Mucho más que una masacre:
El gran solitario de Palacio de René Avilés Fabila.

Compañía General Fabril Editora
Mario Eduardo Zottola

Estaban allí; con sus rostros, sus gestos, sus colores. Estaban juntos. Tras una idea un anhelo. Eran 15.000 jóvenes. Alrededor de la plaza de Las Tres Culturas, vehículos y tropas del ejército. De golpe, lo que nadie podía imaginar: disparos, ráfagas de ametralladoras. Porque sí; al montón. “Dispararon contra todos ellos, que ingenuamente se cubrían de las balas con los brazos”. Se habían reunido para celebrar la devolución de la Universidad a sus autoridades, luego de doce días de ocupación militar.

Así recordó Oriana Falaci ante una colega argentina la masacre del 2 de octubre de 1968 en México. La conocida periodista italiana había sido herida por tres balazos.“Sí, claro que tenía miedo. Un miedo espantoso porque fue horrible, fue una asquerosa trampa... Éramos como un escorpión rodeado por el fuego. Los muchachos a mi alrededor morían. Sí, tenía miedo... Y luego, ¡tac, tac, tac! ¡La pierna y la espalda!... Un soldado mexicano me robó el reloj... ¡Qué tonta fui! Dolorida como estaba, pensé que me lo quitaba para que no me molestara la muñeca, y todavía le dije “Muchas gracias”. ¿Hai capito? ¡Pero qué son unas heridas y un reloj frente a quinientos muertos.

Así recordó Oriana Falaci ante una colega argentina la masacre del 2 de octubre de 1968 en México. La conocida periodista italiana había sido herida por tres balazos.

René Avilés Fabila es un mexicano de 31 años. Su obra El gran solitario de Palacio toma como punto de partida esta matanza estudiantil para transformar el libro en un horror que crece a cada página; el horror —necesario— de una realidad tan cruel como innegable: la de los pueblos latinoamericanos oprimidos por dictaduras cívico-militares. El modelo es México, y su revolución burguesa, pero se puede aplicar a cualquier país. Con una salvedad que el autor señala en uno de los tantos pasajes esclarecedores: “Revolución: palabra que se repetirá a lo largo de la obra y que carece totalmente de sentido y significación.” Sin duda; como ocurre en tantos países todos los días.
Enceguecidos defensores del “sistema” y de “nuestro estilo de vida”, esos gobiernos buscan que la situación siempre esté “perfectamente controlada”. Así, encuentran mil argumentos para arribar a una de las moralejas que expone el autor: “la represión es patriótica”. Con esta premisa, la novela avanza por la insoportable serie de hechos cotidianos que aparecen en los diarios. (O no.) Estamos, pues, frente a una obra testimonial, Avilés Fabila es testigo-actor-cronista y logra una de las pruebas más valiosas de la lucha silenciosa y caliente que ha comenzado a librarse en América Latina: la lucha del hombre por su liberación.

El libro está escrito al correr de la máquina, en medio de la efervescencia de los hechos. Este es uno de sus valores que se traduce en la fuerza arrolladora de una prosa dinámica y directa. Avilés Fabila rompe la absurda antinomia ficción-realidad; ambas se amalgaman en un todo indivisible: no se sabe dónde empieza una y dónde termina la otra. Corta de cuajo, también, la insostenible toma de distancia que se le pedía al autor y se mete bajo la piel de sus bellos o inhumanos seres. Y comenta, y toma partido.

Dentro de la obra se desarrollan historias concéntricas. La de “El Cachuchas” es una de las más desgarradoras que haya escrito la narrativa latinoamericana actual; tan desgarradora como la bayoneta que se hundió lentamente en el vientre de este mexicano de 20 años, dejándolo desangrarse detrás de la puerta de la Escuela Politécnica, más que un baluarte, una tumba para decenas de estudiantes.

Si una crítica bibliográfica consiste en tender los puentes entre el lector y la obra para que ambos puedan compenetrarse, hoy rompemos esos puentes para decirle: lea este libro; léalo. Será una de las formas con las que podrá comenzar a esclarecerse para responder a ese interrogante que quizá se planteó alguna mañana frente al espejo: pero, ¿qué pasa?

* Aparecido en el periódico Clarín, Buenos Aires. 11 de septiembre de 1971

 

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René Avilés  - Web Oficial