Un tema novedoso
Réquiem por un suicida la novela más reciente de René Avilés Fabila (DF, 1940) es un libro que debe leerse. La razón de mayor peso para dar este consejo es el tema: la meditación que en torno del suicidio hace el protagonista, con su puesta en práctica cuando llega el momento. Esa meditación surge de dos consideraciones: examinar el suicidio como problema filosófico y, desde luego, relacionarlo con la circunstancia personal de quien narra los hechos. Ambos lados se dan en uno de los protagonistas: Gustavo Treviño.
Si la parte filosófica plantea la obligación de tomar en manos propias las riendas de nuestra vida, la parte cotidiana refiera la serie de frustraciones que lleva a la decisión de abandonar la existencia en el punto de mayor felicidad. Caso que empieza a repetirse en la narrativa del año (recuérdese a Bernardo Lima), una de las frustraciones es producto del 68. Toda la euforia de aquel momento se transforma en el sabor amargo del presente.
En Gustavo Treviño se va dando poco a poco, a lo largo del tiempo que lleva vivido un cansancio ante la conducta humana se encuentra deficiente en casi todos los terrenos. Se da también un deseo de evitar las decrepitudes de la vejez.
El suicidio permite resolver ambos problemas con un mismo acto. Es aquí donde la novela tiene su sostén más vigoroso.
Hablamos de Gustavo Treviño como el protagonista. Esto es engañoso. El libro de Avilés Fabila es bastante más complicado. Hay un narrador/novelista que decide escribir sobre el suicidio para ello inventa a un novelista (Gustavo Treviño) que escribirá una novela sobre suicidio. Así montada la anécdota, permite difuminar fronteras entre los narradores, de manera que Treviño pudiera funcionar como un alter ego del otro narrador, quien a su vez parece alter ego del propio Avilés Fabila. Metanarrativa en pleno, se dedica al goce del juego con muchas ganancias para el lector.
Es necesario hablar de los narradores. Dicho sin rodeos, nos parecen un hígado. Son una muestra insoportable de autosuficiencia, y expliquemos en qué consiste esto, Se trata de un escritor de fama apapachado por la fortuna. De acuerdo. Se trata de un escritor que, desde muy joven, conoció a lo mejor del mundo intelectual, y la afirmación no se limita a México. Aceptémosle. Se trata de un hombre que participó en la guerrilla, donde tuvo la experiencia del miedo y, quizás mató gente. ¿Por qué no? Se trata de un hombre a quien no hay mujer que se le resista, e incluso pasamos por un episodio tipo Emmanuelle durante un vuelo. Empezamos a decir hummmm. Toda amante que lo abandona grita que necesita volver con él, único capaz de darle sentido a la existencia. ¿No exageramos un poco? El personaje desborda por momentos los límites de la credulidad. Piénsese en el varonil dominio que ejerce sobre las drogas, que nunca lo esclavizan.
Sin embargo, esto no afecta la verosimilitud del libro. Porque, justamente, parte del juego consiste en la necesidad de un personaje así de creído. Novelista famoso al fin, este protagonista intertextualiza su obra al máximo, haciendo citas o comentarios literarios copiosos; por cierto, otra muestra de esa exageración que comentábamos. Esa exageración sirve de basamento a la visión que del mundo tiene el narrador y, por tanto, se vuelve elemento de construcción indispensable. Por otro lado, en ocasiones se ejerce un manejo de la ironía que incluso abarca al doble narrador.
Novela escrita con, elegancia, tiende con buen ritmo el suceder de los acontecimientos y, sobre todo, lleva a una meditación en torno del problema que le sirve de eje. La edición, hecha en España, es fina y sólo es de lamentar un corrector de pruebas deficiente, que insiste en acentuar el “ti” y descuida la ortografía de bastantes nombres extranjeros.
René Avilés Fabila, Réquiem por un suicida. Libertarias/Prodhufi. Madrid, 1993. 210 pp.
* Publicado en Sábado, suplemento de Unomásuno, septiembre 1993.