El gran solitario no se ha marchado de palacio *

Hugo Enrique Sáez A.

La edición de las obras completas de René Avilés Fabila por la editorial Nueva Imagen nos brindó en 2001 un servicio invalorable al publicar una vez más El gran solitario de Palacio, texto que conserva una vigencia y energía impresionantes después de treinta años.La edición de las obras completas de René Avilés Fabila por la editorial Nueva Imagen nos brindó en 2001 un servicio invalorable al publicar una vez más El gran solitario de Palacio, texto que conserva una vigencia y energía impresionantes después de treinta años. De hecho, el tema del "hombre fuerte", del déspota que abusa del poder a su antojo, se encuentra en numerosos autores, desde Tirano Banderas de Valle Inclán, pasando por Yo, el supremo de Roa Bastos y El señor presidente de Asturias, hasta El otoño del patriarca de García Márquez. Por supuesto, la enumeración no es exhaustiva ni pretende serlo. Ahora bien, en ese extenso panorama de novelistas que han mostrado las nauseabundas entrañas del poder con claras referencias a la realidad latinoamericana, ¿qué características específicas definen la narración de René Avilés Fabila? La pregunta no es ociosa sobre todo ahora que la novela de 1971 se ha reeditado y nuevos lectores se internarán en sus páginas. Desde un punto de vista filosófico político hay tres aspectos que me gustaría remarcar porque hacen del "gran Solitario" un discurso singular. Primero, el contexto en que se produce. Segundo, su claro vínculo con una historia vivida. Tercero, el poder subversivo del humor. Primero, examinemos el contexto. Roman Jakobon enunció una teoría que abarca seis funciones del lenguaje para explicar el proceso comunicativo: emisor, receptor, mensaje, código, medio y contexto. En este caso me interesa destacar el contexto, sin que ello ubique el escrito en el terreno testimonial. Me explico. Por ejemplo, el contenido de un mensaje podría ser irrelevante. Enseñar la lectura e interpretación de Marx como parte de una materia aprobada por la universidad puede encontrarse integrada en una estrategia que se orientara a castrar el significado revolucionario de la dialéctica. Mucho más arriesgado que esa respetable tarea es un simple gesto en circunstancias de gran tensión. Así, es conocida la historia de que en los oscuros días de septiembre de 1968 se encontraron en la entrada de un acto público el rector Barros Sierra y el presidente Díaz Ordaz. Este último, queriendo ser mordaz, le ofreció el paso con estas palabras "Adelante, primero los sabios", aludiendo con desprecio al intelectual que no entiende las "razones de Estado". La respuesta del rector podría haberle costado la vida en las circunstancias por las que atravesaba el país. "No, pase usted, primero los re-sabios."

A comienzos de los años setenta, la osadía de Avilés lo lleva a escribir y publicar su "gran Solitario" con clara referencia a la matanza del 2 de octubre de 1968. Hay un contexto que se elabora poéticamente, es decir, que se procesa como mensaje que tiene valor por sí mismo, el mundo de los personajes por los que llegamos a tener repugnancia y por los que nos entristece la impotencia ante las vejaciones a que son sometidos. Eran épocas difíciles para el pensamiento crítico y creador. Transcurría el sexenio del ahora desmemoriado Echeverría, que por su torpe y cruel vanidad ordenó la destitución de un chivo expiatorio tan nefasto como él, Martínez Domínguez, en un intento por exculparse de la masacre del Jueves de Corpus. La muerte vigilaba de cerca los atrevimientos del juicio. El Poder enfocaba sus pistolas en contra de los símbolos que entonces lo inquietaban. Una anécdota que circuló como broma era que un estudiante de química había sido detenido por llevar en su mochila un libro sobre "la cuba electrolítica". En algo han cambiado los tiempos, sin que ello signifique ningún progreso. Tenemos que seguir desmontando las trampas que nos tiende de continuo un Estado que cambia de maquillaje para reproducir los grilletes de la dominación. A ese mismo Poder le conviene ahora tolerar cierta libertad de expresión porque el control de las conductas se ejerce desde la exclusión económica, reforzada por la política, además del imaginario del espectáculo. Segundo, una historia vivida, ésa es la impresión que dejan las páginas de la novela. Los otros autores latinoamericanos citados y el mismo Valle Inclán operan mediante una metáfora sobre dictadores que ordenan cerrar las cortinas de las ventanas para que la gente piense que es de noche. Quizá Roa Bastos se inspiró en un tirano del siglo XIX, aunque eso le ganó las antipatías del sátrapa Stroessner en el siglo XX. La plaza de las Tres Culturas y el Campo Militar número uno son escenarios privilegiados de la prosa de René Avilés. Las torturas y los crímenes de estudiantes están relatados desde muy cerca de los acontecimientos en un estilo que se asemeja a la crónica. Los policías políticos y los personajes de todas las layas que componen esa tétrica corte son descritos con minuciosidad hasta en los hábitos etílicos. El transido clima que se respira en el libro está anclado en una realidad latinoamericana que es réplica o eco de una realidad central, los Estados Unidos o Europa. La guerra fría obligaba a los déspotas locales a alinearse con Washington, e identificar a los rebeldes con agentes del comunismo internacional era una fórmula fácil para descalificarlos y justificar la descarga de todas las represalias en su contra. A ese régimen abyecto corresponde una estética igualmente abyecta, como precisamente la define el autor en El gran solitario. El discurso de emotividad vergonzante corroe el cuerpo social, de modo que los actos privados suelen ser un remedo lamentable de las vacías ceremonias públicas: "Los loros son como los oradores que tanto irritaron a Julio Torri: nada más repiten lo que mal aprenden. Oradores y loros pertenecen a una especie abyecta, aunque necesaria para mantener en equilibrio la división entre inteligentes y tontos. En los actos oficiales y también particulares (bodas, quince años, graduaciones), nunca falta el orador que atosiga con lugares comunes, frases grandilocuentes, desmanes ridículos, voz estentórea, retórica obvia, demagogia, cuya función primordial es estupidizar a la familia que posee un loro."

Me pregunto: si Fox prometió sacar al PRI de Los Pinos y luego metió de nuevo a la escoria del partido en la residencia presidencial, ¿hemos expulsado la estética patriotera de nuestros corazones? En la novela comentada esa estética ramplona se materializa en el maestro de música llamado Heladio Pérez que dirigía la marcha de su propia inspiración "Nopales y tunas por siempre". En el simbolismo de lo "nativo" el autor del "Solitario" identifica los estragos de una ética que se apoya en una nación inventada para justificar la atroz matanza. El orangután real que perpetró el crimen se hizo responsable de los hechos (minimizados y tergiversados, por supuesto) aduciendo que había salvado al país de una conjura internacional, comunista, soviética, cubana. La pobre isla sigue siendo utilizada por algún secretario de relaciones exteriores como pretexto de sus desatinos. La hipocresía de este tipo de moral se revela también en el hecho de vestir con mantón de bronce a la Diana desnuda, mientras que en privado se festina la sacrosanta práctica del segundo frente. En nuestros días, esta doble moral se refleja en el taxista que atropella a todo el mundo a bordo de una unidad envuelta en la enseña nacional.

Tercero, la ironía es el mejor ácido para disolver la solemnidad del régimen y René Avilés la ejerce con maestría y gozo inimitables. Los personajes que sostienen el sistema son marionetas fofas. Quienes dirigen el aparato de Estado se asimilan a crueles orangutanes; un mínimo triunfo deportivo en los juegos olímpicos se convierte en un hecho histórico que se celebra con días feriados. El discurso de ese Parnaso de plástico es satirizado por el autor remedando los estereotipados tics de la presidencia: "el movimiento estudiantil pasó a la historia como una página negra"; "se rechazará a los emisarios del pasado"; "honradez acrisolada para luchar por el progreso y el bienestar del país". Borges utilizó un procedimiento similar en El Aleph cuando imita el lenguaje de un poeta pueblerino cargado de barroquismo, al que llama Carlos Argentino Daneri. El humor es utilizado por la gente común como un refugio frente a la impunidad del Poder. Así, los apodos que se basan en la similitud con un nombre y que reflejan una cualidad o una debilidad de un sujeto constituyen una vieja tradición popular mexicana que el novelista retoma al bautizar un informador de aquella época (¿o eterno?) con el nombre de Babadowsky.

Cuentan que Platón encontró a Diógenes el perro mientras éste lavaba una lechuga. En tono burlón le susurró: "Si estuvieras en la corte de Dionisos no necesitarías lavar lechugas", a lo que respondió el gran cínico "y si tú lavaras tu lechuga no necesitarías estar seduciendo a Dionisos." El servilismo, la obsecuencia, la sumisión son el precio que se paga para formar parte de un sistema político que no se ha marchado. En correspondencia a sus obedientes súbditos, el Caudillo otorga prebendas que generan una perfecta red de complicidades en la que impera la mafiosa omertà, esa ley que condena al silencio so pena de perder la vida. "Quien está fuera del presupuesto, está en el error", reza una presunta sabiduría popular. Y del presupuesto han abusado los delincuentes que hicieron las leyes para autoprotegerse. Entre la educción del poderoso y la ironía sobre sus actos, René Avilés Fabila optó por el camino de la subversión de la palabra, que siempre desencadena otras subversiones que rompen el silencio cómplice y desnudan la simulación humillante.


* Publicado en la Revista Universo de El Búho. Número 36 Noviembre 2002.

 

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René Avilés  - Web Oficial