René Avilés Fabila  René Avilés Fabila

Cien años de soledad y Los juegos*

Waldo Fabián

Una vez que he leído los volúmenes arriba citados, he determinado no dar la espalda al Ejército Popular Revolucionario, al Ejército Zapatista de Liberación Nacional y al Ejército Mexicano, pues como si hubiese consumido una especie de "LSD anarquista", las venas me exigen oponerme al régimen dictatorial o fascista imperante en el centro o toda la República Mexicana. Tal estado del alma implica decirle adiós a cualquier idea represiva, ser uno con la esencia novelística de los años sesenta, ser Ruperto Berriozábal, el protagónico de Los juegos de René Avilés Fabila, quien denuncia "la muerte de la familia de Rubén Jaramillo por militares"; ser Úrsula Iguarán, quien al casarse con su primo quebranta olas parentales decimonónicas en Cien años de soledad de Gabriel García Márquez. Hacia 1967 el joven mexicano Avilés Fabila nace como escritor con Los juegos, en tanto que Cien años de soledad consagra al maduro colombiano García Márquez: ambos literatos vieron que su primera edición se agotó rápidamente por una sencilla razón, ya sea en una fiesta en la Ciudad de México donde "se sirve whisky en un florero" o en una "aldea de veinte casas de cañabrava": ¡estamos ante universos novelísticos sostenidos por los vanguardistas conceptos de "familia, vocabulario y espejo"! Enseguida descifraremos significados al volcar la imaginación, aunque aparezca sin querer un presidente con cola de cerdo.

I. En la "familia avilesiana" de Los juegos Ruperto critica rabiosamente la administración presidencial mexicana del priísta Gustavo Díaz Ordaz, le ayudan básicamente el pintor Culeid, la columnista Julieta O´Jaldra, el poeta Rolando Bespis, el filósofo de primera línea Ortiz Leal, el borracho Cafarel, el ensayista Rex Cótex, las hermanas Corrillo, y las y los camaradas: Anita, Rosita, Bergano y Culano. Entre exposiciones, visitas o disertaciones la principal cualidad de tales seres es que interactúan libertariamente: ¡déjennos usar falda corta!, no todo en la vida es Octavio Paz, ¡más becas literarias!, dialoguen, ¡no asesinen!... al hacerlo juegan a Batman y Robin, a entregar el premio cinematográfico "El Puñal de Guanajuato" a la mejor actuación masculina, a inventar el juego de los Párrafos Literarios en el que sólo tenían acceso personas con sólida preparación literaria. "Nos colocábamos en círculo, cada quien con su jaibol; uno soltaba un párrafo de alguna obra importante y los demás iban aportando datos hasta tener la ficha bibliográfica completa". La familia en Los juegos es entendida no como razón sanguínea, sino como hermanas y hermanos de cama con los cuales es posible soñar, estamos ante una familia extensa e ilimitada en la que para moverse es necesario considerar la otredad.

II. Por su extremo cuidado al hablar René es un "señor diccionario" a quien no le habría sido nada difícil escribir Los juegos sin usar expresiones como "nos va a cargar la chingada", "la Gran Verga que los colocará en el puesto mejor remunerado" o "bla bla bla bla bla bla bla bla bla". Más allá de rememorar la formación ortodoxa de René en el Antiguo Colegio de San Ildefonso o junto a Rulfo y Arreola en el Centro Mexicano de Escritores, baste decir que estamos con un autor que desea simplemente mostrar palabras, reconocer un "vocabulario" más que reconocerse; esto lo podemos ver claramente en el hecho de que en Los juegos no hay discriminación de comunidades lingüísticas, lo mismo encontramos citado a Günter Grass, D. H Lawrence, Andy Wharhol, Mozart, Paco Malgesto, Schubert, Alejo Carpentier, Julio Cortázar, Mario Vargas Llosa, Hugo Argüelles, José Luis Martínez, Jaime Torres Bodet o Agustín Yánez... que a la serie televisiva "La criada malcriada", el cómic "Superman", la estación de radio "El Barrilito", el "Jabón del perro consentido" o exóticas bebidas mexicanas como el pulque. En Los juegos tenemos paisajes pintorescos no limitados a colores blancos y negros; a saber, la rifa del vaso donde ha bebido Günter Grass. "Fue sin fines de lucro, a beneficio del Instituto Nacional de Protección a la Infancia (órgano oficial que alimenta niñitos paupérrimos que no lo sean tanto como para pagar lo que vale el desayunito al mayoreo). El boletaje se agotó, todos deseaban poseer el vaso con restos de licor barato que usó Grass. Y, como en las cantinas, ¡el número nueve, el número siete, el número cinco y sólo quedó el dos! ¡El dos gana el vaso donde bebió el maestro de maestros de la literatura alemana! Aplausos. Vivas. Fue ganado por Cafarel; seguro lo venderá. Aplausos. Los meseros comenzaron a repartir el ambigú selectísimo que le habían reservado al germano y que para su fortuna no pudo probar: tacos de champiñones, enchiladas holandesas al carbón, sopes de nido de golondrina en chile verde, chicharrón a la orange y nenepil en salsa tártara rebosado en machitos. ¿Y de beber? Pulque. Porque es nutritivo, es sabroso y es mexicano".

III. Hoy en día Los juegos es un libro importante porque es un "espejo" del tiempo presente en México: un reflejo constante que viene de las represiones corporales e intelectuales sucedidas hace 40 años. Me permito citar el fragmento de una obra de teatro incluida en Los juegos, a la cual, si le cambiamos los nombres de los personajes, da la impresión que estamos en una reunión publicada ayer en "x" diario. Así sería en la versión actual:

ACTO ÚNICO.

Comparsa ocho (triste): Pobre René Bejarano, desde su expulsión del Partido de Seudoizquierda, desde que dejó de ser el segundo de a bordo del maestro Andrés Manuel López Obrador, ha querido infructuosamente formar un nuevo partido o de perdida una organización chica.

Comparsa tres: Su capacidad para formarla no ha sido suficientemente sólida. Qué cosas, en un país en donde la izquierda es facilísima de dividir, Bejarano no pudo hacer su fragmento.

Comparsa ocho: Está angustiado, ni el alcohol lo hace olvidar su situación.

Comparsa tres: ¿Ahora qué?

Comparsa ocho: Sigue bebiendo con sus leales. Pero no se rinde. Mantiene una gran dignidad. Y espera formar algún día un grupo fuerte para volver a la política. (Se abre una puerta y se escucha la voz firme y serena del maestro de maestros Andrés Manuel López Obrador. Luego apenas asoma la cabeza).

Andrés Manuel López Obrador: Pasen, muchachos pasen, todavía tengo algunas diputaciones de partido.
¿Qué quieren?

A partir del sello Nueva Imagen la novela Los juegos ha sido presentada recientemente en el Palacio de Bellas Artes y en la Rectoría de la Universidad Autónoma Metropolitana, dicha edición dispone de 271 páginas distribuidas en alrededor de cien apartados: es ir para atrás, leer una contraportada que José Agustín elaboró cuando tenía 23 años; es también adelantarse, descubrir una inédita "Advertencia al lector" en la cual, René describe cómo Joaquín Díez-Canedo le sugirió quemar Los juegos para evitarse problemas o cuando Rafael Giménez Siles le prometió publicar Los juegos y luego se retractó. No existe aquí la intención de "limitar lectores", pero si hubiera la posibilidad de sugerir un público óptimo, diríamos que Los juegos es una novela que va dirigida, más que a escritores, a grupos armados que tienen mucho qué contar y que al no lograr verbalizar a tiempo sus emociones: ¡han estallado!, las bombas en las instalaciones de Petróleos Mexicanos, atribuidas por las fuerzas públicas panistas al Ejército Popular Revolucionario, son ejemplares. Una lectura actual de Los juegos coloca a René como ideólogo militar de avanzada, pues en vez de disparar escribe y de paso ahonda en delicadas temáticas: ¿jalar o no jalar el gatillo?, ¿hay arrepentimientos?, ¿ver o no ver la película El violín? Si fuera Secretario de la Defensa Nacional le obsequiaría en diciembre a "toda la milicia" un ejemplar de Los juegos. El punto es, y he aquí la tesis de nuestra modesta reseña: ¿la ausencia de "una familia extensa, un vocabulario y un espejo" en los tres principales ejércitos que habitan México es un síntoma de que vivimos un régimen dictatorial o fascista?, quizá... para los que pensaban que ahora sigue la interpretación de Cien años de soledad, ¡lo siento mucho!, éste es mi juego... envío besos a Vianey… ¿y tú en qué partido militas?

* Publicado en la revista Universo de El Búho. Número 89 Septiembre 2007.