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LA
CULTURA GUBERNAMENTAL EN EXTINCIÓN
Por años México fue dueño de una luminosa
tradición: la del Estado promotr de arte y cultura. Hoy eso se extingue ante
nuestros ojos. Dos hombres más o menos mesiánicos y visiblemente iletrados,
Fox y López Obrador, detentan un poder que afecta a millones de capitalinos:
en sus manos se pierde esa tradición.
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López Obrador estimula a los
asambleístas a no suscribir un alto presupuesto para actividades culturales
y de este modo la recién creada Secretaría de Cultura de la Ciudad de México
nace mutilada. Sin recursos para hacer un trabajo significativo, tendrá que
aprender a sobrevivir con cifras ridículas que sirven para el gasto
ordinario. ¿Para qué crear una secretaría y poner allí a un distinguido
intelectual, si no existe voluntad política para apoyarlo?
Estos son secretos de la
política obtusa y mediocre que ahora impera en el país. Hay un desprecio por
las manifestaciones culturales que sorprende, salvo aquéllas de cultura
popular que hacen suponer la atracción de muchos votantes de escasos
recursos. En contraste, la danza, el teatro, la buena música, carecen de
apoyo real, particularmente en los ámbitos experimentales, novedosos. Este
criterio es de reciente cuño y se debe a la plebeyización de la política.
Hombres y mujeres de todos los signos han hecho toda una profesión de la
ignorancia y la incultura. Por donde quiera aparece tal desdén y entonces se
recurre a las peores manifestaciones del populismo cultural, ése que ha
puesto de moda el espectáculo televisivo. Poner a un grupo de música norteña
en el Zócalo es tarea de Televisa o TV Azteca (por medio de su repugnante
Academia). Lo curioso es que estos numeritos que hoy enorgullecen al PRD,
fueron inventados por su primo hermano, el PRI, para satisfacer las
necesidades rudimentarias de diversión de los capitalinos. Nadie está contra
una "tocada" de rock en español ni contra la presencia de grupos comerciales
del peor estilo, tienen su función y un gran éxito, pero eso no ayuda al
desarrollo educativo del pueblo, ni mucho menos lo aleja del poderío
televisivo. A lo sumo, eso imaginan las autoridades capitalinas, atrae
votos.
Si se quiere en efecto mejorar
la educación de la capital, no será llevando elefantes y leones al Zócalo,
sino apoyando a los grupos culturales del país, haciendo una silenciosa
revolución cultural, poniendo al alcance de todos los libros de calidad. De
lo contrario, seguiremos dentro de la lógica romana de pan y circo, aunque
nos quede siempre una pregunta ¿dónde está el pan?
El Búho
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