El nuevo libro de René Avilés Fabila, (Fantasías en carrusel. Colección Arte y Literatura, Ediciones de Cultura Popular) que reúne sus cuentos desde 1969; hasta la fecha, se inscribe en el cauce de un estilo muy importante para nuestras letras, por cuanto plantea la dilucidación analítica de un temperamento narrativo que cobra cada vez mayor interés, pues exige visualizar la consecución de un no-género que surgió en nuestra tradición literaria en las primeras décadas de nuestro siglo, con las obras de algunos integrantes del Ateneo de la Juventud sobre todo de Julio Torri, quien lo introduce en México, y que, como explicaba hace poco el doctor Francisco Monterde, nace con las Prosas poéticas de Baudelaire, repercute en la tradición literaria francesa, y posteriormente en varios escritores definitivos de América Latina, como Octavio Paz, en Aguila o sol, Juan José Arreola en su Confabulario total y Gilberto Owen en línea: el género Fantasía.
El titulo del libro de Avilés Fabila remite precisamente al origen de este temperamento (La Fantasía), "inventado" por Julio Torri, quien al dejar el manuscrito de su primer libro a Genaro Estrada, bajo el titulo Fantasías mexicanas, prevé el desarrollo de lo que en la actualidad se denomina erróneamente poesía en prosa.
Estrada, al recibir el libro de Torri, se da cuenta de que el ateneísta le había "madrugado" el nombre que él deseaba ponerle a su desconocido libro Pero Galín y, al editar el de Torri, le pone Ensayos y poemas, para subtitular el suyo precisamente como Fantasías mexicanas. Ambos, Estrada y Torri, ejercitan la práctica de la escritura narrativa, influidos por Baudelaire y Schwob, queriendo escribir textos que no son ni poesía ni prosa y que anticipan el nacimiento de este nuevo estilo y el aniquilamiento de una narrativa tradicionalista. Así, las Fantasías en carrusel de Avilés Fabila remiten al universo de estos autores, olvidados en la actualidad, dentro de cuya estilística y tono están escritos la mayoría de los textos de su nuevo libro, que alían la sátira con la descripción, y el humor (en algunos casos fallido) con la discursividad reflexiva.
Más de 50 textos integran el libro, cuya congruencia es indudable, aunque en ocasiones los títulos aparentemente no tienen mucho qué ver con las narraciones. Es necesario, asimismo, resaltar las cualidades humorísticas de Avilés Fabila (el vampiro que le chupa la sangre a un leucémico y fallece envenenado, por ejemplo) aunque haya textos cuya resolución es muy obvia, como el titulado Las esculturas muertas.
No obstante, estas Fantasías en carrusel de René Avilés Fabila forman un libro inscrito en un ámbito muy importante en nuestra tradición pues revi¬taliza ese temperamento de lo fantástico como estilística escritural y brinda al lector un conjunto de textos cuya lectura es muy interesante y, sobre todo, divertida.
Sólo dos objeciones al margen de esta reseña: la del prólogo, innecesario en un libro de cuentos, y la indiscriminada cantidad de dibujos que muchas veces no vienen al caso y que distraen al lector de los textos, interesado sobre todo en el universo literario, y no en las ilustra¬ción que pretenden recrear los temas escritos.
* Publicado en Unomásuno. Viernes 19 de enero de 1979.