René Avilés Fabila  René Avilés Fabila

Réquiem por un suicida
"Una novela que debería de ser prohibida"*

Elena Garro

Durante varias semanas el peligroso libro de René Avilés Fabila Réquiem por un suicida me tuvo obsesionada. Soy obsesiva y quizá la gripe terca que me llena de piedras la cabeza, desde hace más de tres semanas, y me ahuyenta el sueño, contribuyó a que pasara las noches en blanco pensando y repensando en el personaje que nos presenta René en su libro. He escrito varias notas sobre él, pero ninguna me satisface.

¿Quién es ese personaje que busca toda suerte de razones para suicidarse? Es el hombre moderno por excelencia. El hombre que hasta ahora no ha aparecido en ninguna otra novela. El hombre que no ha sido estudiado, analizado y disecado hasta ahora en el libro de Avilés Fabila. El hombre peligroso al que ningún sentimiento, ni principio, ni siquiera algún prejuicio detiene en su difícil, ávido camino hacia la muerte buscada por él mismo.

Si la Iglesia gozara todavía de poder educativo, este libro sería indudablemente prohibido por ella. Para el personaje de René no existe ningún motivo válido, ninguna razón moral, física o espiritual, que lo empuje a seguir viviendo. Él es el único dueño de su vida, de su destino y de su muerte. Nadie le impide dibujar su destino con esa decisión árida y terrible. Nadie, si no él mismo. Él, que no goza del poder de la contemplación, y que queda abandonado en un terreno inmisericorde. Inmisericorde para los demás y para sí mismo. No se reconoce como un hombre vulnerable, digno del amor de los demás y apto para amar a los demás.

Sus pasiones fulminantes por las diversas mujeres que se cruzan en su vida son tan pasajeras como una llamarada en medio de la lluvia y convertidas rápidamente en cenizas. Este moderno Julián Sorel no permite que nada lo ate al mundo, ni la política, ni la religión ni la belleza ni el sufrimiento propio ni el de los demás.

Es el hombre típicamente moderno, que vive entre catástrofes, sin, que éstas lo rocen siquiera, es casi el hombre objeto; materia pura; luego destructible. Si contemplamos al mundo que lo rodea, lo envuelve y lo asfixia sin que él se dé cuenta, logramos vislumbrar el origen de su decisión para matarse y su peligrosa invitación para que sigamos sus pasos que suenan al paso solemne de los cortejos funerarios.

Este inédito Julián Sorel no es sólo partidario del suicidio sino también de la eutanasia, paso feroz que se repite en Europa a pesar de estar prohibido por la ley.

Hace algunos años un suicidio provocaba horror. Ahora en Francia, el país más equilibrado de la tierra, los adolescentes se suicidan en masa, ante la incredulidad de sus mayores. El libro de Avilés Fabila si se publicara en francés haría estragos peligrosos. Es el libro de un hombre joven, dotado de una muy clara inteligencia, que presiente con horror los estragos irreparables de la vejez, con una pluma que corre con una asombrosa facilidad para llevarnos al terrible final de la destrucción total del hombre, que se mata porque vive en un mundo vacío, donde las flores han perdido su fragancia, los seres humanos sus cualidades creativas y contemplativas, donde Dios y la sola idea de Dios se ha esfumado en una marea de palabras y de humo, donde el dinero carece de importancia y la miseria yace en rincones oscuros e invisibles para él, sólo ocupado en destruirse.

Gran talento el de René Avilés Fabila, gran talento que no debemos escuchar. Es el canto de las sirenas modernas que no habitan ninguna isla y cuyo canto sólo nos lleva a la desesperación. Después de leer y releer este libro terrible, el misterio del suicidio sigue en pié. ¿Quién empuja a las ballenas a suicidarse en masa? ¿Quién a los elefantes? Para esto no hay respuesta.

La historia está llena de suicidas ilustres. Séneca, víctima de Nerón, Drieu La Rochelle, cuyas razones para matarse van más allá de la política y que se mata para evitar el roce de las manos asquerosas de los asesinos políticos. El suicidio de Angel Ganivet, que prefiere matarse a ser alcanzado por su perseguidora amante que lo sigue hasta Rusia, en donde él había sido nombrado embajador. Los suicidas de los jóvenes alemanes provocados por Werther y su amor desdeñado. El de Larra, suicidios trágicos que nos oprimen el corazón y nos dejan en un mundo ingrato, engañoso El suicidio del héroe de Avilés Fabila carece de cualidades, es un suicidio desolado que nada justifica, que no lleva a ninguna parte, que produce escalosfríos por su terrible despego de todo lo humano y lo divino. Es el suicida moderno, que nunca había sido visto, ni tratado, es el más peligroso, pues nos señala el mundo hueco en el que vivimos todos. Es la tentación de seguirlo, ya que nos convierte en seres absolutamente solos y sin ningún amarre a todo aquello que todavía hace algunos años nos ataba al mundo y a nuestros semejantes. Libro que debe ser prohibido a los adolescentes.

Publicado en Excélsior. Sección cultural El Búho No. 424. Domingo 24 de octubre de 1993.