René Avilés Fabila  René Avilés Fabila

Letras - Cuentos de la frustración*

Rubén Salazar Mallén

Avilés Fabila, René: Hacia el fin del mundo. Fondo de Cultura Económica. Letras Mexicanas
Número 94. México, 1969

Hay algo de Kafka, de Poe, de Borges y de Arreola en los cuentos de Avilés Fabila pero Margo Glantz y Julieta Campos han querido que esté en “la onda de José Agustín”, tan sólo porque ambos escritores son amigos personales y porque, en Los juegos el autor de Hacia el fin del mundo empleó el léxico de los jóvenes.

En ello no hay imitación, ni hay que estar “en la misma onda”, porque valerse del mismo léxico no es parecerse. Avilés Fabila sabe explicarlo muy bien. Dice que “la onda de José Agustín” consiste en “transcribir” —ésta es su palabra— el modo de hablar de los jóvenes mexicanos con temporáneos. Lo que Avilés Fabila quiere decir y segura mente se da cuenta de eso, es que José Agustín no s un creador, sino que se limite a calcar la realidad, o una par te de la realidad, el, “caló” de un momento determinado.

Esto, aunque Avilés Fabila no lo diga, es bien poca cosa. El “caló” de un sector social es harto deleznable y vive de devorarse a sí mismo, de transformarse constantemente. El “caló” de los jóvenes mexicanos contemporáneos no es igual al de hace diez años, ni será igual al de los jóvenes mexicanos que vivan dentro de diez años. Nada hay más variable que una jerigonza, que puede parecer y hasta ser muy pintoresca e interesante, pero nace marcada por la destrucción.

Así, lo que menos habría que tomar en cuenta de Los juegos, seria el léxico. Habría que considerar, en cambio, su intención. Los juegos fue escrita para criticar y ridiculizar a la “maffia”, ese mínimo grupo lleno de soberbia y oquedad. Pues si los “contemporáneos” fueron “un grupo de soledades”, la “maffia” vendría a ser un grupo de vanidades.

Por eso se ha desintegrado tan rápidamente, pues la vanidad no puede convivir mucho tiempo con la vanidad. Se ha desintegrado, la “maffía”, y en ello tuvo parte el libro de Avilés Fabila, Los Juegos. En eso, a pesar de los defectos y de los errores, radica la importancia de la obra. Querer calificarla por su léxico, que ponerle en “la onda de José Agustín”, es ver muy superficialmente las cosas o, exactamente es no verlas.

Resulta injusto entonces, comparar a Avilés Fabila con José Agustín, o tenerlo por su secuaz. Si algo caracteriza a Avilés Fabila es su personalidad, que ya estaba indicada en Los juegos y en Hacia fin del mundo adquiere Plenitud.

Sorprendente y extraños son esos cuentos. Tiene de Kafka, de Poe, de Borges y de Arreola, como ya está dicho; pero tienen, sobre todo, de Avilés Fabila. Este ha sabido asimilar sus influencias, como un organismo sano asimila los alimentos. Hay un poco de filisteísmo en hablar de influencias, que existen siempre, pero en tanto que unos las incorporan a su ser, las digieren, otros las sobrellevan como postizos o, si se prefiere, se indigestan con ellas.

En el caso de Avilés Fabila hay asimilación. Esos cuentos son muy suyos y sabe manejar el horror y el misterio con maestría, al mismo tiempo que con discreción. Tiene cuentos espeluznantes“Autocanibalismo”, y los angustiosos y terribles, “Minotauromaquia”. También los tiene mordaces, como “Menús literarios” o “Reportaje de un invento extraordinario la decadencia de los EUA”, o, todavía, como “El proceso de las ratas”, en que la critica, penetrante, descarnada es “contada” y no dicha.

Esta es una de las cualidades más valiosas de los cuentos de Hacia el fin del mundo. La idea no está expresada crudamente, sino va en vuelta en la amenidad y en una imaginación que, por lo rica y brillante, parece no tener limites.

Muy amenos e intensos son los cuentos de Hacia el fin del mundo. En ellos no se advierte el esfuerzo por producir un efecto. Brotan con tanta fluidez que en ningún momento hay trazas de querer conseguir un resultado determinado, sino que éste se impone suave, insensiblemente al lector.

Tiene mucha parte en ello la limpieza, la claridad de la prosa de Avilés Fabila. En su manera de “contar” no hay excesos o rebuscamientos que distraigan de lo “contado” Sabe ordenar y coordinar los elementos de que dispone y economiza recursos, cuando no son necesarios. Por eso puede llegar a síntesis tan pulcramente logradas como Los dolientes, en que en una sola página se dice todo lo que tiene que decirse y se sugiere mucho más, aparte de que está presente la idea que domina en todos los cuentos, la de la frustración.

Si esta idea está a flor de página en “Las gorgonas o del vanguardismo en el arte”, “Mitología publicitaria”, “Fábula del pato inconforme” y “Fábula del perico parlante”, se hace sentir sutilmente, ocultándose, en todos los demás cuentos. Por que la frustración es el pensamiento dominante, la obsesión de este excelente volumen de cuentos.

* Publicado en la Revista Mañana, 19 de abril de 1969.