A veces conviene ser localista, abandonar las lecturas universales y volver la vista a nuestros escritores. Todo el amor es un libro de cuentos urbanos del escritor mexicano René Avilés Fabila. Aunque algunos de los cuentos no tienen como escenario esta horrible ciudad, la presencia urbana es indiscutible en todos. El escritor sabe qué metrópoli le corresponde a cada personaje; así, no resulta gratuito que, por ejemplo, al tipo desquiciado y sádico le toquen ciudades estadunidenses.
Para arrancar la carcajada a sus lectores, René Avilés describe simplemente un grupo de personajes -patéticos casi todos- cuyo único defecto es parecerse demasiado a los hombres reales. Por esa razón los actores del libro resultan muy cercanos a la experiencia del lector metropolitano. En los cuentos están representados muchas clases de individuos que habitan en las urbes centralizadoras: el intelectual egoísta, el político del sistema, el diplomático pachanguero, la madre sobreprotectora, el escritor frustrado, el dispsómano -o pacheco- rockero, el estudiante perdido y, sobre todo, el eterno enamorado. Por las líneas de los cuentos también deambulan abstracciones menos fáciles de encontrar: mujeres bellas, inteligentes, acaudaladas y sencillas, tipos con una suerte inaudita, hombres que se transforman en ondas sonoras para viajar por el cableado telefónico, escritores que casi viven de su oficio, maridos paranoicos que confunden a sus “mujercitas” con hechiceras, hipopótamos de color rosa, fantasmas que vuelven de la nada para terminar un obra inconclusa, etcétera.
Ahora bien, si adoptamos el razonamiento de Perogrullo podemos concluir que el libro Todo el amor desarrolla como tema principal el amor, sus cuentos son de amor. Lo que tal vez Perogrullo no hubiese pensado es que el amor presente en el libro es un amor de escritor; es decir, un amor iluso, absurdo, frustrado, rabioso, metafísico, irracional, masoquista, histérico, apasionado, carnal; un amor que lucha por desprenderse su aureolita de platónico sin dejar de ser sublime y tremendamente real a la vez; un amor muy propio de nuestras junglas asfálticas.
El libro ejemplifica un padecimiento denominado “complejo borgiano”. Los escritores afectados por este mal tienen la manía de revisar constantemente sus trabajos -publicados o no- ya sea para aumentarlos, disminuirlos o cambiarles el sentido original. Todo el amor es resultado de una selección que el propio autor hizo con base en otros libros suyos y algunas publicaciones literarias en las que colaboró.
Todo el amor debe llevarse a lugares donde la histeria suele reinar. Como el metro, las antesalas, las colas y todos aquellos espacios críticos donde las “masas de espera” retienen con estoicismo su energía antes de que el “estallido”, descrito por Canetti en Masa y poder, les haga liberar toda la rabia que nuestro siniestro Valle de México le ha ido acumulando a cada habitante en su cuentita personal. Y qué mejor sedante que una canasta de cuentos de amor en la que se nos caricaturiza... con amor.
* Aparecido en Informe Bibliográfico. Número 42 Febrero de 1987.