René Avilés Fabila  René Avilés Fabila

René Avilés Fabila: su vocación para lo lúdico*
Miguel Bautista

El arte es la más intensa alegría que el
hombre se proporciona a sí mismo.
Carlos Marx

Miembro de una generación que buscaba cambiar el mundo que lo rodeaba, René Avilés Fabila muy joven manifestó inquietudes políticas. Al triunfar la Revolución cubana en 1959 participó del optimismo revolucionario reinante entre la gente pensante de nuestro país, y la describió como uno de los movimientos emancipadores más importantes del siglo en América Latina. Su inclinación mayor, sin embargo, eran las letras. Recuerdo haberlo visto en alguna ocasión, en los años sesenta, en las oficinas del periódico El Día, en cuya página cultural colaborábamos él y yo aliado de gente como Arturo Cantú, Arturo Azuela Gustavo Sáinz y Edmundo Domínguez Aragonés. René pertenece a la promoción juvenil que emerge a la vida pública del país en los años sesenta precisamente. Ésta se distinguía, por su afán de explorar nuevas formas de vida. Asimismo les interesaba a los jóvenes lograr nuevas formas de expresión individual y colectiva que incluían la música rock, una peculiar habla y muchos afanes iconoclastas. Si muchos vivieron los años sesenta conectados con las actitudes y expectativas de una juventud en trance de transformación, pocos pudieron concretar los sueños anunciados. Era la generación del rock y de la rebeldía romántica y dentro de este marco que da soporte a la inquietud de René, éste ya había mostrado voluntad creadora y madurez, requisitos para trascender: seguiría conscientemente una carrera de escritor comprometido, iniciando su labor como elemento de la Nueva Izquierda. Porque hay que decirlo: en aquella época había entusiasmo, desbordamientos anímicos frecuentes, pero poca conciencia. Sólo existía la leve intuición de que un sector de la sociedad renovaba su vitalidad creadora pero no había claridad en torno de un hecho: de que aquellas inquietudes derivarían en grandes palingenesias. Por esta razón muchos de los jóvenes, entonces participantes, devinieron sólo adultos conformistas e integrados al sistema; estos no intentaron siquiera interrogarse sobre el destino de sus inquietudes y de su bullicioso espíritu; otros, como el conocido Parménides García Saldada, escritor, simplemente se entregaron a sus fuerzas demoníacas en afán destructivo. Dueño de una sensibilidad especial y quizá de un sentido de la vida dionisiaco-rocanrolero) Parménides volcó su ira contra todo y contra todos (incluyéndose a sí mismo), convirtiéndose en un ángel ciego golpeando puertas hasta que no dio más cabida a la esperanza. ¿Caso ilustrativo del destino de una generación? ¿O sólo un ejemplo desafortunado?

Ahora bien; las diferentes vetas de este paisaje humano-social obedecían a que, como dijera uno de los protagonistas de aquella época, “el sueño había terminado”, cambiando “sólo” modos y modas en la vivencia de la juventud, pero dejando intactos los problemas de la transformación de una sociedad cuyas realidades y espíritu merecían no sólo ser ridiculizadas o parodiadas, sino cambiadas en su esencia.

Como René era ya hombre tocado por las musas, no tardó en rescatar otra de las inquietudes propias de su generación: el impulso de entrar en contacto con el arte. Y es que dicha generación estaba formada por una clase media ilustrada, que buscaba ganar espacio en un medio social y político muy conservador y autoritario. Este último rasgo típico explica la gestación del movimiento estudiantil mexicano al final de esos años. También explicaría cómo surge la motivación impugnadora típica de la literatura satírica de René, que hallaría una de sus claves en uno de sus más conocidos libros: El gran solitario de palacio, donde el blanco central es precisamente el autoritarismo político.

La vocación artística de René Avilés Fabila constituye un singular caso de entrega a las letras y a su ejercicio por la vertiente de lo lúdico. Lúdico -juego del estilo y de la inteligencia- pues él escribe una literatura satírica que es su línea predominante y que no lo abandona nunca. El espíritu de su prosa no es el del desparpajo audaz e inmisericorde de un José Agustín y su literatura de los jóvenes que andan en onda; tampoco tiene la antisolemnidad de un Gustavo Sáinz al describir el vagabundeo existencial y erótico de la chavisa de los años sesenta, esa “espina” en el cuerpo del país que reverdece hoy en los chavosbanda. El tono de la literatura de René busca la concreción de un imaginario, ventana por la cual nos asomamos a la situación del hombre contemporáneo. No es extraño, por lo tanto, hallar en sus libros, antes bien es lo usual, el relato lleno de fantasía de cosas extrañas, fabulaciones sin cuento, pero que le sirven para revelar -y sonreír- ante el meollo de la humana-existencia. Por ejemplo: Cuentos, aforismos y reflexiones son las columnas del libro Fantasías en carrusel (Ediciones de Cultura Popular). En esta obra, de gran rigor formal, hay dos constantes: el humorismo y la sátira, ambas al servicio de una posición política bien definida. Gracias a este libro que reúne casi todos los textos breves y fantásticos de René Avilés Fabila, podemos saber qué hacen las sirenas hoy en día, qué fue de Noé y su arca, qué hizo Dios ante el auge de la televisión, por qué las petrificantes gorgonas crean una nueva escuela escultórica, cómo el hombre se convierte en asesino, qué ocurre cuando un vampiro se bebe la sangre de una leucémica, qué vendrá después de la guerra termonuclear, cómo los fantasmas se ven afectados por la lucha de clases y así por el estilo.

Resulta casi obvio decir cómo el lector de René estará de acuerdo en que sus armas para hacer 1iteratura se cifran en su talento. Lo que sí hay que subrayar es que es uno de los pocos escritores de México cuyos cuentos se ven enriquecidos de una visión sociológica de los problemas del ser humano. Esto potencia y no desvirtúa sus fabulaciones. Su fino sentido del humor tiene no solamente algo de liberación en lo que hace al espíritu y la comicidad, sino también algo que linda con la visión humanista de nuestro tiempo. En otras palabras: sus funciones son sátiras que censuran, y divierten, recrean y hacen reflexionar. Provoca, por ejemplo, la emoción ante el drama de la discriminación y la explotación a que son sometidos los hombres, del llamado tercer Mundo, una realidad que René no rehuye mencionar en su literatura, lo cual es un signo de su mentalidad como escritor. En su narración titulada “En las cumbres deportivas” nos dice:

“Mi querido Juan (Rejano): el deporte que apasiona a los grupos privilegiados es totalmente insólito y audaz: la cacería de indígenas, campesinos paupérrimos, negros y asiáticos. Según supe, los orígenes no son tan novedosos y pueden ser rastreados fácilmente en las matanzas de indios y negros en Norteamérica, que sólo fueron suspendidas ante la amenaza de exterminio. Aunque no dejo de observar cierta maligna influencia del espléndido texto de Jonathan Swift, Modesta proposición..., que debieron leer los inventores del deporte y sus reglas. ¡Nuevamente África, Asia y América Latina son el centro de gloriosas aventuras de cacería para el blanco! Millones de negros, amarillos, mestizos e indios aguardan ser cazados por hombres que arrastrando peligros y enfermedades exóticas han decidido obtener una buena pieza (o varias). Expediciones salen a diario en busca de otros territorios de caza y ya muchos valientes se lanzaron a los polos a capturar esquimales.

Los safaris son organizados por el ministerio de guerra en colaboración con la Oficina de Turismo de cada país: el primero autoriza el número de piezas a cobrar en las zonas densamente pobladas por paupérrimos y la última anuncia -propaganda masiva de por medio: carteles, inserciones periodísticas, noticiarios fílmicos- e invita a las personas locales y extranjeras que deseen experimentar nuevas y recias emociones poniendo a prueba su habilidad para rastrear y cazar seres medianamente listos. El ejército garantiza la ausencia de riesgos y la seguridad de cada safari (Fantasías en carrusel, pág. 193)

René pretende escribir acerca de las injusticias del mundo y hacer a la vez una literatura reveladora de las bondades del humor, la ironía y la erudición orientadas a dar una visión caleidoscópica de la realidad social. Por eso él es, de alguna manera, un crítico de su época que no se limita a vivir y a buscar en su bien nutrida biblioteca un curiosum para elaborar fantasías.

Digamos, cómo en el campo de la recreación de lo imaginario no se trata del simple cubileteo de las posibilidades infinitas. (El papel lo aguantaría todo.) El gusto por la parte, formal de sus composiciones se conjuga en René con su tino literario, brindándole la visión y equilibrio de imaginación que sólo poseen los buenos escritores. En efecto, es la suya una sátira artística escrita en tono siempre jovial inventando una prosa muy legible de vena punzante e imaginación desbordada. He aquí su más breve cuento “Los fantasmas y yo”:

"Siempre estuve acosado por temor a los fantasmas, hasta que distraídamente pasé de una habitación a otra sin utilizar los medios comunes".

René Avilés Fabila (nacido en México, DF, el 15 de noviembre de 1940) pertenece -como ya se dijo- a la generación, emergente en los años sesenta. Publicó en 1969 en volumen sus primeros cuentos: Hacia el fin del mundo. En el medio literario mexicano son proverbiales su sentido del humor y su sentido de la amistad. También su imaginación, la cual ha volcado en su literatura, pues tiene una obra y no se ha limitado a rumiar vagamente sus aforismos y reflexiones. Se hizo escritor de fábulas y periodista por vocación y no a causa de la ausencia de un padre empresario, ni después de una vida de vagabundeo y exaltado vitalismo a lo Henry Miller. En el medio cultural mexicano, su amor por la literatura y su compromiso político de izquierda, así como su fina vocación por lo lúdico, resultan muy destacables.

Escritor moderno, por diestro e informado, ha plasmado en sus cuentos páginas redondas en su armonía literaria y en su carga imaginativa. En nuestra opinión, su carácter peculiar como escritor terminado por su cultivo de la literatura fantástica a partir de una posición política avanzada, lo cual da a sus textos más logrados, ese aire de espíritu libre, riente y gozoso que aborda diversos asuntos (incluidos los sociales) creando figuras y sucesos de irrealidad y milagro.
Lo anterior puede expresarse también diciendo cómo Avilés Fabila es devoto de la sensibilidad de nuestra época, de su concreción de utopías sociales y de ingenios mecánicos y electrónicos que la caracterizan, y por la cual parece agotar el campo de lo posible; por eso las motivaciones de su literatura están en el presente a la vez que con ella nos enseña a imaginar un nuevo futuro.

El camino de René Avilés Fabila como escritor mexicano se distingue en virtud de ser un narrador socialmente crítico que, con la creación constante de un imaginario, nos ha ayudado a recomponer nuestra imagen del mundo, viéndolo como es y como podría reconocerse en una perspectiva leal al ser humano.

* Periódico Excélsior. Sección cultural El Búho. Domingo 21 de enero de 1990.