La novela mexicana no sólo es Carlos Fuentes*

José B. Adolph

El tipo tiene 32 años, una esposita, una beca en París, y una lengua viperina. Si a esto añadimos que es tan, pero tan mexicano que le friegan los demás mexicanos y escribe bien, tendremos una imagen bastante clara de René Avilés Fabila.

¿Qué ha hecho este sujeto? Libros como “Los juegos” (el que más me gustó), una corrosiva novela sobre la vida intelectual del país; Hacia el fin del mundo y “La lluvia no mata las flores” (cuentos); etc. Su último libro acaba de llegar a Lima **.

El autor, evidentemente, ama desesperadamente a México: por lo mismo, lo critica con la acerba angustia de un amante que no puede soportar que su ídolo se ensucie los piesEn El gran solitario de Palacio” Avilés Fabila hace una feroz disección de su país. El autor, evidentemente, ama desesperadamente a México: por lo mismo, lo critica con la acerba angustia de un amante que no puede soportar que su ídolo se ensucie los pies. El gran tema del “Solitario” es la masacre de estudiantes en la plaza de Tlatelolco, poco antes de la olimpiada de hace un par de años. Pocas veces el revolucionarismo institucional de nuestros hermanos del Norte ha sido tan atrozmente puesto a la picota.

Lógicamente El solitario de Palacio es un dictador longevo que gobierna desde hace 50 años (“en un país imaginario”) y aún le faltan otros tantos. Cada seis años se somete a la cirugía plástica, y al voto popular con otro nombre… y otra digna esposa que hace ropitas para las madres pobres. En una advertencia previa, Avilés agradece “al ejército, a la policía y a la política subdesarrollada la valiosa cooperación (que nadie solicitó)”, sin la cual el libro no habría sido posible.

Quienes estamos acostumbrados al célebre complejo de superioridad mexicano, encontraremos refrescantemente blasfemas frases: “como México no hay dos (por suerte para los demás países)”, que explican posiblemente su estadía en Europa. Pero René no engaña a nadie: todos sabemos, como ya dije, que así aman a su patria los meros machos. Y en cuanto a su manera de tratar a los militares de su país, bueno…

Y a los políticos. Y en general a la bienaventurada democracia representativa. Y a los ultraizquierdistas. Y a los comunistas. Y a los curas. Y a los colegas del “boom” (su personaje favorito parece ser Carlos Fuentes, el hermoso escritor de las cinco esposas, digo, viejas).

En una carta me dice que tiene a punto un libro llamado “Cómo ingresar al boom”, y otro “La desaparición de Hollywood y otras sugerencias para principiar un libro”. Me imagino que ha de ser tan fregado como los anteriores, con esa mezcla de humor ácido, mala crianza de chico malo, apasionamiento lúcido y cuestionamiento generalizado y absolutista.

¿Cómo clasificar a quien hace lo siguiente?; “La sesión del Partido Comunista llevaba tres meses y sólo era interrumpida por meseros que entraban llevando bandejas con sandwiches…”

(¿Realismo mágico de izquierda?) O a quien describe cómo la esposa del señor Presidente hace cubrir, horrorizada, a una estatua desnuda de Diana Cazadora, con el resultado de que los hombres, ante la estatua vestida, comiencen a imaginársela desnuda: (antes no reparaban en ella). “...la policía hizo múltiples detenciones: jovencitos que se masturbaban frenéticamente ante la Diana en un insólito homenaje sexual y adultos que llenos de lujuria por el esfuerzo de imaginarla en cueros, a pocas calles de la glorieta, en la soledad del Bosque, violaron a dos monjas que meditaban aprovechando el silencio y la tranquilidad”. Un libro divertido, amargo a veces apresuradamente escrito pero siempre, en el auténtico sentido de la palabra, moralizador. Porque quien se burla de la inmoralidad, es un moralista.

* Publicado en el periódico La nueva crónica. Lima, Perú. 1° de febrero de 1972-.
** René Avilés Fabila: “El Gran Solitario de Palacio”, Fabril Editora, Buenos Aires, 218 págs. 1971.

 

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