René Avilés Fabila  René Avilés Fabila

Los animales prodigiosos, de René Avilés Fabila*

Mada Carreño

Las sirenas no existen, luego han muerto.

A René no le gusta lo solemne, y todos nos regocijamos con ello. Porque escritores con un halo de ligereza, con un ángel o chispa que hacen del escribir y del leer un acto placentero, son pocos en nuestro suelo.

René se figura que inventa animales, siendo que siempre, hasta los más fantásticos, ya están ahí: Aves con un dije enjoyado sobre el pecho o con penachos de grandes diplomáticos a lo largo de la testa. Peces con caretas apeñuscadas de jueces, que aguardan a la víctima semiocultos en sus cuevas. Serpientes-dardos que vuelan, lagartos elegantísimos que danzan, insectos que rezan, crustáceos-monaguillos que se forman en largas procesiones, princesas escondidas bajo la piel de gacelas silvestres, gusanillos con un farol verde entre las antenas. Oh, qué no brincará, se arrastrará, volará. se enterrará en nuestro mundo, mostrándonos elegancia y sapiencia, ritmo y vislumbres religiosas.

Lo que sucede con René es que con certera intuición, percibe -reconstruye- lo que existe pero no vemos, desterrados como estamos en áridas ciudades y en áridos racionalismos. Porque todo bulle en torno, ¿no es así? Y lo que René nos regala es sólo una parte de la inmensa realidad oculta.

Si perdimos los ojos y la gracia del ver, la frescura renovada que debería ser el vivir, bueno es que haya de pronto alguien capaz de devolvernos el recuerdo. De restituirnos la magia. Si él ve sirenas con cuerpos invertidos, está aportando al mundo una nueva criatura. ¡Qué diferencia con aquellos que las niegan y las matan!

* Publicado en el periódico Excélsior. Sección cultural El Búho. Domingo 14 de abril de 1991.