René Avilés Fabila ha entrado con pie derecho-al ejercicio del quehacer literario es un escritor que sobe todo lo que quiere decir y posee los medios para expresarlo. Al obedecer al imperativo que le trajo al oficio de las letras, de seguro no se quedó en el mero afán de encender hogueras para resplandecer en lo gloria de la fama, porque, de ser tal su, objetivo, no habría escrito la mordaz sátira llamado Los juegos en donde pone de oro y de azul a quienes no osan declarar que se reconocen en sus páginas, pero que los han llevado a decir, por boca de ganso, que tal novela fue escrita con designios parricidas, mas no sólo porque en ella clava a la imagen de su progenitor físico cual si fuese un lepidóptero, sino porque también y como a mariposas, pone en cajas a quienes dieron por supuesto que nadie existiría en los ámbitos de la cultura, sino les reverenciaban como a sus propiciadores...
El cronista reitera: no cree que el motor de Avilés Fabila se reduzca al anhelo de acceder a la nombradía por la mera gloria literaria, porque si tales fuesen sus limitados designios, tampoco habría escrito (o ya escritos no los habría publicado) los cuentos de Hacia el fin del mundo, porque en ellos, de nuevo, comprometéicos móviles reincide en edípicos propósitos, pero ahora la mira no apunta sólo a los genitores inmediatos reconocibles personal e individualmente, sino que arremete en contra de un mundo cuyo modo de ser paternaliza las restricciones constrictorias que sujetan al ser en sí del hombre, impidiéndole llegar a la humana y fraternal comprensión de todos los moradores del Orbe. Literariamente trae resabios de la obra narrativa de Apollinaire (Heresiarca y compañía), pero con lo raigambre mexicana de un Juan José Arreola al que anteceden un Mariano Silva y Aceves y un Julio Torri. Hacia el fin del mundo fue editado por el Fondo de Cultura Económica, corno el volumen 94 de la colección Letras mexicanas.
* Publicado en el periódico El Heraldo de México. Cultural. México, DF, Domingo 25de Mayo de 1969 No. 185