
“Man mag Amphion sein und feld und wald bezwingen
Nur keinen Goethe nitch kann man zur heit brinden”.**
En la ausencia del divino Odiseo, su hijo Telémaco se dio a la tarea de probar la máxima escrita en el oráculo de Apolo: conócete a ti mismo. Con resultados catastróficos para sus nodrizas, las desdichas y martirios que sufren debido a las correrías nocturnas del infante son de más conocidas.
La rebelión de Telémaco ante sus groseras criadas por estar de viaje el padre, da comprensión más cabal de la incesante y fatídica vía por conocer cada una de las múltiples personalidades que el hombre de fines del siglo XX sufre en la infinita búsqueda de todas sus capacidades y posibilidades.
René Avilés Fabila, es el escritor que explota la veta de la rebelión, pudiendo considerarse por ello, como el último de los nihilistas. Sin embargo su desprecio por la realidad. Su rebelión alcanza magnitudes y tonalidades metafísicas, empeñado ahora en entablar batallas contra el absoluto, en pos de respetar la imaginación y la fantasía, productoras de las más desbordantes y agobiantes figuraciones monstruosas, criaturas que se forman bajo el velo de los efectos de la embriaguez y la ilusión del sueño.
El ahora nuevo libro: Los animales prodigiosos de René Avilés Fabila, editado por ediciones Armella en su colección Caballo Verde, con prólogo de Rubén Bonifaz Nuño ilustraciones de Myriam Cerda, aparece entonces en la tarea nada fácil del autor de inscribir su obra fantástica en los dominios de la experiencia y en la cuerda floja de la verosimilitud, empeñando para ello su pluma Montblanc en el recurso del humorismo (uno de los elementos de lo sublime),
En el prólogo del maestro Bonifaz Nuño destaca entre otras apreciaciones sobre este libro lo siguiente: Con la minuciosa crueldad, con el amplio desprecio que define la raíz de auténtico humorismo, René Avilés Fabila, prácticamente en cada una las páginas de este libro, va exponiendo, como de pasada, la naturaleza del animal que se considera a sí mismo dechado del mundo, que se siente poseedor legítimo de cuanto existe...
En efecto no se equivoca, al resaltar las dos características esenciales del humorismo: desprecio y crueldad, conceptos que para René Avilés son las gubias con las que modela sus animales prodigiosos.
Los bestiarios hoy en día son de rara manufactura, el autor de éste afirma que en México no se han destacado sus escritores por el cultivo de los mismos. Si bien existen el libro de Juan José Arreola llamado así Bestiario y en lengua española el del inmortal argentino Jorge Luis Borges; Manual de Zoología Fantástica. El primero no se puede considerar más que como un excelente ejemplo de literatura realista y cuyo mérito radica en la descripción poética de los animales ahí narrados. El segundo sí sería un antepasado directo del libro que ahora nos ocupa.
Los animales prodigiosos se suponen en un tiempo N de longitud N + 1 y en un espacio infinito. Los 26 relatos que contiene el libro dividido en tres partes, nos lleva a los recortes y límites de la realidad, en los cuales gracias a los filos del buen humor podemos corretear las figuras fantásticas, extracto y metamorfosis de lo real y componentes de la memoria, la cual se recupera y se le ironiza para poder encontrar sentido a nuestra existencia.
La mitología y la leyenda se apropian de la historia, la revocan y la contradicen, René Avilés se contempla en el zoológico de su pensamiento y se ve hablando de cada uno de sus monstruos a cada paso dado en el corredor de la memoria. Su gozo y contento al ver cada prodigio capturado le hace exaltarse en su prosa, burlándose de lo peculiar que es, y apreciando lo distinto que son de lo cotidiano y diariamente percibido.
El resultado de la inspirada y trabajadora trayectoria de uno de nuestros grandes escritores mexicanos, es en verdad notable, digna y prometedora de la madurez de su obra literaria. Diremos que el tiraje de mil ejemplares vaticina, muchos más tirajes por ser ejemplo claro y sencillo de cómo fundir la fantasía con el sentimiento de rebelión frente a un estado de cosas que niegan la posibilidad de creer reales a Los animales prodigiosos de René Avilés Fabila.
* Periódico Excélsior. Sección cultural El Búho. Domingo 11 de marzo de 1990.
**Frase expresada por uno de los camaradas de Goethe. Compilada por Emil Ludwing en su obra Goethe.
(“Más fácil sería, como Anfión, gobernar campos y bosques que reducir a un Goethe a la cordura”).