René Avilés Fabila  René Avilés Fabila

Odette bella, bruja*

Alfredo Cardona Peña

La bruja Odette era sexy, elegante y alcohólica, tres virtudes que unidas a sus dotes sobrenaturales le permitían organizar Orgías siquiátricas padrísimas alrededor de un salón con whisky acondicionado.

También organizaba safaris, saliendo con sus admiradores a perseguir aparecidos en las callejuelas de San Ángel mientras recitaba su lema preferido: “Hay aves que cruzan el panteón y lo dejan peor, mi plumaje es de esos”.

Le encantaba referir a bebientes conocidos y desconocidos que habían leído Marx o menos, que un día el Llanero Solitario se despojó del antifaz, del sombrero y de los calcetines, y besó apasionadamente a Toro.

No hay cosa más bella (por antiwaltdisney), que ver a una pareja regando una casita chiquitita que les había dado Odette como regalo de bodas y la casita creciendo como una enredadera, brotando ventanas y capullos de cortinas.

Estoy escribiendo deprisa lo que recuerdo de memoria sin abrir el libro ni copiar frases. En este momento me brinca el “show” de un cabaretucho todos riendo y chupando oscurito menos las luces en el centro se hace el silencio porque va a comenzar el espectáculo que es ni más ni menos el parto de una muchacha allí frente a todos.

Entre Ode y Tanta se produce un libro que colecciona escenas eróticas, o mejor, se producen dos novelas revelando las geniales barbaridades de la joven burguesía mexicana con pescuezo alto y anexas.

A mí me parece que don Alfonso le dijo a René Avilés Fabila: “Hablemos prosa fregona/ que en las orejas se encaje y René puso manos a la prosa confeccionando un libro” que es como conversar en camiseta y a veces de esmoquin, y uno lo lee y lo escucha contar chistes fabulosos y citar a medio mundo de la inteligencia nacional y mundial.

El encanto reside en su forma de interpretar la realidad, en su demostración consciente de lo que puede hacerse con el juega jugando de los dramas íntimos, o sea amorosos. El resultado es una crítica hecha con verdadero arte de narrador contemporáneo, en donde los personajes, atormentados por el “gran dormitorio” que es el universo, nos hace pensar -parafraseando a Cioran- en héroes dostoievskianos que tuvieran una cuenta bancaria.

Hay mucho que decir sobre este ejercicio creador de René Avilés Fabila, mas bastan los botones expuestos para que el lector de esta rauda nota saque otras conclusiones positivas.

* Publicado en el periódico Excélsior. Sección cultural El búho. Domingo 30 de marzo de 1987.