René Avilés Fabila  René Avilés Fabila

Una señal de aviso
Tantadel*

Patricia Medina

Escarún, tu no puedes
Encender un cerillo
En el claro más noche de tu calle

Es mujer. Y lo sabe, lo padece. Acaso sea un error: ¿Es ella? ¿Dónde empieza? ¿Dónde termina? Es fácil aprehenderla: no ha podido estar sola; así lo dice -sin decirlo- su hacedor. ¿Ves, Tantadel?, eres -fuiste- porque un hombre eligió no nombrarte, hacerte letra impresa, arquetipo imaginado, novela: Tantadel.

“Como iniciar la narración. Me prometí objetividad…” Individuo del sexo femenino a merced de sí misma, (corría la pluma, representándola en sus notas, por sus conversaciones; él buscaba salidas de emergencia a las cargas subjetivas de su objeto creativo; él tenía el verbo y el adjetivo; él sabía que Tantadel podía significarse -ser significada- solament e en la repetición de sus carencias. ¿Carencias? Sí, adolecía de la abstracción, no supo que su tiempo estaba circunscrito a una breve lectura; así de grave), que tomó la palabra para decir: “Sí, también soy débil. Mis problemas me han lesionado”. En ella no había revelación posible, ni sitio accesible a los colmillos de Freud; no pudo preguntar: ¿Porqué es tan despreciable una mujer que reacciona conforme a sus roles? Qué podía hacer la pobre, si era inteligente, pero sólo lo necesario, si era hermosa, en el contexto descriptivo, si se lanzaba a fondo solamente en la cama, porque su sofisticación femenina engrandecía el ego masculino.

Sobre Tantadel Scherezada con tu miedo al silencio, al de él. No dijiste tampoco: Cuando me callo y calla él también, ya no puedo decirle lo que quiere escuchar; el silencio nos vuelve Babel en despoblado.

Cómo poder cuando se es un retrato, y el ojo que retrata está en contubernio con la mano, y la mano y el ojo pertenecen a quien más tememos

Nos faltó tu versión para esta historia de amor de una sola vía, la habrás narrado desde adentro; así, como está, fuiste herida en lo más profundo. ¿Habrías escrito?: también Yocasta habita en él. No, tu sabiduría intuitiva te hubiera remitido a esa arma subversiva que se llama ternura.

Bien, Tantadel, aquí estás, completa, hecha verdad por la palabra. Viva, prolongación de ti en cada uno que te lea. También idealizada... a medias: falta que te tome la mano masculina para que estés completa.

Cada vez que te tome comenzarás de nuevo.

* Publicado en el periódico Excélsior. Sección cultural El Búho. Domingo 18 de junio de 1989.