El grandote de palacio *

Froylán López Narváez

SI EL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA HUBIESE leído o leyese mucha literatura, quizás no hubiera decidido jugarla, y jugársela, para ser “el titular” del Poder Ejecutivo de la Federación, jefe de Estado y de las Fuerzas Armadas y los de cargos y encargos que la ley y los otros poderes políticos y sociales endilgan a quien debe comandar la Presidencia nacional. Si hubiese conocido El gran solitario de Palacio de René Avilés Fabila hubiese frenado, quizás, sus ánimos políticos descomunales y sus ambiciones de poder.

Es que en el memorable escrito de Avilés Fabila se evidencian las jugadas, y jugarretas, los escenarios y las farsas, los servilismos y las traiciones ínsitas en el ejercicio de la fuerza pública, administrativa y moral que conlleva ser el presunto mandamás del Poder Ejecutivo de la ambicionada Federación mexicana. Es que en el memorable escrito de Avilés Fabila se evidencian las jugadas, y jugarretas, los escenarios y las farsas, los servilismos y las traiciones ínsitas en el ejercicio de la fuerza pública, administrativa y moral que conlleva ser el presunto mandamás del Poder Ejecutivo de la ambicionada Federación mexicana.

Felipe Zavala conversó con Fernando Mayolo López, reportero de Reforma, coloquial y francamente. Desilusionado y desempleado, este ciudadano que se acercó, convivió y estuvo al cuidado de Fox y sus familiares en comisiones de mucha cercanía, hizo saber de su desencanto y observaciones durante dos años al lado, constantemente, de Fox. Le marginaron desde septiembre de este año, le prometieron acomodo, el guanajuatense le dijo que iba a platicar con el jefe de la oficina para la Innovación Gubernamental se supondría por los lamentos y juicios que comunica abiertamente y que enojarán o enojaron a quienes sepan de sus consideraciones.

A partir de las observaciones de Zavala se podría identificar a los colaboradores de Fox, a la mayoría, se colige, cómo “los descamisetados” en el foxiato. “Los dos años que estuve ahí, observé que muy poca gente tiene la camiseta bien puesta. No hay trabajo en equipo, no hay ese interés primordial que teníamos en la campaña de trabajar todos juntos por un objetivo, por una meta”. Lo cual ya se había advertido a los pocos meses de haberse instalado el gobierno que ya pasó la etapa del noviciado sobradamente. No había necesidad de que lo dijera Zavala. Más de una persona cercana a los estadios del círculo presidencial y de las secretarías divulgan, privadamente, que no hay concierto entre ellos y sí lo contrario, confrontaciones, bloqueos, reservas y fobias, desdenes y miedos mutuos.

Se chismorrotea o afirma mucho que la señora Marta Sahagún de Fox decide asuntos oficiales, influye en las decisiones, recomienda o quita personas. Tiene amparo la quejumbre en los dichos de la señora que, con razones, alega que no es ornato y que las mujeres están aptas y decididas para tomas de poder. Ha habido algunos foxistas que hablan de ella, o con ella, como si fuese vicepresidenta y ya candidata a suceder a su marido.

Zavala entiende que el enemigo o enemigos de Fox están en casa. Y, se atrevió: “A lo mejor me voy muy lejos, pero por lo que he visto mucha gente adentro trabaja (sic) para que le vaya mal al Presidente”. Por supuesto no da un sólo nombre, pero cree que hay miles (sic) de ejemplos. Lo dice mucha gente, aclara, no solamente él. Ya se les ha dicho “que no se están haciendo bien las cosas”. Lógicamente se implica que las están haciendo mal. En la secundaria “Jesús Mastache” el Presidente sostuvo algo poco semejante pero que recoge las desilusiones de dentro y fuera de su gobierno. Hay quienes ya quisieran verlo como todos lo hemos soñado pero la única manera de alcanzar ese sueño (1 por ciento del PIB para investigación científica y tecnológica) es con trabajo diario...”.

Está en su derecho de soñar, de ufanarse de logros en su haber, según sus cuentas o las que le pasan; como atribuirse la autoría pública del dictamen diputadil que impone que el gobierno de la República destine 8 por ciento del PIB a la educación. Es un reclamo que viene de lejos y que Fox recogió en su campaña. En horas alteró la cifra que aseguró se invierte ahora en educación, dijo 6.6 y luego 6.8, cambió el dato y no es imputable la alteración a traductores.

Darío Mendoza, foxista, también perdió su trabajo cuando desplazaron a Francisco Ortiz. Pero a él sí lo acomodaron pronto, con la señora de Fox. Seguramente por convicciones y no por no haber perdido el empleo, Mendoza no es tan adverso en sus juicios. Sostiene que ha habido cambios, por ejemplo que el Presidente ya no sea intocable. Desmemoriado o muy joven, no recuerda que éste fue un avance del movimiento de 1968 y hasta Patricio Martínez se le puso al brinco a Ernesto Zedillo, ya gobernador chihuahuense, para señalar que solamente los ingenuos o ignorantes suponen que los presidentes son taumaturgos o semidioses desde hace poco.

Opone 70 años de priato a los dos de foxiato. Tiene escasa razón, pues es considerado que no ha habido solución de continuidad del “sistema”, pero sí acierta cuando sostiene que “te enfrentas a todo un aparato real que lleva 70 años haciendo mañas, metiendo el pie”. Anuncia o sugiere otras actitudes y modos para lo que sigue: ya no serán cándidos e ingenuos, tienen que ser capaces para no perderse, reconocer que no todo va a ser acuerdo y consenso y deben ser rápidos en las decisiones. Han sido cándidos e ingenuos por su buena voluntad, alega. Aunque hay quienes dicen que las malandanzas y los pocos frutos grandes son causados por su “inexperiencia” o por su ignorancia política o administrativa. En efecto, no solamente los críticos apuntan esto, sino vastos grupos de poder y de ciudadanos, lo mismo empresarios que trabajadores. Y, es verdad, se tienen que enfrentar a castas políticas.

Retomando a Zavala, también él se queja de que tienen circunscrito, bloqueado, al Presidente. No permiten que se le acerque nadie. Como en los mejores tiempos, como en todos los tiempos. Lo mismo ocurre en el Vaticano, o con los jefes de secretarías, en todos lados en donde se concentra el poder en una persona, real o supuestamente.

Por imprecisos e imputables de rencorosos o partidarios, los juicios contrarios a la administración o los resultados del primer bienio de Fox no pueden ser considerados como graves. Pero las cifras y las valoraciones, las violencias y los desencantos sí podrán ser maléficos para el presente mexicano y para las decisiones electorales o las protestas en las vías de hecho.

De dientes para afuera o en verdad, casi todo mundo conviene en que si le va bien al gobierno federal, le va bien al país. El rechazo a la represión y al autoritarismo abierto son una posición laudable para Fox y sus subalternos a pesar de los magros resultados que le indican, de buena o de mala fe. Pero ciertamente ya son patentes los reclamos y la necesidad de que se trastoque el sentido empresarial, neoliberaloide, que ha producido una visión de Estado y de gobierno que atosiga y empobrece al país. La Conferencia Episcopal Mexicana, también ellos, lamentan esta orientación equivocada.

En 1971 Avilés Fabila avizoró sarcástico y premonitorio: “Y en cuanto la primera etapa quede atrás, ampliaremos el Departamento para trabajar con computadoras, cerebros electrónicos y autómatas”. Y en efecto, se impuso la tecnocracia priista. La ha sucedido aunque la recusen, la tecnocracia en nombre del PAN y del cambio. La obra del profesor Avilés tiene un epílogo: Carajo, qué soledad. Pero no sólo la que se refiere a Fox sino también la de los pueblos y comunidades de México, urbanas y rurales.

Correo electrónico: finln@netservice.com.mx

* Publicado en el periódico Reforma. Miércoles 4 de diciembre del 2002.

 

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