El libro de cuentos más reciente de René Avilés Fabila (DF, 1940) ofrece dos zonas de actividad narrativa: aquélla de las “Hadas amorosas” y una segunda de título “Otros textos”. Hay, entre ambas, diferencias bastantes acusadas, yendo nuestra preferencia de lector hacia el segundo grupo. Enumeramos a continuación nuestras razones.
“Hadas amorosas” es un conjunto de 29 cuentos, que van de la minificción a lo bastante breve. Narran, si falta, el encuentro ocurrido entre alguna mujer y un personaje de nombre René. Aunque se dan similitudes entre dicho personaje y el autor, no creemos del caso aceptar al primero cómo representación cabal del segundo, más bien éste utiliza al personaje para crear una serie de circunstancias que den verosimilitud a lo narrado: el hombre, la profesión de escritor, la mención de gente real (Marco Antonio Campos, Ignacio Trejo Fuentes, Edmundo Valadés) como amigos.
Los cuentos se atienen a una fórmula: cualquier tipo de actividad social propicia el encuentro de René con alguna mujer, hay una química de atracción inmediata de ella por él y viceversa, aparece la cama correspondiente y luego una separación definitiva. Es de reconocer que las mujeres elegidas para esos encuentros pertenecen a la modernidad: son personas liberadas, profesionistas, desinhibidas y por lo general fuertes de carácter. Tienden, asimismo, a mostrar piernas perfectas, con alguna asiduidad “metidas en lujuriosas medias negras”. En cuanto a René, manifiesta fobia por todo lo institucional, una sólida capacidad para la bebida y, curiosamente, una clara fragilidad ante las mujeres, rasgo este último que le da al personaje una vulnerabilidad convincente.
Consideremos prudente abordar estos textos como variaciones sobre un mismo tema, y limitarnos a ver cuántas de ellas se logran sin que el conjunto manifieste el cansancio de la repetición. Sentimos que el equilibrio entre ambos elementos se rompe con cierta frecuencia. Esto no sucede con el grupo segundo y algún cuento del primero. “Un hada en mis sueños” introduce una dimensión extra: aquélla del sacudimiento ante las posibilidades de lo insólito. Además, allí el narrador examina con intenciones de ajuste alguna propuesta literaria anterior, aplica a ésta un sentido de la ironía bastante fuerte, que funciona con eficacia. Sirva de ejemplo “Sherezada, la cuentista”, cuyo final no sólo es sorpresivo, sino que se abre a consideraciones irónicas divertidas. Por otro lado, hay en el texto un aire de narrativa oral que le da buen apoyo como propuesta de entretenimiento.
Así con la nueva lectura que se propone de “David y Goliat” o de “Isadora”. En términos generales, los textos cuyo basamento es la intertextualidad apuntan a un René Avilés Fabila de mayor peso que el dedicado a las variaciones amorosas de la primera parte, si bien en éstas es de insistir en que aparece un rasgo irónico notable: se diría que René queda presentado como un seductor terrible, ante el cual ninguna mujer se resiste. Pero el conjunto de circunstancias descrito impone sin tardanza otra lectura: esas mujeres utilizan al personaje masculino para satisfacer alguna necesidad de aventura y luego lo elimina de sus vidas Esto deja un fondo de amargura en los cuentos narrados.
El estilo de René es lo que llamaríamos pragmático: está allí para ayudar a que entremos en la anécdota y la sigamos en su transcurso. Es una prosa sujeta a las necesidades de la acción narrada. Concluyamos entonces que Cuentos de hadas amorosas es un libro híbrido, compuesto de dos modos de narrar disímiles. Como especificamos al principio de esta nota, el segundo de ellos nos parece mucho más recompensante que el primero.
René Avilés Fabila, Cuentos de hadas amorosas. Economía, México. Letras Mexicanas, 1998 124 pp.
* Texto aparecido en el periódico Unomásuno. Suplemento Sábado. Diciembre 19, 1998, p. 13.