René Avilés Fabila  René Avilés Fabila

René y sus fantasías*

Griselda Álvarez

Lo que primero admiro de René es su amplia cultura. Al escribir sus fantasías hace espléndido despliegue de ella y algo se aprende por sus conocimientos sobre pintura, música y la misma literatura: nombres, lugares, obras, comentarios, que se entretejen en los cuentos.

Es un gran admirador de Jorge Luis Borges. Pero al gran escritor argentino le gustaba jugar con el lector poniendo citas con fuentes ficticias que nos divertían pero que jamás podrían ser comprobadas. René es serio y no utiliza esos recursos, aunque el pasmo lo sorprenda al leer a Borges.

Observamos que defiende sus personajes literarios y les da vida; son casi reales dentro de una formal originalidad. Hay en ellos una atmósfera medieval. René nos hace leer sus cuentos, nos invita quizá sin proponérselo, sin decirnos nada a que este acto de lectura sea a la medianoche de preferencia con el encendido de una sola lámpara que alumbre el libro de 652 páginas, en la soledad y el silencio de la biblioteca, interrumpido a veces el mutismo del ambiente por el aletear discreto de los murciélagos que salen del volumen.

No cabe duda que tiene el poder de trasladarnos a un mundo fantasmagórico que palpamos, ya que una especie de niebla brota de nuestros dedos al pasar la hoja leída, vampiros libertados con el recorrido de nuestros ojos sobre el papel del libro. De ahí emergen sus personajes, como pandilla de fantasmas que se acomodan plácidamente en los sillones de la biblioteca entre cojines y libros para hacernos enlace con otros mundos. Esto produce el realismo fantástico de René Avilés Fabila.

Ligadas cada una de sus letras está la ironía, su gozo satírico. No puede desprenderse de ese juego que proviene del sentido de humor, de su alegría de vivir. Es su forma de escribir. A veces no reconoce límites, por ejemplo “La verdadera historia de Sansón y Dalila”. Es una ironía alegre, inofensiva, guasona continua, sabrosa y demás adjetivos, que nos deja frescos y placenteros como recién bañados.

En el fondo de estas Fantasías en carrusel empero, anida una filosofía doliente o por decirlo de otro modo, un pesimismo filosófico: la destrucción del ser humano, la negación de sus obras donde pululan figuras luctuosas.

Escritor cualitativo y cuantitativo, René Avilés Fabila príncipe de la ironía, lo mismo golpea que acaricia, lo mismo nos atrapa en sus laberintos sin necesitar a Teseo ni tropezar con el Minotauro que nos libere con sus cavilaciones metafísicas. Peleador desde la tribuna de las letras, enfrenta con la pluma en ristre a los más altos militantes de la macroeconomía y sabe disolver las políticas del neoliberalismo con el ácido muriático de sus reflexiones, a veces en abierto desafío con el gobierno.
Pero cuando lo leemos en este libro que hoy se presenta, por nuestras venas corre el sentido de lo fantástico, el escalofrío de lo irreal, el acoso de los vampiros.

No todo es irreal. Fantasías en carrusel nos remite a la nostalgia. ¿Cómo es posible no sentir nostalgia lacrimógena al leer y releer que se esfuma el paso de los ropavejeros, los guajoloteros, que ya no han de volver? ¿O el de los peluqueros con paisaje a sin paisaje ¿Y los Organilleros sobrevivientes?

Esos grupos humanos a punto de desaparecer, especies en extinción, porque el ropavejero no puede medir fuerza, con la sociedad consumista, porque el guajolotero (que era el pregón de la próxima navidad) jamás podrá cruzar las calles por el inmenso tránsito, sin convertir su parvada en mouse de pavo al primer intento de atravesar el Periférico; porque al peluquero le han borrado el paisaje, se lo engulló la ciudad entre carriles de innumerables automóviles. En la suprema ironía de René, el peluquero ha desaparecido siendo uno de los más “notables maestros de política nacional”.

En el capítulo de los oficios perdidos o por perderse, están los políticos. Ahí me introduzco a punto de desaparecer también, sustituida por los tecnócratas, como él bien reflexiona y acosada por el implacable Cronos.

Pero entre tanto, ésta que les habla, yo oscura juarista aferrada al liberalismo y jacobina, por añadidura, admira profundamente la forma de pensar y de escribir de René Avilés Fabila a quien le desea fortuna con sus Fantasías en carrusel.

* Texto leído en el Fondo de Cultura Económica en la Presentación del libro Fantasías en carrusel , publicado en el periódico Excélsior. Suplemento cultural El búho. Domingo 19 de noviembre de 1995.