René Avilés Fabila  René Avilés Fabila

Amor y fantasía*

Hugo Argüelles

Allá por 1966 tuve el profundo gusto -que sigo disfrutando- de conocer al entonces muy joven René Avilés. De inmediato la agudeza y humor que acompañaban sus lucidos comentarios, la manera tajante y enfática con que los remataba, la calidez de su tono y su seguridad a toda prueba, me entusiasmaron. Estaba yo platicando no sólo con un joven singular, carismático, sino con un talento de veras brillante al tiempo que demoledor y lúdico; virtudes más que suficientes para procurar y gozar su amistad. Y desde entonces así ha sido y entre tanto he gozado, además, su ya muy triunfal trayectoria (y la múltiple capacidad de trabajo que lo caracteriza) con verdadero orgullo de amigo y de lector.

Y ahora leo -y releo, pues varios cuentos ya los conocía- ésta su magnífica recopilación total de esa necesidad siempre misteriosa que se llama amor. Y, por supuesto, aparecen en el libro las cuatro mecánicas que rigen siempre -dramatúrgicamente hablando- a ese singular fenómeno, en verdad, metafísico: el encuentro, el desencuentro, el reencuentro y la frustración. Aquí están vistos los cuatro con una mirada inquisitiva que los abarca al tiempo que los matiza con una sorprendente variedad de tonos (constante más que ejemplar, de la asombrosa capacidad de René para hacer variaciones infinitas sobre un tema).

Pero en cada uno de ellos, su agudeza, lo sorpresivo o contundente de la anécdota, lo colorido del diálogo, lo fresco del enfoque, la eficaz síntesis con la que logra dar de inmediato el carácter esencializado del personaje, a base de unos cuantos datos precisos, dotan a estos cuentos de un aliento de vida realmente admirable. Ahora bien, la mayoría son realistas. Ya sabemos que desde que era discípulo de Rulfo y de Arreola en el Centro Mexicano de Escritores, René fue mostrando a ambos su doble apetito: tanto el que llevaba a degustar capa por capa y nivel por nivel el estilo realista, como aquél otro en que su imaginación se le imponía para crear cuentos absolutamente fantásticos.

Recuerdo al respecto que en cierta ocasión, después de leerme uno de estos (y con ello provocar de inmediato mi entusiasmo) me dijo que Arreola no lo encontraba interesante ni logrado.

Sintiéndolo mucho, le dijo yo no estaba de acuerdo con esa opinión del admiradísimo maestro. René me hizo caso y no sólo publicó el cuento (que enseguida obtuvo gran aceptación) sino que además, me lo dedicó. Se llama “Milagros televisados”, y sigue siendo uno de sus mejores relatos de ficción (también uno de mis favoritos... ¡Treinta años después!)

Así que echo de menos más cuentos fantásticos amorosos en este libro y dado lo que también contiene el amor de fantasía (si no es que se trata de la principal del género humano) sugiero que en una próxima edición de Todo el amor, René incluya algunos cuentos de amor con seres fantásticos, dada la calidad literaria con la que también ha abordado lo metarreal, como en el caso de esas dos estupendas narraciones que son “La otra dimensión o la dama del cuadro” y “Míriam”.

Sugiero esto porque recuerdo un friso griego que vi, en 1962, en el museo de Pérgamo (entonces, Berlín Oriental).

En aquel bajorrelieve se escenificaba una especie de ronda amorosa, en una bacanal que, a medida que giraba en la danza que los unía a todos, iba mostrando el amor a las parejas Hétero, el de las parejas homosexuales, también el de algunas bisexuales que por ahí gozaban y, al final, como cerrando la ronda, estaban los amores con seres fabulosos, como la sirena, la ninfa, la musa, las driadas, la quimera, la hidra, la gorgona, los faunos, los centauros, las ménades, las erineas, etc., etc., es decir: estaba representado el amor en todas sus formas; esto es: TODO EL AMOR.

Y si René tiene también esa manera maravillosa de contar lo que no es real, pero que, gracias al tratamiento que le da, se vuelve otra realidad espléndida, pienso cuánto disfrutaría yo leyendo sus nuevas invenciones acerca de lo variado de esos otros amores; aunque recuerdo que, en tanto que los seres mitológicos, ya ha contado de algunos en diversas situaciones, mas no enamorados. Por lo demás, de Leonardo da Vinci en sus aforismos a Carel CAPEC, Yeats, Arthur Machen, Lovecraf y Borges en su Bestiario, esta posibilidad se ha tocado en la literatura de diversos modos. Para mí, falta el de René.

Es, por tanto, una sugerencia, dictada al mismo tiempo que por ese deseo de disfrutar los cuentos fantásticos que sé puedes escribir con el tema del amor, como por la sincera admiración que le tengo a tu versátil capacidad de espléndido narrador, dueño no sólo de un deslumbrante oficio, sino de un humor, una imaginación y un agudo y valiente sentido crítico, que han contribuido a que seas en este país nuestro no sólo un escritor sui géneris, sino de manera profunda, un creador único.

* Texto leído en la presentación de Todo el amor, en la Casa Lamm, junio de 1996. Y publicado en el Excélsior, Suplemento El Búho No. 562, junio 16, 1996, p.2.