René Avilés Fabila  René Avilés Fabila

Las hadas mistériosas de René Avilés Fabila*

Ma.del Carmen Farías

En los Cuentos de hadas amorosas de René Avilés Fabila llama la atención, entre otras muchas ideas, asociaciones, recuerdos, gusto por la palabra que toda obra literaria conocida -o que al menos debería serlo-, ver que los grandes mitos que en su agigantada, bronca y nada plácida existencia ha venido forjando la humanidad continúan siendo releídos y reinterpretados en su curso de generación en generación. Tal es el caso -en el libro de René- de las hadas.

El mismo nombre de las hadas habla de su antigüedad y revela algunas de sus características. Hadas fue el nombre inicial que los griegos dieron a las parcas, esos seres terribles que tenían en sus manos la vida y muerte de los hombres; el nombre tiene en su cercanía al Hado o destino, y al Hades, el infierno.

Las hadas aparecen en todas las culturas y son generalmente seres anteriores a la historia humana. Para los árabes era los jinn, seres de una raza preadamita que se rebeló contra la divinidad: y fue arrojada a la Tierra. Y, en general, de la India a Irlanda son espíritus provenientes de una civilización -así podemos llamarla- anterior al hombre y relacionada, por su hábitat, con los bosques, las fuentes, las montañas, los ríos. Y entre sus características destacan el don de hacerse invisibles el cual pueden comunicar a sus protegidos, así como la de asumir infinidad de formas y figuras y poseer un gran conocimiento de las fuerzas de la naturaleza. Ahora bien, ¿son las hadas buenas o malas? Bueno, en la historia de Pinocho el hada combina ambas cualidades. En otras historias pueden ser autoritarias y en el fondo buenas, como en la Reina de las Hadas de Edmund Spencer o frías guerreras y calculadoras como la Morgana, el hada talássica de Wieland; o la infinidad de hadas que figuran en Las mil y una noches, o en La Jerusalén libertada, de Tasso.

Una cosa es segura. Pese a su modernidad, al desenfado con que llevan su sexualidad -Parecen terriblemente fáciles- las hadas de Avilés comparten muchas de las características más acendradas de las hadas. En especial su misterio, la forma como aparecen ante el personaje central, una especie de Avilés Fabila acompañado muchas veces por sus amigos intelectuales, compañeros de viaje y de parrandas sin límite de tiempo. Una de las hadas tiene que buscar las cercanías de un río, como las hadas clásicas, para efectuar lo que en tiempos remotos, antes de los años sesenta, se llamaba: entregar el cuerpo. Una más advierte que su marido en lugar de cuernos tiene antenas. Y esto no es chiste, sino una revelación terrorífica.

A las hadas, en fin, hay que tratarlas con guante blanco. Así lo hicieron los franceses, quienes optaron por llamarlas “las bonnes dames”, por no incitar su espíritu revanchista. René no siempre se porta bien con ellas y habrá que recomendarle que se cuide.

* Publicado en el periódico Excélsior. Suplemento El Búho, No. 679, septiembre 13, 1998, p. 3.