René Avilés Fabila  René Avilés Fabila

Todo el amor*

Malke Tartakovski

Le perdí con el amor cuando la lluvia no mata a las flores, la fragilidad de los sucesos me hizo encontrar las aventuras de quienes adivinan los momentos; pensé en las anécdotas que se paseaban ante mis ojos de ciudad y albor que se oculta tras los edificios somnolientos que bostezan: así, entre calles solitarias e imaginaciones; la metamorfosis me condujo al deseo de aventuras, distancias y desconciertos.

Hice una cita con la ironía de un triángulo perfecto, arribé a un romance violento en el viento de las letras, vislumbré a la juventud con sus inquietudes, también la realidad de la pesada carga cuando la infelicidad lleva destellos de abstinencia.

Regresé a una infancia que compadece y coquetea por crecer en el abandono me acerqué a despedidas en secretos que entre capítulos describen rupturas y lejanías; luego, de un cuento en rosa, alcancé a los amantes que en la broma murieron con una historia dentro de otra acompañados por Wagner, junto a Tristán e Isolda.

De pronto, estrené un amor con ventajas y desventajas que me llevó hacia los hechizos de los sueños y las cicatrices.

Una canción de cuna me trasplantó las arrugas de un corazón joven que ocultó su rostro en el llanto, para asistir a una cita con la soledad de la prosa que terminó en la belleza eterna que cala hasta el dolor.

También en la tranquilidad de las aguas de un río, amanecí entre renglones de Adanes y Evas, con sorpresas que concluyen en el “a veces” de costumbre en las que se prefiere el silencio.

Seguí dando vuelta a las páginas, rocé palabras de andanzas, de noches y complicidades cuando la naturaleza nos vuelve imperfectos, ahí advertí que en el querer se descubren enfrentamientos y golpes que asesta la vida y que no se trate de suplirlos con audacia y tiempo; ése que tiñe a heroínas de grises y trágicas semanas.

Porque en Todo el Amor surgió el embrujo con nombres mágicos como los de Mirabel, Karol, Atala, Lady Madona, Emma, Alicia, Miriam; personajes que quizás, ante la impotencia y la entrega, prefieren la crueldad, la rabia o el miedo para hospedarse en narraciones que revelan sensibilidad. Así, me acariciaron las letras, me conquistaron inquietudes ante el destierro que dejan el apego eterno o la seducción que en las sorpresas provoca el placer de los recuerdos.

Y me detuve en donde se enjuician los sentimientos que de alguna u otra forma flotan entre las resacas de la vehemencia con inspiración y secreto de luces y sombras que expresan un lenguaje estético.

Todo el Amor de René Avilés Fabila, quedó como un estanque del cual refulgen los contrastes de las pasiones: ¿será porque su autor ama el amor como el horizonte que carece de límites para los grandes creadores?, o porque René es en la literatura como un jardín que muestra los diversos contrastes de la esencia.

Todo el amor: Avilés Fabila, René. Premia Editora México, La red de Jonás. 1986.

* Publicado en el periódico Excélsior. Sección cultural El búho. Domingo 1° de febrero de 1987.