El presente viene a ser el tercer libro de relatos del joven autor mexicano -nació en la ciudad de México el 15 de Noviembre de 1940-, y es grato advertir que confirma las dotes que ya se advierten en los anteriores. Sus otros dos libros, Hacia el fin del mundo y Alegorías, bastaron para probar su categoría como narrador; también se trataba de relatos breves, realmente cuentos. Ahora, con La lluvia no mata las flores, Avilés Fabila, aborda realmente un sólo tema que desarrolla en sus diversos aspectos: la corrupción del amor, es decir, el fracaso de la pareja, la frustración del apetito sexual por diversas causas sin dejar de considerar, entre éstas, el afán intelectualoide y de evasión.
Son nueve cuentos, con el mismo epígrafe tomado de Lafontaine: "¡El amor! ¡Temible y extraño dueño! ¡Dichoso quien ni de oídas, ni por propia experiencia le conoció!" Las bebidas en las cantinas donde nunca se pone el sol, principalmente el bloody mary que además de emborrachar alimenta, o el vodka tonic que es también best-seller en sitios de lujo, constituyen el impulso motor de los jóvenes que aspiran a casarse con alguna chica rica, aunque no se llame Martha, con hache intermedia, o no se niegan a participar en alguna fiesta de homosexuales, con hache inicial. El relato que da el título al libro, el segundo, quizá sea uno de los mejor logrados y en realidad se afirma en aquella línea que se anuncia por el editor como el tema infinito en múltiples variaciones: Jorge fracasa con la joven que sube al mismo camión en que él viaja, y a la que cede su asiento con la idea de trabar amistad, y a la que se lleva al fin el otro que quedó sentado junto a ella. Es una de las sorpresas o de los milagros en este tipo de antihéroe que va creando en sus diversas transfiguraciones el cuentista Avilés Fabila, casi siempre con una constante: la l1uvia, que transforma a la ciudad y es una especie de tercer personaje en discordia, o el teléfono con el que suele hacerse bromas pesadas como la de Alicia y Joaquín.
Avilés Fabila parece prepararse para la narración larga y sostenida, de mayor aparato y más poderosa creación, que es la novela. Así, tras este volumen de relatos breves prepara su segunda novela, cuyo titulo ya anticipa: El gran solitario de palacio, que es de esperarse constituirá la ratificación de sus buenas disposiciones ensayadas en Los juegos.
La lluvia no mata las flores.- René Avilés Fabila.- Serie Nueva Narrativa Hispánica.- Editorial Joaquín Mortiz.- México, 1970.
* Aparecido en la Revista TIEMPO, 25 ENERO 1971.