una antología de cuentos fantásticos y
reeditará los discos (antes de la UAM-X) de los poetas Marco Antonio Campos
y Dionicio Morales con una bella selección de sus poemas. El Museo del
Escritor deberá firmar acuerdos con instituciones semejantes, universidades,
museos y en todo momento realizará convenios para enriquecer sus actividades
y su propio acervo. A todos los escritores, lectores, promotores literarios
y amigos que estén en posibilidades de enriquecer el acervo del Museo, le
solicitamos como donación o en calidad de préstamo (en todos los casos se
cubrirá el requisito de poner el nombre de la persona que dona o presta el
libro o el objeto). Sus actividades serán anunciadas en internet, en las
páginas de la Fundación René Avilés Fabila y a través de su revista vocero,
Universo de El Búho.
La idea de crear el Museo del Escritor no es nueva, cada tanto aparecía
por allí, yo la escuché hace algunos años de boca del escritor y promotor
literario Eugenio Aguirre y la platiqué con otros literatos. A todos les
pareció interesante y necesaria. Con el objeto de darle a este museo una
sede digna y amplia, bien situada, buscamos por la Ciudad de México. Nos
parecía y nos sigue pareciendo que el Centro Histórico es el sitio más
adecuado para establecerlo, ya que allí nacieron, vivieron y desarrollaron
sus actividades multitud de escritores y permanecen las mayores
instituciones culturales del país, tales como la Secretaría de Educación
Pública, Palacio Nacional donde están algunas de las obras cumbres del
muralismo mexicano, La Escuela Nacional Preparatoria, el hoy
llamado Palacio de la Autonomía (de la UNAM, que fuera hace algunos años la
Preparatoria número 7), la Sociedad de Geografía y Estadística, el Colegio
Nacional, librerías de larga tradición, calles y edificios entrañables que
estuvieron ligados a la historia cultural de la ciudad y en consecuencia del
país. Sin embargo, cuando acudimos con las autoridades capitalinas nos
dijeron que no tenían ninguna casa para tal efecto, que todas estaban
asignadas a tareas concretas, que a ellas les interesaban el Museo Carlos
Monsiváis (El estanquillo) y el Museo del Comunismo, propuesto por Carlos
Payán. De este modo, decidimos abrirlo en el local de la propia Fundación
René Avilés Fabila. El problema es que resulta un lugar pequeño para tales
efectos y muy pronto las vitrinas, los cuadros y los libros han llenado la
casa. Nos gustaría, por ello, conseguir apoyo para adquirir un local más
adecuado. Hemos hablado con las personas que dirigieron el desaparecido
Centro Mexicano de Escritores para ver las posibilidades de que sus
patrocinadores, en este caso la Secretaría de Salud, nos donara, prestara en
comodato o vendiera con ciertas facilidades la casa que tal centro ocupó,
pero resulta que la mitad de la casa está invadida por paracaidistas. No
cabe duda, esto sólo puede ocurrir en México. Asimismo recurrimos al
supuesto altruismo de Carlos Slim que dice querer revitalizar el Centro
Histórico, donde debe estar un museo como el que estamos formando. Nada,
nadie nos ha respondido. A Sergio Vela, actual presidente del CONACULTA, lo
invitamos a conocer los trabajos. Su deber era visitar el sitio. Ni siquiera
contestó, fiel a su estilo frívolo y pedante, ajeno por completo a los
intereses reales de la comunidad cultural del país.
No obstante las complicaciones el pequeño patronato que formamos para ir
montando el Museo del Escritor, continúa trabajando y ya han comenzado a
llegar objetos de diversos escritores. Por ejemplo, el poeta Otto-Raúl
González donó la vieja máquina de escribir con la que redactó la mayor parte
de sus espléndidos sonetos y además el original de un poema dedicado a esta
leal máquina y Martha Domínguez, quien dirigiera el Centro Mexicano de
Escritores hasta su muerte y liquidación, le obsequió al Museo la mesa donde
trabajaron por cinco décadas escritores de la talla de Juan Rulfo, Juan José
Arreola, Francisco Monterde, Alí Chumacero, Salvador Elizondo, Juan García
Ponce, Emmanuel Carballo, Beatriz Espejo, María Luisa Mendoza, Carlos
Montemayor y una multitud de grandes narradores y poetas que pasaron por el
sitio y, además, un valioso lote de libros, la mayoría primeras ediciones,
dedicados por sus autores. Por su parte el poeta Dionicio Morales entregó
cartas de Carlos Pellicer y originales de Efraín Huerta y Sergio Magaña para
ser expuestos en sus vitrinas. Hay además primeras ediciones de Edgar Allan
Poe, Borges y Cortázar.
El proyecto no es sencillo, requiere dedicación, mucho esfuerzo y desde
luego apoyos materiales. No es fácil que vengan de la burocracia cultural,
pero sí, a cambio, podría provenir de la iniciativa privada y sobre todo de
los mismos escritores mexicanos que requieren de un lugar de tal naturaleza.
Como en toda causa positiva, esperamos el respaldo de la comunidad
intelectual y en general con el de la sociedad civil.
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