EL GRAN SOLITARIO DE PALACIO FUE UNA EXPRESIÓN presidencialista, destinada a solicitar comprensión para el huésped principal de la sede del Ejecutivo. Era una adulación que reclamaba admiración para el hombre que, luchando contra todas las adversidades, incluida su necesaria lejanía de cuantos podrían rodearlo afectuosa o intelectualmente, imponía la reciedumbre de su espíritu y adoptaba decisiones cruciales para la nación sin auxilio ni apoyo. El escritor René Avilés adoptó aquella expresión para titular una novela, obviamente en sentido irónico, pues en la realidad del sistema político mexicano un presidente de la República puede padecer todo, menos soledad. A pesar de que constitucionalmente su poder es personal, lo acompaña un gabinete a cuyos miembros designa y, remueve libremente. Y ha solido rodearlo un abundoso ejército de asesores y consejeros, oficiales y oficiosos, prestos siempre, a ofrecer opiniones solicitadas o no sobre todo género de asuntos; Y en cuanto a los deleites de la vida, llenaríamos páginas enteras con el relato de los privilegios materiales y de otro género aportados por la untuosa y ubicua presencia de sus validos cercanos.
*Publicado en el periódico Reforma.