René Avilés Fabila  René Avilés Fabila

En busca del Reino vencido*

Roberto Bañuelas

René Avilés Fabila, biógrafo real a través de las edades de Emilio Medina Mendoza, con estratos de vivencias en una soledad compartida del oficio duro de vivir, da forma y cauce a la estructura de una novela piramidal de recuerdos tatuados y visiones premonitorias que, ante un compromiso tácito de decir la verdad personal y literaria, amorosa y creativa, cada lector transita entre el asombro de reconocer una ciudad que se degradó mientras nos quedábamos casi ciegos al pretender la lectura total de otro paraíso perdido. Una ínsula de clasemedieros, insatisfechos de esta vida y temerosos de la otra, forman un heterogéneo conglomerado que da respetabilidad a Ciudad Jardín, también poblada y recorrida por rebeldes con la causa del desengaño antes de ser atrapados por los sueños de un futuro en que, junto con el Reino, todos serán vencidos. contra los invasores de otros barrios, encuentra su compensación en el flujo de la bebida y en el movimiento del follaje a la sombra de los prejuicios en flor.

En oposición a las multitudes que buscan la celebración de la alegría entre desconocidos que se multiplican, los solitarios redundantes buscan la soledad y sueñan despiertos en un edén que no esté sobre poblado. El amor se disfraza de promesa que llega pronto y llega tarde, cuando, junto con la vejez, ya no nos importa que nos digan que no. No hay paraíso que no sea invadido ni reino que no sea vencido: los hombres y el tiempo son pacientes y pertinaces destructores. Cuando el pasado era bueno, se debía a la esperanza de un futuro mejor para el cual teníamos las reservas de la edad consciente de dolores superables y de sueños por alcanzar aunque fuera en un cabaretucho donde los ritmos de un conjunto musical propiciaban la coincidencia corporal y eréctil de otra noche que se esfumaba .Todo tiempo vivido se trasmuta en una época lejana, y, en aquel pasado de señoritas solteras, atrapadas por un futuro sin redención, estimulados por la trepidación sensual de las rumberas del cine nacional, los amigos sostenían una frenética lucha de conquista contra el mal de la virginidad.

Paralelamente, mientras ellos sostenían una lucha por la autodeterminación y el amor, Hitler era ya un bestseller que ambicionaba como premio literario la conquista del mundo. Pelayo, analítico y previsor, consideraba que las navajas eran eficientes para mondar la fruta, pero para el exterminio de los enemigos montoneros que se daban a primera vista, lo mejor era un revólver con el cilindro bien aceitado. Pelvis Crazy, ante una multitud multiplicada por las pantallas de los cines, canta, baila, reproduce espasmos y los distribuye a la vista de los que sueñan en ser como él cuando sean grandes. ¡Pobres de los que no han nacido ni nacerán en esta sociedad matriarcal de la industria internacional del condón! ¡Ya no fumes, Jaime! La ley es la ley y ya sabemos quién la viola. Los mestizos triunfantes y los criollos redentores instituyen premios e inauguran centros culturales con nombres indígenas al mismo tiempo que desprecian, explotan y marginan a los integrantes de las etnias, que la Constitución considera igualmente mexicanos, pero con más obligaciones que derechos. No me dirá usted que su cuñado no es un buen ingeniero: hasta la fecha no se le ha caído ninguna transa. La paz se gana contra el hambre y la desigualdad. ¡Cuidado con la guerrilla! Recuerde que cualquier paraje es un cuartel y que siempre hay cadáveres de repuesto.

La Santa Inquisición evoluciona y aniquila o extermina con nuevos métodos a los que luchan por restaurar la libertad y la justicia. La ley tiene dos pesas y dos medidas, muy definidas entre el derecho civil y el penal, entre la alegría del rico y la locura del pobre. Los mártires de la resistencia mueren antes de la esperada revolución. Los poetas con empleo, para curarse de ocasos, otoños, paisajes lejanos y amores platónicos, intentan otra paráfrasis de la Suave Patria que, para ellos, con el relámpago puntual de las quincenas, sigue siéndolo.

Los amigos de Emilio, y él mismo, luchan con denuedo para disminuir el número de las once mil vírgenes, algunas recluidas en Ciudad Jardín. La lujuria tiene su fuente natural en algunas mujeres y el desierto en otras, aunque la mujer frígida siga siendo una calumnia de las malas lenguas. A los homosexuales, que se suman aunque no se multipliquen, se les debe reconocer el mérito de luchar en el exilio contra la explosión demográfica. En el extenso reino de la persecución Andrés fue delatado por los mismos campesinos que le habían dado de comer. El amor al prójimo cambia frente al temor o la recompensa. Cogito, ergo sum, es interpretado por los empresarios de Corruptia como: primero fornico y luego lo que quede de mí después de manejar tarjetas de plástico para adquirir el oro y la mora.

Cuauhtémoc resistió, pero su compañero de tormento reveló las tumbas del tesoro que dieron origen a la Banca, rota cada fin de sexenio. Satanás no es el Mephisto de la ópera, sino un mal estudiante con voz cavernosa y acento de barrio hundido que, desde 1968, encontró empleo en perseguir a sospechosos de pensar por su cuenta para subvertir el orden de la patria de un país cada vez más hipotecado.

Emilio, transitando entre fantasmas diurnos, amigos en tiempos de paz y mujeres en horas de amor, siente que camina como el solitario consciente de una genealogía hacia una interpretación de un mundo caótico. Cuando Emilio tenía relaciones emocionales con Laura, durante semanas de fiero desamparo, no supo de ella, ni con quién salía o entraba. Su retorno marcó la oda a la alegría y su adicción a las pastillas anticonceptivas.

La gran ciudad, en hipertrofia de necesidades, desborda su potencial fecundo en niños de la calle que ilustran el fracaso de la guerra contra la pobreza.

Los intérpretes de canciones de protesta se quedaron afónicos desde antes de la Globalización. Emilio se casa por segunda vez para establecer la causa y la consecuencia de otro divorcio. Igualmente cierto es que no se puede sustentar el empleo con la venta de billetes de lotería y la economía en sacarse algún premio, como le sucedió al padre de María de los Ángeles. Los fármacos contra la disfunción crean la preocupación de sentir o no sentir qué se para primero. Un día, con la ayuda de médicos titulados, mueren los abuelos, y los fantasmas, que alegraban la convivencia familiar, también se van. El capitalismo le ha hecho más justicia a Groucho Marx que a Karl. La ciudad, degradada y prostituida, ya no necesita quien la restaure sino quien la embalsame. Aquel vecino que hablaba de moral pública y privada, se había saltado la homosexualidad casándose con lesbianas. Ahora sus hijos, que ya pasaron la edad de ser conscriptos, se obstinan en adquirir un título universitario para recorrer mejor el camino hacia el polvo indiferente con una premonición suministrada por el Museo de Cera, donde todavía no están los que pasaron de presidentes criticados a delincuentes reconocidos. Por obra de la abnegación, las brujas se convierten en hadas protectoras.

Muchos de los que ostentan doble nombre, deberían usar como primero el de Caín. Mientras la soltería produce soledad interrumpida, los matrimonios provocan la amenaza de los adulterios. Cuando el borrachín sabatino gritó: “Como México no hay dos”, el desempleado con despido injustificado musitó: “Afortunadamente”.

Cura: Hombre que confunde a sus hijos con sus sobrinos. Ser el hombre invisible para acariciar mujeres y asaltar bancos. El sargento De la Rosa vivió más de cien años, esperando que le reconocieran sus méritos de campaña durante la intervención francesa y por haber cubierto la retirada de don Benito Juárez. Ahora los resentidos, marginados de las promesas de la Revolución, se suman a las marchas de protesta contra el triunfo del caos vial. El Hombre del Corbatón ha sido sustituido por técnicos violadores de la ley. El amor más apasionado se hace con una mujer que se va a divorciar. Jugar a policías y ladrones es una redundancia cotidiana. Los rivales de la lucha libre brindan por la alternancia del triunfo compartido.

“Las utopías nacen merced al resentimiento y el rencor”, dijo Emilio. La Independencia de México, que está por llegar, se celebra cada año. Los fantasmas regresan puntualmente la noche de cada viernes y pelean entre ellos para jugar billar, damas y dominó. La Revolución Cubana, que a tantos dividió, ahora es dogmática e intolerante.

En muchos casos, lo peor del exilio es que se termina. Peregrino de la ciudad y de varios países, donde visitó tumbas y monumentos, el escritor regresa a los ámbitos reconocibles de su soledad compartida con el cuerpo y las almas en pena de mujeres que pretenden ostentar la belleza de una juventud que ya no es. “Con la oscuridad, los recuerdos se hicieron menos claros. Bebió de nuevo, como lo hizo una y otra vez en su juventud, en ese sitio lleno de voces ingeniosas y bravuconas.” Un gigantesco espejo humeante invita a Emilio a penetrar al encuentro de un pasado hasta llegar al origen de su historia y de sus sueños.

Prosa fluida y precisa, sucesión de imágenes que son tan reales como los recuerdos de lo vivido en historias que forman los eslabones de una crónica mayor, coinciden en un estilo que, si lo es, sólo puede ser personal. Aquí, en el Reino vencido, el alter ego es un

Doppelgänger de goces, aventuras y penalidades entre el heroísmo y la verdad de la vida que no se deja sobornar. El retorno al pasado, cuando el D. F. era México-

Tenochtitlan, vivifica el regreso al futuro para un Reino reconquistado y la realización de la mejor novela de René Avilés Fabila.

* Publicado en la Revista Universo de El Búho. Núm. 77 agosto 2006.