René Avilés Fabila  René Avilés Fabila

Réquiem por un suicida, de René Avilés Fabila*

Juan Carlos Serio

Citar a Camus en la reseña de un libro cuya historia está sustentada en un hombre que se suicida, sería insistir tercamente político-de-derecha-style en algo que no da para mucho. La muerte voluntaria ha desaparecido lentamente de la literatura moderna, y de esto René Avilés está muy consciente: la sociedad ha demonizado a aquéllos que por alguna razón deciden dejar de vivir. Probablemente una de las principales causas sea la envidia que provoca saber que algunos hombres y mujeres eligen sobre la única verdadera libertad que poseemos: la vida.

Algo se perdió en el tiempo; los suicidas se han vuelto una plática incómoda, un recuerdo detestable, mientras que los mártires (otro tipo de suicidas) mueren creyendo que tuvieron la oportunidad de decidir sobre su vida. Sin embargo, lo que la mayoría de los mártires no saben —o se niegan a creer— es que ellos no eligieron su final, la situación lo hizo. ¿Qué hay de heroico en esto? Absolutamente nada. Es la sumisión hasta las últimas instancias, y no obstante se ha mitificado la figura del mártir como el suicida bueno, mientras que el suicida común es un cobarde al decidir no (mal) vivir.

Este tipo de reflexiones surgen después de leer junto a Gustavo Treviño —el suicida y protagonista— los recuerdos de una vida que se prepara para acabar voluntariamente con una muerte anunciada desde el título de la novela. Y aunque el personaje principal insiste en que la gran causa de su suicidio es la simple decisión de no vivir, Avilés logra detallar de manera magistral lo que hay detrás de todo:
Gustavo Treviño era un escritor mexicano que luchó cuando era joven para instaurar la revolución socialista en México. Después, estudiando en París, se fue volviendo poco a poco aquello que antes combatía: un burgués. Y es que, claro, uno sólo puede escribir en contra del sistema desde una casa cómoda y con servidumbre, si no pregúntenle a cualquiera de los escritores políticamente incorrectos que apoyaban la Revolución Roja.

Hay una cita que me gustaría compartirles, queridos amantes de las probaditas, que muestra la visión de Treviño sobre su desgastada realidad:
"Todo aquello en lo que creí se acabó. El rock no es más contracultura sino una forma del establishment y los escritores que aterrorizaban a la sociedad o han muerto o han optado por sumarse a ella. Del 68 no queda más que un puñado de libros que nos traen recuerdos nostálgicos de luchas intensas y a mí de la forma milagrosa en que salvé la vida durante la noche del dos de octubre. Los héroes del 68 hoy son dóciles empleados gubernamentales de traje y corbata en cuya cartera coexisten American Express y la credencial del PRI".

Avilés está redefiniendo en esta obra, con gran habilidad, la manera en la que el suicidio es visto en la actualidad. Dentro de las páginas de Réquiem por un suicida encontrarás un indulto. Indulto para una falta que no debería de considerarse como tal. ¿Por qué les cuesta tanto a los demás entender y aceptar las decisiones que tomamos sobre nosotros mismos? Al final del día un suicida es solamente una persona que elige y valora su vida (conociendo o no) la famosa cita de Camus. Ok, ya llegaron hasta el final de la reseña, aquí va: "No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio".