René Avilés Fabila  René Avilés Fabila

Sobre Los juegos*

J. S. Brushwood

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Estas tres novelas importantes de 1967 (Cambio de piel, Morirás lejos y El garabato) tienden a apartarse, en diversos grados, del público lector. Esta característica no es necesariamente mala, pero debe tratarse con cuidado. Indudablemente, su introversión artística ha sido la causa de algunas críticas adversas. Al mismo tiempo, estos libros han convertido a unos cuantos escritores mexicanos en miembros de una hermandad internacional de novelistas y críticos que meditan sobre el futuro de la novela como forma artística. En general, este internacionalismo es bueno para la novela, para el arte y para la humanidad. Sin embargo, tiende a crear un grupo de iniciados constituido por los escritores que más viajan y, probablemente, más teorizan acerca de la literatura. Este grupo de “iniciados” está influido por sucesivas “oleadas” de ideas, de técnicas y de enfoques críticos. Como otras oleadas culturales de nuestro tiempo, tienden a avanzar con rapidez cada vez mayor; y el grupo de iniciados lucha frenéticamente por no salir de la cresta de la ola. Los miembros tienden a volverse exclusivistas y los que no han sido iniciados propenden a volverse envidiosos o despreciativos. Sólo los escritores tranquilos, seguros de sí mismos, permanecen neutrales; el grupo de iniciados, por supuesto, cambia; pero es siempre un factor cultural, identificable siempre por su condición de estar “in”. Su papel fue lo suficientemente importante como para haber dado origen al mote de Mafia, a principios de la década de 1960. En 1967 era lo suficientemente importante como para producir dos novelas sobre el “juego” literario: La mafia, de Luis Guillermo Piazza, y Los juegos, de René Avilés Fabila.

Ambos libros son obra de narradores muy competentes, pero lo que tienen de verdaderamente importante es que dan testimonio de la conciencia de sí alcanzada por la literatura mexicana. Este estado cultural, de hecho, es el aspecto de México más importante revelado en su novela en este momento particular. Se propende a pasar por alto a novelas menos concientes de sí a causa de esta preocupación por el significado de la creación artística. Independientemente de la perspectiva en que se sitúe este problema, tiene que relacionarse con la definición de la identidad; de la identidad del otro yo y de la identidad de la realidad. La función creativa del hombre, por supuesto, afecta a ambas; y esta misma función creativa tiene que identificarse con el cambio. Un desarrollo posible de esta última consideración es un factor exterior: el cambio es el factor dinámico del mundo en que vivimos. El problema, sin embargo, no es necesariamente cómo crear el cambio, sino más bien cómo reaccionar creativamente al cambio que se produce inevitablemente.

* Fragmento del libro México en su novela, de John Brushwood. Breviarios del Fondo de Cultura Económica. Pp. 108-110. México, D.F. 1973.