René Avilés Fabila  René Avilés Fabila

Los animales prodigiosos de René Avilés Fabila*

Elsa Cano

Sobre las obras del pintor René Magritte, Suzi Gablik escribió “a aquellos que trataron de interpretar sus pinturas, él gustaba en responderles (como Mallarmé a aquellos que supuestamente había encontrado el significado de sus poemas); tú eres más afortunado que yo. Las pinturas de Magritte se intentaron como un ataque a las ideas preconcebidas de la sociedad y a su predeterminado buen gusto” (1). Algo semejante me gustaría decir acerca de Los animales prodigiosos de René Avilés Fabila. Han aparecido en este mismo espacio diferentes interpretaciones de este libro y todos ofrecemos nuestras muy personales apreciaciones; sólo Avilés Fabila sabe si nos acercamos o nos alejamos de sus verdaderos y auténticos propósitos. Para empezar el ejemplar mencionado es rico y variado, pues contiene zoófitos, zoomorfos y seres mitológicos por lo cual ya no puede ser comparado con otros volúmenes que tocan temas parecidos.

Con riguroso esmero, Rubén Bonifaz Nuño ha seleccionado las palabras precisas para incitar, casi con clima poético, a leer y conocer estos animales prodigiosos que concientizan al lector. Poco nos deja para expresar, un prólogo que va más allá de una presentación cariñosa o de una simple reseña; porque además cabe destacar que Bonifaz Nuño no accede a prologar libros con facilidad. Si la mitología en general, pudiera confundirse con un proceso atributivo que el hombre creó para explicarse los fenómenos naturales; los bestiarios, los manuales de zoología fantástica y los animales prodigiosos tendrían otra función: explicar la eterna inclinación del hombre para destruirse a sí mismo. Por ello esta riqueza narrativa no tiene límites ni barreras.

Bestiario de Julio Cortázar contiene narraciones apegadas al realismo mágico como “Carta a una señorita en París” donde el personaje central vomita conejitos y finalmente él y los conejitos mueren. El manual de zoología fantástica de Borges y el Bestiario de Arreola no están muy cercanos al volumen de Avilés Fabila a pesar de que en el primero se ofrece la creación de nuevos seres; y en el segundo visiones criticas profundas. Los animales prodigiosos son otra cosa; “Minotauromaquia” nos presenta que siempre el que se cree vencedor lo es por el poder, por la superioridad de fuerza; si las cosas cambiaran algún día, el vencido, el eterno sacrificado, rompería cánones y se convertiría en .vencedor. “La recompensa” es un sueño largamente acariciado que se hace corpóreo pero en una extraña y diferente conjunción, no la esperada. Esos seres dobles, anfibios, híbridos (centauro, sirena, minotauro) de naturaleza ambivalente, no siempre los imaginamos en las combinaciones harto manidas de las leyendas; aquí la sorpresa atrapa, las sirenas son distintas, casi provienen del cuadro., L´invention collective de Magritte. En “El extraño visitante” Avilés subraya que nunca podremos dejar los prejuicios de lado; siempre le daremos al afecto la fluidez de un prestamista. “Ponzoñini” es una esencia: tanto esfuerzo y vanidad para morir en nuestra propia trampa: enredado en la misma tela que el arácnido ha tejido. “Vandak” es un animal triunfador, nadie puede atraparlo y muerto, caído ya, no podrá ser contemplado puesto que se asimila a otro tipo de materia. “La esfinge de Tebas” que podría llevar como subtítulo (lo que va de ayer a hoy), es sumamente corto y, sin embargo, preñado de verdades. Los niños se divierten visitando a la esfinge los fines de semana porqué resuelven con facilidad los acertijos que ofrece este animal prodigioso. Pero aquí el auto revela cómo los niños de hoy, han perdido, en alguna medida, la capacidad de sorprenderse ante la narración legendaria; saturados de los efectos de la tecnología comercial, nuestros niños tienen poca o ninguna comunicación con la fantasía. “Las Gorgonas” apareció en la revista. Mester número 7 (junio 1965) sólo que ahora tiene variantes; en la primera versión el escultor (personaje central) no tenia nombre; en el presenté volumen se llama Peter Stone y está espléndidamente, enriquecido. “Mitología Publicitaria” también ya era conocida por nosotros. Apareció en el número 6 de la mencionada revista Mester (noviembre-diciembre 1965) pero no sólo aumentó en tamaño sino también en profundidad y sarcasmo, “Magritte presenta imágenes de misterio que están alejadas de la hipótesis de la ciencia, así como de las aproximaciones de la poesía; pero ellas se asemejan a aquellas que nos son presentadas a diario por la naturaleza" (2). Avilés Fabila nos da eso en su libro; insólitos que el comportamiento humano otorga en forma cotidiana.

1. Suzi Gablik. Mágritte. Thames and Hudson, London, 1970. p. 10.
2. Ibidem. p. 124.

* Publicado en el periódico Excélsior. Sección cultural El Búho. Domingo 8 de abril de 1990.