El pasado miércoles 8 de noviembre se presentó el primer volumen de lo que serán las Obras completas de René Avilés Fabila. Ha iniciado esta labor, que será continuada por la UAM, el Fondo de Cultura Económica. El año pasado, Avilés cumplió veinticinco años de haber publicado su primer libro. Ha sido René Avilés, artista de un estilo puro y clásico, un trabajador ejemplar. A diferencia de un sinnúmero de escritores mexicanos, nuestro autor sabe que un escritor es, en principio, un corredor de larga distancia; que es fatal apostarle a la obra maestra; que cuando se apuesta a la obra maestra se corre el riesgo de que le suceda al joven autor lo que a tantos escritores nuestros: su mejor libro -sea obra maestra o no- es el primero. Es decir, exactamente lo opuesto a lo que sucede entre los escritores europeos.
René Avilés Fabila, que ha gozado la vida tanto como la escritura, que es también, como Fuentes, alguien a quien el gusto por la conversación y la invención oral no matan el acto de la creación, de la poesía verbal, casos también raros, por cierto, es de esos que tienen un privilegio distinto y encomiable: su trabajo maestro es el conjunto de su obra. ¿No sucedió, acaso, lo mismo a Baroja y a Ibargüengoitia?
Y el primer volumen de estas novísimas Obras completas, se compone de los cuentos fantásticos de René. Y los cuentos fantásticos de René, como sus novelas, reúnen el elemento sorpresivo con la afirmación de la vida, la rabia contra la injusticia que va de consumo con la sociedad humana y una tristeza que aparece, de vez en cuando, en esos cuentos, aunque siempre en sus novelas, y donde reside el universo poético de este autor. Esa tristeza de sus melancólicos pero vitales personajes femeninos sólo puede hacérnosla vivir quien puede permanecer en ellos, alguien absolutamente menesteroso de la mujer que no conforme con la vivencia de la realidad, tiene luego de soñarla, transformarla, escribirla... Deslumbrado por Tantadel, por Odette, por las criaturas femeninas que pueblan Réquiem por un suicida, evoco ahora este texto:
“Los antiguos celebraban sus ritos con el fin de festejar el triunfo del bien sobre el mal; es decir, del día sobre la noche. Pero esto, que se llevaba a cabo en tantas y tan diferentes civilizaciones y que hoy sigue vigente merced a símbolos literarios y metáforas, es una exageración o una torpeza que el hombre comete con tal de verse rodeado de luz o, si se prefiere, de triunfos y vida. Ni el Paraíso es sólo luz ni el infierno es únicamente oscuridad.
“El día triunfa sobre la noche, en efecto; pero ésta, al ponerse el sol, domina las luces y las tinieblas aparecen. Todo es relativo: el éxito de la luz dura unas cuantas horas termina por someterse a la oscuridad. Y a la inversa. Así que aquellos antiguos festejos eran un pretexto para efectuar abundantes libaciones, comer opíparamente y danzar por largo rato.
“Sí, hay que festejar el día que nos permite ver las cosas con claridad y trabajar. Asimismo hay que honrar a la noche que le concede al cuerpo la oportunidad de recabar sus fuerzas para hacer otras cosas que resultan más divertidas.”
El escritor viene, pues, a recordar que, como acostumbra a decir un amigo de este cronista, afecto al anonimato y a la discreción, ni aun el mal es perfecto y que todo aquél que no encuentre en las tinieblas la esperanza, quizás se haya encontrado, pero se ha perdido como todo el que, en mala hora, encontró su vida pues está al filo de perderla. Lo dijo Jesús, lo actualizó Hegel, nos lo hace vivir René Avilés Fabila.
Saludo la aparición de Fantasías en carrusel, obra gozosa, con momentos de una honda, entrañable, tristeza, que nos invita a seguir el itinerario de un hombre que ha vivido, pero, también, de uno que ha sabido convivir.
* Publicado en Revista Siempre! “La Cultura en México”. No. 2215 P. 65 30/XI/95.