René Avilés Fabila  René Avilés Fabila

Un Libro con Mucha Guasa - Los Juegos, de René Avilés F.*

Rafael Solana

De un verdadero, fresco, brillante y feroz talento da muestra amplísima el joven René Avilés Fabila con su novela Los Juegos, que aparece sin pie de imprenta porque no hubo quien se atreviera a ponérselo; parece que el libro había sido encargado por don Rafael Jiménez Siles, que se asustó de él cuando lo tuvo entre las manos; así, se retrasó en aparecer, y ahora resulta una “antimafia”, cuando en realidad habría debido ser una “premaffia”; el parecido en asunto, ambiente, personajes, con el leído libro de Piazza saltará a la vista de cualquiera; sin embargo, juzgamos que van a ser mu¬chos los lectores que prefieren el libro de Avilés al de su colega argentino.

No se podría decir exactamente, si es novela o estudio social Los Juegos; no contiene un relato, sino solamente muchos flashes de personajes conocidísimos, que no alcanzan a escon¬derse detrás de nombres supuesto; cualquiera podría identificar a Ruperto Berriozábal y a Culeid, los más citados e importantes; pero también a Riveroll, a Ornelas, a Boyd Ramírez; que están retratados con crueldad, pero también con maestría; el retratista sin embargo, se dejó a veces arrebatar de la pasión, y al¬gunos cuadros le han salido muy recargados; el de Rosicler, por ejemplo, es violentísimo, hasta el grado de más ien hacer simpática a la víctima, con el cúmulo de exageración y de fantasía que el autor puso en pintarlo; otro retrato que da horror es el de Regueiro, en el que llega el novelista, a un sadismo increíble.

Aunque tiene este libro sus páginas serias, y hasta tétricas (presos políticos, granaderos, la muerte de Jaramillo) lo que domina en él es la guasa; está escrito, en su mayor parte, con un desenfado humorístico que deleitará al lector; el lenguaje es agilísimo; muy exacto, muy vigoroso, muy a la moda; la reconstrucción de algunas escenas de dolce vita está llena de verismo y de colorido.

Burla burlando el escritor, que nos habría parecido demasiado joven para ello, llama a capítulo a toda una generación, literaria y pictórica, y también política; examina, con sonriente severidad, no solamente a nuestras letras, sino a nuestras instituciones. Y pasma por la seguridad y la puntería de muchos de sus juicios.

Ha dibujado la portada con tal exactitud que cualquiera se equivoca, Augusto Ramírez, José Agustín y Manuel Mejía Valera descuidaron la edición hasta dejar pasar más de una docena de erratas. Creemos que está este libro llamado a obtener una gran resonancia y un claro éxito de venta, como ocurre con los libros en clave, en que es fácil encontrar informaciones chismográficas y versiones malévolas acerca de personas muy conocidas. Y las que no estén deliberadamente aludidas, vendrán a la imaginación de los lectores, que así se vuelven colaboradores, con el menor pretexto. Todos los que ya leyeron La Maffia van a encontrar muy picante la lectura de Los juegos; y los que no la han leído, también.

Otra de las considerables ventajas de este libro es que, si bien divertirá mucho a muchos, con su alegría y su buen humor, en cambio no molestará a nadie, pues hasta las personas más crudamente ridiculizadas en él van a agradecerlo, ya que contribuirá a darles una dosis más de la publicidad y la popularidad que tanto ansían.

* Publicado en el periódico EL UNIVERSAL. México, D.F., Domingo 31 de diciembre de 1967.