René Avilés Fabila  René Avilés Fabila

¿Qué hacer con un Diccionario de Homenajes?*

Elsa Ma. Cano B.

Primera y obviamente leerlo, pero despacio y con atención, de otra manera se corre el riesgo de perder el sutil hilo de la ironía que una gran parte de los trabajos que integran este libro, y también la pasión afectiva que siente por sus amigos el autor. Desde luego que este aleccionador volumen El diccionario de los homenajes contiene diversos y variados escritos, como su autor René Avilés Fabila, advierte en el prefacio; pero estos trabajos en esa mencionada variedad ofrecen para el lector cuidadoso una agradabilísima fusión de posibilidades periodísticas. Avilés muestra desde lecciones de literatura, que por breves son doblemente valiosas, como por ejemplo definir la llamada literatura fantástica o explicar en qué consiste la literatura urbana; hasta una llamada de atención para tomar conciencia sobre los niños que pese a nosotros ya están politizados.

La ironía fina, delicada, pero lacerante de “Los hombres blancos” y desde luego el sarcasmo incontenible de “Cómo escribir una novela y convertirla en Best séller” que arranca la carcajada franca, nos permiten conocer que Avilés Fabila con crudeza deshace mitos sobre el quehacer literario y ofrece la pura, simple y llana realidad. Y lo hace en diversos aspectos, pero siempre en forma incontenible. Cuando el escrito se refiere a una posible invasión de los Estados Unidos a México, Avilés escribe “el ejército nacional poco podría hacer, no está preparado para una guerra, sino para resolver problemas domésticos”.

Descubre, para el lector común, desde la personalidad oculta de Juan Rulfo, hasta la incógnita existencial de Ambrose Bierce; una obra ilustrativa sobre la generación de los 40. Pero aquí, como son varios los escritos y de diferentes fechas y además es un punto álgido para Avilés Fa¬bila, entonces es un tanto reiterativo. No obstante queda seriamente aclarado que él pertenece a la generación de los 40 y no a la generación que Margo Glantz bautizó peyorativamente con otra etiqueta.

El diccionario de los homenajes tiene además frases tajantes que sorprenden porque nos revelan la verdadera posición a la que han quedado reducidos literatos consagrados, o mejor llamados clásicos, como Dostoievski “multicitado, poco leído y menos comprendido”.

Efectivamente, como dice en la contraportada del libro, Avilés “descubre facetas desconocidas de personalidades con las que ha convivido cercanamente”, pero creemos que va, con mucho, bastante más lejos. No es la otra cara del escritor, si nos referimos a Bonifaz Nuño, sino los ignorados sufrimientos, la amarga existencia, lacerada y victimada de Haroldo Conti, lo que impresiona a quien se acerque a este libro. Porque con Bonifaz participamos de esa riqueza de espíritu y con Haroldo Conti nos sentimos mal de no haber participado para ayudar en algo. De igual manera quedamos atrapados con los matices ontológicos que nos regala Avilés del hombre volcánico que fue Siqueiros.

Un libro como éste es una lectura refrescante, luminosa, que proporciona para aquél que tiene inquietudes literarias una toma de conciencia pues acerca al sufrimiento que otorga tratar de publicar libros y una vez lograda esta hazaña, volver a empezar para las reimpresiones o ediciones futuras. Lejos del gracejo fácil, barato o del chiste ocasional el sentido del humor de Avilés atrapa y, desde luego, habría que incluirlo a él en un volumen semejante.

* Periódico Excélsior. Sección cultural El Búho. Domingo 24 de diciembre de 1989.