René Avilés Fabila  René Avilés Fabila

Un enjuiciamiento alborozado*

Manuel Lerin

La obara de René Avilés Fabila me ha parecido un trabajo crítico. Alguien preguntará ¿a pesar de ser cuento, novela, invención, mito? Debe contestarse positivamente. Para juzgar no se requieren muchas cuartillas, tampoco ex-ampulosas, menos, temas que aparentando sabiduría incontrastable producen más que claridad, caminos enredosos y confusión. La crítica no es censurar todo, no significa una detracción aplicada a los acontecimientos, ni denota reprobar en busca de nombradía, no busca la impugnación como medio para descollar. La crítica equivale a una postura que se respeta a sí misma en cuanto pretende un juicio ecuánime. Quizá sea la opinión más equilibrada emitida sobre todo lo que rodea al hombre o que éste construye: política, religión, filosofía, ciencia, deporte. Es actividad poco común y difícil. Ejercer demanda serenidad, alejarse del apasionamiento, mirar con proporción, opinar templadamente sin conmiseración amistosa o devastación enemiga.

Así, el libro Fantasías en carrusel de Avilés Fabila con recreación enjuicia circunstancias diversas. No importa su inclinación hacia los textos bíblicos, clásicos, mitológicos; la preferencia por personalidades literarias, pictóricas, científicas, cinematográficas. Ello es apoyo para plantear el tema, expresarlo y concluir de modo acerado. Esto último es meritorio.

Hay historias breves que se leen en un abrir y cerrar de ojos. Ejemplos, la diferencia entre intelectuales conservadores y demócratas, él descubrir en el sueño que no se sueña, cómo hallar a una pintora, la vanidad venida al suelo en damas que usan pieles en el atuendo, el leer en abundancia para no caer en el plagio; existen asuntos tales como el sexismo fantasmal aporreando a las feministas, la calidad deportiva de la fiesta brava considerada por otros como un arte, lo deleznable de la infidelidad, la libertad según el cristal con que se mira, lo no apetecible de la inmortalidad, las fallas en lo vegetariano, lo eludible de los deseos, las profesiones que cumplen el proverbio “el que a hierro mata al muere”, lo contradictorio en las feministas, la precocidad imperfecta.

Otras historias no compendiadas, más amplias, permiten el goce de una prosa puntual, porque un concepto sigue a otro sin que la idea global del párrafo se desequilibre, pierda el propósito unitario con que fue concebido. Así destaca el valor de la artesanía hecha a un lado por la búsqueda de otros objetivos cuando entre los nativos “sus ropajes, sus vasijas, sus estatuillas de barro, sus collares de madera, en suma: sus artesanías” contienen una valía artística y económica.

René Avilés Fabila muestra el peligro del robot suplantando al hombre, la ausencia de meditación en un mundo que evoluciona mediante transformaciones que nosotros propiciamos y somos actores, trata la psicosis citadina y hace pensar en el detalle, imperceptible en ocasiones, que empuja a la dependencia de cualquier vicio, apunta transformaciones políticas en el pistolero convertido en hacendado, destaca las marrullerías del político para destroncar a una personalidad superior. Asimismo marca el engaño al pueblo, la deshonestidad en funcionarios; los motivos de la ciudadanía alterada es un buen pretexto para resaltar deficiencias del sistema telefónico e irónicamente a los teléfonos les asigna capacidad subversiva. No escapa la marina: sus naves son defectuosas. El relato del encuentro entre Circe y Ulises hace recordar a Homero, en una versión muy al estilo avileño.

Un volumen de 651 páginas, dividido en 10 capítulos, con tres citas sobre el humor y el cuento (Walter Muschg, Freud y Horacio Quiroga) hacen de Fantasías en Carrusel, un libro sólido por su forma y contenido. Los temas despiertan interés y se lee de corrido sin mengua de detenerse cuando la meditación lo exige, no obstante el reclamo de la sonrisa.

En sus líneas alerta sobre la deshonestidad, previene contra el comportamiento antisocial, advierte en cuanto, a la política equívoca, reflexiona referente a la infamia, la marrullería, el engaño. Yo le encuentro un cimiento aleccionador y de juicio.

Hay un toque de ternura y amor en las dedicatorias de René Avilés Fabila a su madre y su esposa.

* Publicado en el suplemento El Búho, Excélsior, marzo 3, 1996, p.3 (547)