Todo el amor es el más reciente texto publicado por René Avilés Fabila. El libro inaugura la Colección Araucaria de la Universidad Autónoma Metropolitana, fue editado en enero de este año y compila 29 textos -algunos ya publicados, otros inéditos- en una muy acertada edición, que empieza con una atractiva portada de José Luis Cuevas.
Nada más complejo que el amor. Miles de estudios de todas las disciplinas lo abordan en intentos de explicar facetas de la conducta humana. Todo el amor de Avilés Fabila no intenta explicar nada -he allí lo grandioso- simplemente describe distintas facetas, situaciones y matices en los que personajes de las más variadas latitudes (incluida la imaginaria) escenifican relatos en torno al amor y sus distintas manifestaciones explícitas, deseadas, imaginadas, vividas... Todo el amor (o casi) en cuanto a gamas y todo el amor antologado en cuanto a relatos que sobre el tema ha escrito Avilés.
El libro abarca un amplio espectro: se detiene con gran gozo en matices que van desde relaciones imaginarias (fantasía de una vivencia amorosa con la el anónimo acompañante de asiento en el trolebús) hasta relaciones reales: conflictivas, divertidas, probables, audaces, cursis, enfermizas... y hasta brujeriles.
A grandes rasgos, y sólo con objeto descriptivo, cabe decir que el autor abarca cinco tipos de categorías amorosas a través de los 29 relatos de distintas extensiones, que le dan al libro agilidad y provocan una lectura en la que uno “se pica”, se entretiene o se sorprende. Hay, pues, cuentos en donde priva el humor negro como “Lady Madonna” (un joven en busca de “la gran noche de sexo” termina en un motelucho de paso con una dama de edad avanzada, ataviada con un abrigo de piel que, casi deja salir de las páginas su olor a naftalina y “para colmo” (del joven) resulta que la ruca “se aprovecha” de él); la narración une grotesco, tristeza y carcajada. Al mismo estilo pertenecen: “Cita telefónica”: un hombre espera a una empleada, luego de haber sido seducido telefónicamente a través de su voz y, por supuesto, la imagen no corresponde a la emitida por las cuerdas vocales... después de todo, seducir implica de alguna manera morirse como cuerpo para tomarse ilusión; moraleja: no caer en ilusiones telefónicas. “Amor eterno”: la amante corta en delicados trozos el cuerpo de su compañero, luego de asesinarlo, a fin de estar “juntitos para siempre”. “La muerte del misántropo” y “Canción de cuna”, abarcan esa gama de sentimientos sádicos y fársicos que toman un contexto amoroso en su contrario, o que, a pesar de que tratan temas muy dolorosos hacen irrumpir la carcajada, porque ponen el dedo en la llaga de las heridas humanas y de algunos episodios similares que quizá el posible lector ha vivido, pero que nunca se atrevería a reconocer.
Otro aspecto que Avilés Fabila trata con maestría y, lo más importante, siempre con agilidad narrativa, es el de los impulsos, asunto evidentemente relacionado con el amor: sus disfrutes y frustraciones. En esta línea puede incluirse a relatos como “La lluvia no mata las flores”, cuento en el que priva un constante paralelismo entre el estado de ánimo del protagonista que afila su navaja, su desencanto al ver al objeto de su deseo en manos de otro que fue más audaz para el ligue y la constante lluvia que aplasta, acaricia, oprime, mas nunca es capaz de matar a las flores. “Los amantes” pone al descubierto el falso mundo diplomático y las relaciones impulsivas que se desprenden en una necesidad de violentar dicha falsedad... a través de la droga, a través del pacto suicida... “Casa del silencio”, también gira en torno a este extraño impulso de desear a la pareja del prójimo; el tema es manejado con fluidez, honestidad y los deseos casi salen de las páginas en una divertida, sensual y tensa atmósfera. “Triángulo perfecto” aborda el tema de relaciones amorosas compartidas que encuentran equivalentes, no muy alentadores para los protagonistas, en historias familiares.
De carácter más profundo son algunos relatos en donde la transubstanciación es el elemento más poderoso, textos como Karol y Atala, La otra dimensión de la dama del cuadro, Mirabel, Miriam y Emma hablan de ese mal de la muerte o de esa enfermedad del deseo que se deposita en un cuerpo y se aloja en otro. A pesar de que cada relato es diferente, son estos los cuentos que confirman la madurez de un escritor que sabe profundizar en obsesiones y deseos ocultos, a veces reprimidos, que no son ajenos a ningún ser humano y que tienen un desarrollo sea anecdótico o simplemente descriptivo en el que el lector encuentra amenidad pero también múltiples espejos, en ocasiones cóncavos, que le reflejan su realidad y le invitan a cuestionar la naturaleza humana.
Otra textura que aparece en esta magnífica antología es la de la unión de la soledad y la política y su injerencia en las relaciones humanas. “Tres tiempos de la política mexicana” es un relato impecable que pone al descubierto premisas que explican el comportamiento, a través de sus relaciones amorosas, de la clase que durante años ha estado en el poder de nuestro país. “Nuevo amor” cuestiona el repetitivo caso del joven pretendiente de la hija que, de alguna manera amenazada, termina con la madre... “Regreso a casa” no perdona el 68 y describe, como si la estuviéramos viendo, la soledad de una joven que pierde a su novio en la lucha estudiantil y, a partir de ese estigma, le es imposible reconstruir su vida y vencer el desasosiego.
Otra categoría de cuentos, algunos muy breves y, a la vez, muy bien logrados, toman el curso del humor rosa y de lo fantástico, a tal grado que la infidelidad se realiza a “la luz de la teoría de la relatividad” o el acto amoroso a través de un viaje realizado por la bocina telefónica.
Se trata de 29 relatos que abarcan si no todo, muchas de las características e infinitos matices del más complejo de los sentimientos.
* Publicado en el periódico Excélsior. Sección cultural El Búho. Domingo 7 de julio de 1991.