| Réquiem por el Monumento a la Revolución Tanto Andrés Manuel López Obrador como Marcelo Ebrard han dispuesto de la ciudad como si fuera suya (al parecer lo es). El Paseo de la Reforma ha perdido aceleradamente su belleza señorial, varios edificios han sido dañados, los segundos pisos en muy poco han contribuido a mejorar la vialidad urbana y para colmo, las necesidades publicitarias-electorales del PRD han transformado el Zócalo en un inmenso circo en detrimento de su calidad cívica y dignidad política. Un día es pista de hielo, otro escenario para personas desnudas que serán fotografiadas. Es cierto, los mexicanos no hemos sabido preservar nuestra herencia arquitectónica, pero en los últimos diez años, han convertido al DF en un lugar poco habitable.
Si el doctor Silvio Zavala era un decidido defensor de Reforma y en especial del Ángel de la Independencia, ya perdió: no es más el altar de la patria sino el símbolo de los escasos triunfos de la selección mexicana. Con el pretexto del Bicentenario y Centenario, donde cada quien aporta la idiotez que se le ocurre, le toca el turno al Monumento a la Revolución,
obra magna del arquitecto Carlos Obregón Santacilia.
Carlos Flores Marini, amigo de esta revista, ha hecho circular, vía Internet, un documento de suma importancia relacionado a los arbitrarios cambios que Marcelo Ebrard pretende darle a dicho monumento. Carlos es un experto en la materia y un hombre que se ha dedicado a proteger nuestra herencia arquitectónica. Es, por añadidura, Presidente de la Comisión de Cultura de la Federación de Colegios de Arquitectos de la República Mexicana. La reproducimos por considerarla de importancia extrema.
¿De quién es el Monumento a la revolución? ....
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