René Avilés Fabila  René Avilés Fabila

René Avilés Fabila: el mundo anticipado*

Raúl Cáceres Carenzo

En su colección “Letras Mexicanas” el Fondo de Cultura presenta un libro de ficción —relatos e invenciones breves— de René Avilés Fabila: Hacia el fin del mundo.

A diferencia de su primera obra (Los juegos), en esta nueva aparición el joven narrador alcanza unidad de lenguaje y recreación, así como un empleo mejor intencionado del humor y la inventiva, operando ambos con mayor penetración y lucidez crítica sobre el cuerpo informe de lo real; de este modo nos anticipa el mundo bajo una voluntad antipoética que lo salva de toda comparación forzada con Bradbury o cualquier otro sacerdote de la ciencia ficción. La realidad social que sufrimos se da, en esta narrativa, sometida a la denuncia de sus gestos y deformaciones más evidentes mediante la exageración de rasgos y contradicciones y la desencantada premonición de los caminos que podrían conducirla hacia su destrucción dialéctica.

Pero René Avilés contempla lo que expresa o intenciona en calidad de cronista, de testigo imparcial, dotado de visión épica pero antiheroica; la ira (con su carga anarquista) y aun el desaliento o pesimismo al que se entregan las páginas finales lucen siempre ponderados, contenidos por la intención reflexiva, por los serenos designios de la inteligencia. Así, la pasión, la protesta, la propia denuncia, la misma exageración de rasgos, la caricatura impiadosa, se convierten en literatura, en estilo, en propiedad expresiva, en virtud estética.

Haciendo a un lado el deleznable ejercicio de abonarle parientes y filiaciones de escuela a este escritor responsable (¡Kafka, los que van a escribir te saludan!) y también la oscura intención de clasificar su confabulación inventiva o narrativa y aun renunciando a desentrañar la proposición filosófica y la intencionalidad de sus anticipaciones —tarea para académicos, críticos profesionales y otros enterradores—, sólo deseamos señalar las notas y condiciones que lo ameritan como uno de nuestros escritores más conscientes y persona1es, así como —ah, “daimon” particular e imprudente aquellos momentos, muy escasos, en los que su “pasión artesanal por el lenguaje” conoce algún titubeo o descuido, o cuando el desmayo del ritmo no es amparado por el contexto, o cuando los poderes de la iluminación se instalan ocasionalmente en la indolencia.

Entre la fábula y la varia invención las primeras narraciones (gorgonas, mitología publicitaria, pato inconforme, perico parlante, minotauromaquia y menús literarios) mezclan la gracia y el desenfado de un lenguaje creativo y elaborado, con la erudición, el humor y la parodia. Esta parte del libro es transparente y deliciosa, de la mejor factura estética, capaz de satisfacer el gusto literario más refinado y exigente. Acertadamente, lo fantástico se asoma aquí como un gnomo burlón, en traje de arlequín y tocado con cascabeles hirientes.

La ambición interpretativa del autor respecto a los problemas del mundo: políticos, morales, estéticos, científicos, sociológicos, bélicos, técnicos, industriales, económicos, psicológicos, genéticos, raciales, generacionales, etc., a pesar de apoyarse en un nominalismo certero, va tejiendo una densidad abrumadora de conductas y episodios alegóricos a lo largo y a lo ancho de los relatos subsiguientes; las fronteras de lo inmediato se desdibujan para ceder a la visión de un vasto y despoblado escenario mundial, sin esperanza ni redención posible. Empero la inventiva y el humor, la exaltación intencionada de algunos hechos contemporáneos y su desplazamiento o proyecto y en el tiempo, pasado y futuro, consagran como cabal literatura de ficción los textos: motines en las ciudades, reportaje de un invento extraordinario o la decadencia de los EUA, política y comercio, el proceso de las ratas, milagros televisados, refugios antiatómicos y “Hacia el fin del mundo”.

A nivel de comentario ingenioso, de noticia graciosa, sin mayor trascendencia inventiva ni devastación humorística y sin llegar al cuadro del terror moral nos parecieron: “Autocanibalismo”, ¨Fragmento de noticia…” y “Se solicita Constitución”. A cambio, ¨Los dolientes” y “El intestado” despliegan evidentes valores de observación y verdad psicológica entrañados en la piel de la institución familiar contemporánea.

“Marianina”, es una narración más detallada ambiciosa que se esfuerza, sin lograrlo del todo en provocar una atmósfera enrarecida de correspondencias internas e impactos anímicos, espaciados y perversos, que lenta pero eficazmente proyectan sarcasmo concentrado y excepcional sagacidad en expresar lo decadente.

Finalmente, “De trasplantes e injertos”, recoge cinco crónicas tensas de escarnio macabro, que bajo el ritmo febril de la pesadilla o la demencia, se ceban sobre una conquista contemporánea de la medicina: el trasplante de órganos. En esta invención se intensifican con mayores poderes incisivos, sarcásticos, los impulsos e intenciones premonitorios que animan esta breve y valiosa obra.

Señalamos también como meta plenamente alcanzada por el autor un pudoroso, contenido, ingrávido juego de luces poéticas en el trasfondo de la descripción y la reflexión.

En la vida literaria del país la aparición de Hacia el fin del mundo significa, esencialmente, el encuentro verdadero y añorado de nuestra realidad estética, con una dimensión aportadora: la redención por el humor, estado de ánimo bastante raro en nuestras letras. La vocación humorística como voluntad moral, como acto crítico, nos es ajena. Tenemos al chiste, a la burla o al relajo... y nuestra ironía no es únicamente tristeza, también es condena (memoria). En lugar de la gracia la nostalgia. Por todo ello celebramos el advenimiento de un humorista auténtico y profundo para nuestra adusta patria literaria.

* Publicado en el periódico El Nacional. Miércoles 9 de julio de 1969.