La definición de hada es “un ser fantástico en forma de mujer al cual se atribuía poder mágico y don de adivinación”. En un concepto más cercano a la literatura, las hadas tienen un lugar muy importante en la Edad Media, porque aunque su origen se remonta al Oriente, se habla de ellas hasta la época medieval, después de haber sido transmitidas por los árabes a los españoles. Así están entre ellas Melusina, Morgana, Viviana y damas blancas, damas verdes o negras, equivalentes a las denominaciones de los caballeros de esa época. Pero también se denominaba como hadas a cualquiera de las tres Parcas: Cloto, Laquésis y Átropos. En cualquier tipo de hada encontramos dos contradicciones: a) Ejercen trabajos muy humildes (son hilanderas como las Parcas, o son lavanderas) y por otro lado poseen facultades extraordinarias. b) Hacen dones y aparecen objetos maravillosos; pero por otro lado, pueden cortar la vida. Las parcas devanaban y cortaban el hilo de la vida humana. Por ello siempre se asocian con la muerte; aunque Zeus (el padre de todos los dioses griegos) era quien pesaba y decidía sobre la vida de los mortales.
Sobre el más reciente libro de René Avilés Fabila, Cuentos de hadas amorosas y otros textos publicado por el Fondo de Cultura Económica, valdría la pena preguntarnos: ¿Por qué lo tituló así? Por varias razones.
Primero porque una de las constantes que aparece en casi toda su narrativa es la de recrear o deshacer mitos. En este volumen de cuentos que hoy me ocupa, el lector encontrará un nuevo Narciso, un imprevisto Teseo, una Ariadna diferente, una Penélope insospechada y un David y un Goliat que son más fidedignos, como el propio Avilés expresa. También cabe señalar que no es la primera vez que este escritor se ocupa de las mujeres en sus creaciones. Él ha expresado en varias ocasiones que debe a las féminas y no al ron, más de un capítulo de sus libros. Ya existen en sus novelas y cuentos Musas Sexosas, Musas Fumonas y Musas Sedientas; tocaba ahora el turno a las hadas. Pero aquí no cortan el hilo de la vida, sino que cortan el hilo de la relación amorosa. Se presentan al protagonista con dones maravillosos, pero después desaparecen las aparentes cualidades que lo habían seducido. Cuentos de hadas amorosas y otros textos tiene un ritmo vital, burbujeante que invita a leer de prisa porque algunos de estos relatos son ficción pura, otros están transformados y recreados, pero otro gran porcentaje son autobiográficos. Así el narrador se enamora fácilmente, casi a la primera vista, enredado en sus personales obsesiones como son las piernas torneadas con fineza, cubiertas con medias negras; participa activamente en el mundo narrado dado que es el personaje masculino central, y al mismo tiempo es el vehículo para transmitir las hazañas o los errores de las hadas amorosas.
El hada “Alicia o Alma” es la captación de un instante, como son o deben ser los momentos mágicos, no prolongados porque finaliza el hechizo; la, “Ninfa civilizada” lo abandona porque va a casarse con otro; “Un hada en mis sueños” es precisamente eso, la presencia de ella en un sueño que aún no tiene desenlace. Así el ambiente erótico; está enriquecido con ninfas, faunos, gnomos, magia, hechizos; con toda clase de hadas: promiscuas, imbatibles, posesivas, prostitutas, famosas, amorosas, huracanadas, o ideales y perfectas.
A pesar de narrar tantos amores perdidos no es un misógino; las relaciones las terminan ellas o se alejan los dos de común acuerdo; sin agresión, sin resentimientos, sino con un profundo sentido del humor. En las historias más breves el final siempre arranca una carcajada por inesperado. Las referencias literarias de RAF son constantes; en ocasiones a propósito; otras veces en forma inconsciente. Porque él confirma aquella vieja sentencia que dice que para escribir bien se debe leer muchísimo. Sus lecturas se sienten, se adivinan, se disfrutan porque las transmite, asimiladas y enriquecidas.
En la portada de este ejemplar está Eufrosina, Aglaya y Talía, las hijas de Venus conocidas como las Tres Gracias. Una vez más las mujeres, reales o mitológicas, que acompañan a RAF en su vida cotidiana y en sus ficciones.
* Publicado en el periódico Excélsior, Suplemento El Búho No. 675, agosto 16, 1998, p.6.