Vivimos una época posutópica, aunque algunos prefieren llamarla posmoderna, en la cual quizá la postura más congruente sea el escepticismo. Muchos de los grandes errores humanos, visto desde la perspectiva actual, parecen haberse cometido por creer en algo ciegamente, sin utilizar el recurso fundamental de la duda.
Una de esas grandes utopías ahora casi desmantelada es la del comunismo. Aunque probablemente sea más propio decir que la idea de un Estado comunista basado en la dictadura del proletariado, donde las clases sociales ya no existen, es la que ha sido derrotada, sin embargo, tal parece que cualquier tipo de acercamiento al socialismo inspira ahora desconfianza. Ya sólo Fidel Castro es capaz de expresar sin sentimiento de culpa su creencia en un sistema socialista, pues incluso la URSS y China muestran señales de arrepentimiento respecto a su pasado reciente.
Más allá de situaciones extremas, es necesario volver la vista atrás y observar de una manera fría cuál fue la realidad de esa utopía. El libro Memorias de un comunista de René Avilés Fabila, está escrito desde esa perspectiva, pero además tiene un ingrediente que le permite dejar atrás todo tipo de atavismos: el buen humor. Es decir, Avilés Fabila muestra que en el fondo las solemnes y trascendentales actividades de las células comunistas clandestinas en México, por ejemplo, pueden llegar a ser causa de risa, sobre todo porque no eran conscientes de sus verdaderos alcances, que en realidad eran mínimos.
Definitivamente Memorias de un comunista no es un libro de arrepentimiento. Lo que encontramos en él es una despojada y espontánea relación de una tendencia ideológica de nuestro país, narrada por alguien que perteneció a ella desde 1960 hasta principios de los años ochenta. Así, por medio de la experiencia de Avilés Fabila, somos testigos de las actividades internas del Partido Comunista Mexicano, pero sobre todo, somos testigos de sus errores.
Muchos de los personajes que actualmente están muy cerca de la clase gobernante son citados por Avilés Fabila como antiguos miembros del PCM que se habían caracterizado por su, ahora lo sabemos, aparente radicalidad. También se cita a otros, a los que nunca han renegado de sus ideas y han mantenido una congruencia con su vida. Pero no es, desde el punto de vista de Avilés Fabila, la falta de correspondencia entre la teoría de Marx.
El comunismo en México, materializado en diversos grupos, tuvo más tiempo de consumirse a sí mismo, mediante las pugnas internas, que de forjar una verdadera opción para el país. Las ansias de poder fueron los verdaderos agentes infiltrados en las filas del PCM y no los inexistentes agentes de la CIA. Avilés Fabila narra ese gradual proceso de descomposición, pero agrega el ingrediente del buen humor y con ello permite al lector, ajeno a tales disputas políticas, apreciar más claramente una parte de la vida de nuestro país.
Aunque este “manuscrito encontrado en un basurero de Perisur” puede causar malestar entre los más solemnes de los comunistas actuales, no es a ellos precisamente a quien está dirigido, sino a un público más amplio, el cual quizá modificará su idea acerca de lo que fueron y son los comunistas de México.
René Avilés Fabila, Memorias de un comunista. Manuscrito encontrado en un basurero de Perisur, Gernika, México, 1991.
* Publicado Jueves de Excélsior. 15 de agosto de 1991. Año 69 Número 3,604.