René Avilés Fabila  René Avilés Fabila

René Avilés Fabila y sus mujeres
Carmen de la Fuente

No sonría usted. Le aseguro que no le voy a dar información acerca de las muchas féminas que aparecen como protagonistas de los amores reales o ficticios de que se ufana en sus relatos, el escritor René Avilés Fabila.

Esta faceta frívola del autor de La canción de Odette, se las dejo de tarea a los seguidores de Freud para que averigüen cómo detrás de tanta concupiscencia existe un amor leal y verdadero, con mucho de maternal, que ha dado sentido a la vida y servido de brújula al hombre, quien según sus páginas autobiográficas, fuera un niño triste y hambriento de ternura.

Tal vez por ello mismo se convirtió en portavoz de la libertad y la justicia; defensor de causas legítimas.

Prolífico escritor: ensayo, cuento, novela; es además catedrático y conferencista; disciplinas estas últimas, que realiza en distintos foros.

Él dice lo que piensa, sin ningún tapujo, derribando ídolos, marchando a contracorriente. Enemigo de la servidumbre y del endiosamiento, es de los raros que señalan los errores y la corrupción dentro de las instituciones encargadas de la difusión de las artes.

Y como se diera cuenta de que un esfuerzo solitario no basta para educar a un pueblo, creó El Búho revista magnífica; misma que habiendo sido parte central del suplemento cultural del antiguo Excélsior, cobró independencia y autonomía desde hace diez años.

En El Búho colaboramos permanente o eventualmente, un puñado de escritores, cada uno con sus propias temáticas y estilo.

No hay una línea impuesta por la jefatura de redacción; tampoco censura. Acaso amistad y simpatía entre conocidos; pero tácitamente algo nos unifica: una tendencia hacia la izquierda y un pensamiento crítico.

Por esta causa me he adherido a El Búho y me precio de leer habitualmente a mis colegas, hallando placentera la lectura de entrevistas, crónicas, reseñas informantes de artes plásticas, música y literatura; mas debo confesar que me deleito con mayor fruición al valorar los ensayos analíticos de la política.

¡Cuánto sarcasmo e ironía! ¡Qué derroche metafórico para hacer digerible la nefasta realidad que nos rodea!

Mas vayamos al meollo del asunto: ¿Qué significa René en el mundo de las letras, especialmente femeninas?

Una visión contemporánea que se traduce en el respeto a la mujer creadora. Y en situaciones extremas, su defensa.

Allí está, como un hecho contundente, el de Elena Garro. Exiliada ésta en Francia con su hija Helena, sobrevivía en la miseria, cosa que no parecía importarles a su exmarido, el poeta Octavio Paz y a los representantes responsables de la difusión de las artes.

René Avilés Fabila tomó el asunto en sus manos y se dedicó en cuerpo y alma a rescatar a estas dos mujeres logrando su retorno a la patria.

Fue una lucha apasionada por la dignidad; acompañada por el vehemente discurso del estratega, quién declaró que Elena Garro, por ser la narradora y dramaturga más original del país, merecía un lugar prominente en la historia de la literatura mexicana.

Haciendo un paréntesis, diré que esta conducta quijotesca del novelista se repite en el transcurso de su vida. Sé que varios creadores de indiscutible valía se han visto postergados, debido a su enconada disidencia; a todos ellos ha tendido la mano el amigo, sin temor a represalias.

Estos valores, someramente esbozados, se reflejan en la constitución de El Búho cuyos antecedentes son los siguientes: en su época los analfabetas y tendenciosos gobiernos neoliberales y panistas, clausuraron diarios y revistas en los que se detectaba un aire de libertad: El nacional, El Día, Unomásuno, El ciudadano para no citar sino una parte de ellos.

¿Se ha muerto entonces la cultura en forma de expresión escrita?

No del todo porque existen en la ciudad de México y en la provincia, publicaciones que honran a sus editores; al arriesgar estos su patrimonio personal en bien de la información.

De cualquier manera la independencia de estos periódicos o revistas; no se encuentra a salvo; siempre hay una corriente política o religiosa que pretende influir en su contenido.

Expuestos estos problemas se concluye que El Búho, por no sujetarse a ningún dogmatismo, se erige como una verdadera tribuna democrática.

Y aquí, en su parnaso, con la Dra. Rosario Casco Montoya en la subdirección, nos hemos albergado muchas escritoras de diversas edades y capacidad, la mayor parte con grado académico o provenientes de la SOGEM.

Quisiera ser más explícita; pero ante la falta de una total información considero imposible trazar tan siquiera un esbozo de su personalidad; por lo que me limito a exponer una porción mínima de sus contribuciones.

Empiezo por la maestra Elsa Cano y Silvia Fong, versadas en la creación de autores nacionales y extranjeros; (sobre todo novela); Eve Gil, prácticamente formada dentro de El Búho e interesada principalmente en la vida de mujeres notables; Martha Bátiz, de ilustres progenitores, que cabalga entre dos mundos: el anglosajón y el hispanoamericano; Martha Chapa, quien de vez en vez cambia los pinceles por la pluma para señalar los errores de la cultura urbana; Silvia Pratt precisa narradora y por cuyas traducciones conocemos la poesía canadiense; Luz García Martínez, encomiable por su labor en torno a las artes plásticas

Y como corolario de esta enumeración, los nombres de Betty Zanolli Fabila y María Teresa Castrillón, distinguidas profesionales de la música, por quienes conocemos el glorioso pasado y las desventuras presentes del ámbito a que pertenecen.

Finalmente, después de haber hecho recuento, de lo que podríamos llamar vanguardia femenina en El Búho, quedamos quienes por razones de experiencia y longevidad, hemos recibido del joven escritor, laudanzas y reconocimiento.

René Avilés Fabila en primer lugar nos ha leído. Esto quiere decir que carece de ínfulas y la soberbia de otros escritores endiosados por Conaculta.

Segundo: ha participado, con la juvenil alegría que lo caracteriza, en aquellos foros donde se han presentado nuestras obras.

Tercero: ha hecho un análisis sincero de nuestra producción, expresándolo sin ambages, no importándole el juicio de sus contemporáneos.

Anoto en este renglón de la magnanimidad, el homenaje rendido a la poetisa –ya fallecida– Griselda Álvarez, quien por desgracia para sus lectores, cambió por los oropeles de la política, su excelencia poética.

A María Luisa (la China) Mendoza fecunda novelista, innovadora del idioma, a través de neologismos semánticos y sintácticos; largo tiempo afamada como reportera y últimamente evocadora de memorables páginas, del México tradicional y sus personajes más significativos.

A Marcela del Río, quizá la más desengañada de la pléyade: mujer con una cultura extraordinaria; poeta y dramaturga de altos vuelos; por azares del destino, alejada durante un tiempo de su país y catedrática en Universidades de Norteamérica. Ella nos remite a un pasado de extrañas contradicciones, de experiencias artísticas invaluables; todo ello mezclado hasta culminar en un legítimo deseo de apartamiento y soledad creadora.

Para Marcela del Río mi solidaridad y afecto.

¿Y qué más? ¿Qué puede decir Carmen de la Fuente, nonagenaria, a punto de entregar la estafeta que le han confiado los dioses? Que no quiere abandonar este planeta sin expresar a seres, como René Avilés Fabila y Rosario su agradecimiento por sus esfuerzos para dignificar la vida y hacernos de ello partícipes a sus amigos.

Por un México más libre y democrático.