Después del éxito imprevisible y discordante de su novela Los juegos, René Avilés Fabila vuelve a las páginas literarias, ahora con los veintiún relatos que componen Hacia el fin del mundo**; textos anteriores, en la mayor parte de los casos, a la novela.
Si juzgamos los cuentos de René Avilés desde una perspectiva clásica, tradicional, hallaremos que no son, strictu sensu, cuentos; no se ajustan a las definiciones que han prestado al cuento cierto carácter y ciertas limitaciones. Pero en un sentido amplio, los textos de René Avilés son cuentos: es decir: cuentan un suceso, dan cuenta de un acaecimiento. El acontecer ofrece los elementos de la narrativa, pero el autor los elabora y transforma y nos remite a su muy particular manera de ver las circunstancias sociales, la realidad política.
No intenta -si lo hiciera, posiblemente habría que inscribir 10 en la esfera de la cuentística tradicional- traducir dichos elementos en términos psicológicos o expresarlos mediante el dibujo de personajes que adquieran el valor de símbolos. Por el contrario, acudiendo con frecuencia a la mitología, a los materiales científicos, a la teoría política, estructura textos que, a través de la captación alegórica, informan de su visión del mundo, de sus obsesiones sociales.
René Avilés hunde la mirada inquisitiva -¿o inquisitorial?- en los problemas que preocupan a la conciencia del género humano y obtiene la materia prima, los jugos básicos que habrá de elaborar para darnos textos donde se agitan, se entremezclan, dosis exactas de ironía, imágenes fugaces y premonitorias de esos huecos de la realidad por donde asoma el espanto, vislumbres del horror oculto tras de espectáculos grotescos.
Así, en el último cuento, que da nombre al volumen, a través de un partido de futbol somos enfrentados a la posibilidad de que la humanidad desaparezca en una guerra termonuclear. En "Autocanibalisrno" presenciamos la locura autodestructiva que se apodera de los hombres. En "Fragmento de una noticia aparecida en un periódico de un país desaparecido", un pueblo entero se deja morir cuando le falta el guía, el caudillo.
Pero René Avilés no encara únicamente los problemas esenciales de la supervivencia. También registra la decadencia extrema a que pueden llevar la estupidez, la hipocresía y la falsa valoración de la realidad. Los hombres producen para servir a las máquinas ("Reportaje de un invento extraordinario"). La escasez de teléfonos, que por otra parte funcionan como instrumentos compensatorios de la falta de comunicación vital, desemboca en rebeliones ("Motines en las ciudades"). La perversión de la publicidad se resuelve en incoherencia ("Política y comercio"). La Iglesia se moderniza ("Milagros televisados").
La ciencia es utilizada con fines extravagantes y poco prácticos ("De trasplantes e injertos"). Todo sucede en condiciones imaginarias, pero no por ello menos posibles.
Es justo decir, sin embargo, que en el volumen se incluyeron textos que no tienen nada que hacer allí, lo que no significa que están mal redactados o que carezcan de valores propios. Simplemente se apartan de la intención general del libro. Tal es el caso de "Los hombres blancos" y de "Los dolientes".
René Avilés Fabila ya demostró, con Los juegos, que sabe escribir. Ahora, con Hacia el fin del mundo, muestra que, a más de hacerlo con elegancia, no le falta agudeza ni penetración para desentrañar los misterios yacentes en las alternativas de la realidad. Maneja con rienda segura la ironía y el sarcasmo y posee la malicia suficiente para ganarse la atención, el interés del lector.
No pueden dejar de señalarse los méritos allí donde existen, ni puede taparse con un dedo literario la aparición de un libro de cuentos que vale la pena, aunque no venga precedido por una publicidad aparatosa.
* Publicado en La Gaceta del Fondo de Cultura Económica. Mayo 1969.
**Avilés Fabila, René: Hacia el fin del mundo. Fondo de Cultura Económica. (Letras Mexicanas núm. 94) México, 1969. 121 p.