Hace cuarenta años René Avilés Fabila publicó en una edición de autor la novela Los juegos, iniciando una carrera literaria polémica que llamó la atención tanto de editores temerosos, intelectuales indignados -otros divertidos-– y muchos lectores que celebraron la irreverencia de un joven escritor que se imponía ante la adversidad y el escándalo; sin embargo, a pesar de las enemistades y los malos pronósticos, con el paso del tiempo René ha cimentado su trabajo y prestigio a través de una constante presencia en la literatura y el periodismo con múltiples obras de justificada calidad dentro de su bibliografía.
Los juegos abre un espacio para Avilés Fabila en el mundo de la literatura al que precisamente retrata en sus páginas con implacable agudeza. No se trata de una débil crítica a la mafia de aquella época sino de una cuidadosa mirada llena de humor que analiza a personajes tan delineados en su confección que tocan la realidad humana con el fino bisturí de las letras.
En estos cuarenta años como novelista, René Avilés ha transitado por distintos temas y sus avances son perceptibles en el trato a los personajes y la evolución de sus tramas. Pasa de la crítica feroz de la elite intelectual mexicana en Los juegos a la novela testimonial de los sucesos de 1968 en El gran solitario de palacio. Texto que refleja uno de los hechos más significativos en la política moderna que es narrado de una manera enérgica, pero sin dejar de lado la emotividad del escritor, en su carácter de testigo. A lo largo de sus páginas nos ofrece una visión permanente, colorida y profunda de los personajes que la frágil memoria histórica de los mexicanos desvanece, utilizando un estilo literario que deja esta novela por encima de las simples crónicas sensacionalistas de la época.
La siguiente novela de René es la historia pasional y vertiginosa de una relación marcada por la autodestrucción y el deseo en Tantadel. Los celos, que forman el eje de memorables obras literarias como perenne reflejo de la realidad, son tratados en esta obra de una manera tan íntima y obsesiva que se vuelven parte de la propia visión. El autor ya en esta tercera novela desarrolla una estructura circular que narra la trama dejando la emoción del lector dentro de ella.
Uno de los logros en el trabajo de este escritor a lo largo de sus narraciones son los personajes femeninos y Tantadel resulta especialmente poderosa en la historia. En otra de las novelas de René Avilés, La canción de Odette, el autor se aventura a crear una mujer mágicamente bella y poseedora de un encanto irresistible; cuidadosamente finca la narración en la seductora vida nocturna de Odette. Lo fantástico forma parte del relato en donde el tiempo se vuelve una presencia invisible que le marca a Odette su condición humana al envejecerla, pero a cambio la habrá de dejar como una eterna musa que seguirá presente y etérea en el recuerdo del narrador.
Once años más tarde, Avilés Fabila publica Réquiem por un suicida en la que se advierte a un escritor comprometido con su oficio que entrelaza una escrupulosa investigación sobre el suicidio y la infatigable búsqueda amorosa del protagonista. Se trata de una obra que propone la presencia de la muerte como el complemento final del éxito y no como solución primera en el fracaso; una decisión individual, premeditada y libre que Jack London expresó así: "El hombre no posee sino una libertad, a saber, la anticipación del día de su muerte". Aquí ya puede verse a un escritor que circula en sus páginas con naturalidad por los sinuosos caminos del erotismo y la estética. Y la más reciente novela de René, El reino vencido que es el nostálgico recuento de historias en busca de la recuperación de un pasado que trasciende el ámbito personal para convertirse en un retroceso a la época prehispánica. Una trama que rescata el microcosmo de un habitante citadino y su interacción con personajes que navegan entre la ficción y los ecos del recuerdo. El enlace con el mundo prehispánico enmarca de manera sutil esa raíz dramática y violenta que todos los mexicanos llevamos dentro.
Son las novelas de René Avilés Fabila un panorama diacrónico de los hechos literarios y sus influencias intelectuales, sociales y políticas directas e indirectas de los últimos cuarenta años; en forma específica, estos textos pueden conducirnos por el elegante tránsito del autor a una madurez estilística en la creación de personajes y tramas. Sin embargo, el mayor número de títulos en la bibliografía de René Avilés pertenecen al cuento; originalmente publicados en distintos textos y ahora recopilados temáticamente en volúmenes de sus obras completas: Fantasías en carrusel para los cuentos de corte puramente fantástico y de ingenio y Todo el amor para los de tema amoroso. Los cuentos fantásticos de René son, como lo dice uno de sus títulos, un catálogo de sorpresas que van desde historias mitológicas, de fantasmas y vampiros, hermosos relatos sobre oficios perdidos y fragmentos bíblicos, hasta cuentos de hadas. Especial mención merecen sus cuentos de zoología fantástica que son creaciones poco comunes en la literatura mexicana y que en los textos de Avilés Fabila adquieren un matiz estético e ingenioso que los hace particularmente bellos.
Tratándose de los cuentos amorosos, las historias reflejan con sensualidad y erotismo esos ángulos inciertos del amor: la infidelidad, el desamor, el tedio o la inevitable separación de los amantes. Dice Joan Manuel Serrat que nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio y René Avilés logra traspasar en sus cuentos verdades tan cotidianamente humanas como la efímera eternidad amorosa. No podrían quedarse al margen los textos de carácter autobiográfico como son los volúmenes de Recordanzas en donde René es certero con los recuerdos que dan significado a su vocación por las letras o como en las Memorias de un comunista que narran de manera pasional y desencantada su paso por la intermitente izquierda mexicana. De igual forma el hermoso texto El libro de mi madre que plasma con delicada sensibilidad el relato de quizá unas horas de agonía materna, pero que es el recuento emocional de un hijo ante la inminente muerte de su madre, como alguna vez lo hizo en su estilo Simone de Beauvoir. René Avilés también ha escrito durante estos años innumerables ensayos y artículos periodísticos en donde ha dejado muestra de su compromiso con la ética y la estética dentro de las letras. Agudo en su estilo y analítico en la forma, su trabajo periodístico no hace concesiones en sus críticas al poder aun cuando haya tenido que pagar el costo de su indeclinable decisión.
Finalmente, son estos cuarenta años en la creación literaria de René Avilés Fabila una merecida celebración por lo escrito, lo que espera publicación y lo que será creado, porque sus textos representan una oportunidad para descubrir el encanto de la literatura en un autor que escribe bien e incansablemente y ha sobrevivido a la crítica y las prácticas deletéreas de las cúpulas de intelectuales mexicanos que son dos de sus mejores características personales: el humor y su talento exquisitamente madurados.