Cuando su generación buscaba el realismo, el lenguaje de la calle, la fidelidad en los hechos que envolvieron esos años intensos de la década de los sesenta, René Avilés Fabila insistía en las sirenas. Desde sus primeros relatos, halló la forma de ejercer la crítica y el análisis de su tiempo desde un ángulo poco usual, la fantasía que, a partir de entonces, ocupa un lugar preponderante en su literatura y es para él la parte medular de su producción narrativa.
La literatura fantástica ha poblado todas las colecciones de relatos de Avilés Fabila y también sus novelas. Aun al abordar el amor y los conflictos de pareja, como en Tantadel y La canción de Odette, el autor combina los elementos fantásticos, humorísticos y satíricos con los del romance, para obtener una gran sensualidad.
Ahora, Ediciones Armella acaba de publicar Los animales prodigiosos, con la fauna creada o recreada por Avilés Fabila en sus relatos fantásticos. Aquí aparecen las sirenas que tienen cabeza, de pez y piernas de mujer; el raro espécimen mitad gato, mitad cordero; el “grifo”, que tiene cuerpo de león, cabeza y alas de águila, espalda emplumada y garras; el cómico “mirmecoleón”, con la parte delantera de león y la trasera de hormiga, los dragones aburridos; “vandak”, invisible por rápido; los “nisnas”, contrarios a la simetría, que tienen sólo un miembro de cada uno; la hidra de Lema, con cabezas que vuelven a crecer en cuanto las cortan; la serpiente emplumada, conocida en estos lares como Quetzalcóatl, y por supuesto el minotauro, que mata toreros en la plaza.
Reminiscencias de mitología griega, hindú y prehispánica se entrelazan en este volumen de apenas 70 páginas. Los clásicos de clásicos, La divina comedia, La Eneida, La Iliada, La Odisea, El Ramayana y los códices mayas, se encuentran con Kafka, London, Swift y Borges.
Los escritores fantásticos y los lectores de literatura fantástica se parecen a los personajes de Avilés Fabila, porque son seres especiales, constituidos por una mezcla de elementos, en apariencia muy distantes pero ligados estrechamente, como la infancia y la razón, o el mito y el juego.
La fantasía zoológica había poblado por goteo las distintas obras de Avilés Fabila, imprimiéndoles su carácter personal. En sus novelas, en el realismo más ortodoxo se introduce de pronto un elemento fantástico que enriquece la historia, confiriéndole una dimensión nueva e inesperada. Así ocurre también en sus libros de relatos, entre las predicciones de Hacia el fin del mundo y las vueltas de Fantasías en carrusel, los elementos, fantásticos se apoderan de manera sutil, poco a poco, de la narrativa.
Los veintiséis textos de Los animales prodigiosos, separados en tres capítulos: perversiones de la naturaleza, serpentario y breviario mitológico, habían aparecido de manera aislada en por lo menos nueve colecciones anteriores de cuentos del autor. Ahora, resulta grato leer agrupada la fauna fantástica de Avilés Fabila, anunciada desde 1986, en la contraportada de Cuentos y descuentos.
El poeta Rubén Bonifaz Nuño escribió, a manera de notas “Preliminares” para el libro: “En él, un núcleo de criaturas milagrosas va revelando los poderes de un impulsó espiritual, encaminado a condenar, por medio de un caos aparente, la evidencia enfermiza del caos real e innegable: el mundo que habitamos, el esencial desorden que somos”.
René Avilés Fabila; Los animales prodigiosos; Ediciones Armella, Colecc. Caballo Verde; México, D.F., 1990.
* Publicado en el periódico Excélsior. Sección cultural El Búho. Domingo 1° de abril de 1990.