DESFRUNCIRSE. No otra actitud provoca la lectura de libros tan fértiles en imaginación y tan alegres como estas Fantasías en carrusel, de René Avilés Fabila, publicadas por Arte y Literatura con original portada de Carlos Palleiro. Caso no común el de Avilés, que el margen de su ceñuda y ceñida posición política sabe montar fábulas de una demoledora eficacia por caminos de sonrisa, en juegos de agudeza. Porque vamos a ver, ¿quién sabe de un fantasma que haya espantado a alguien que no sea un aristócrata morador de castillo inglés? Hay fantasías tan deliciosas como la del caballo tan pura sangre que vertía lágrimas rojas, o aquel desconocido trance biográfico del Minotauro de Mecenas, cuando firmó contrato para actuar en la plaza de toros y, en vez de acudir al reclamo del lidiador, transformó el sentido de la fiesta al apuntar los cuernos no a la capa sino al cuerpo del torero. La habilidad de Avilés para la ficción se extrema en casos como el de la mujer alimentada nada más con sonidos, y si algún lector tenemos bibliógrafo, enciérrese en su biblioteca para preparar para su regalo una minuta literaria como la aquí prescrita con divertidos entrecruzamientos.
* Publicado en El Universal. Marzo 1979.