René Avilés Fabila  René Avilés Fabila

Una Trayectoria Temática *
De la Sátira a la Fantasía
María Elvira Bermúdez

En su primera novela Lo Juegos, René Avilés Fabila se dio a conocer como un inconformista típico, En su oportunidad me permití calificar esa obra como un documento del ambiente literario, político artístico del México de entonces (1967), captado con paciencia, pero también con saña; y me pareció que la obra estaba impregnada de una amargura honda que sólo se veía atenuada con párrafos de brillante ironía; los personajes eran, obviamente, personas reales: así los denunciaban los hechos auténticos que el autor les atribuía.

Dos años después, RAF publicó un tomo de cuentos: Hacia el fin del mundo, que me recordaron al Gog de Papini por su humor un tanto grotesco y en los que hallé la misma intención amargo-festiva de criticar los hechos más sobresalientes de la contemporaneidad. En ese mismo año (1969), bajo el patrocinio del INJM edito una plaquete que contiene Alegorías, en las que el inconformismo cede el sitio a la fantasía: expone ahí un “Zoológico fantástico” que evoca a Borges y a Arreola y, entre otros, un cuento muy bueno: “Más sobre trasplantes e injertos”.

Otro volumen de cuentos dio René a la luz pública, en 1970, La lluvia no mata las flores. En la reseña respectiva manifesté que aquí no aprieta demasiado el acelerador de su inconformismo, sino que ciñe a recorrer las calles y las avenidas de la realidad en una dirección única: las relaciones amorosas entre mujer y hombre. Encontré una cualidad muy importante en esta obra: las heroínas distan mucho de parecerse a las tradicionales de nuestras letras (masoquistas o inertes) aunque representan el aspecto negativo -atal e inevitable- en el equilibrio de elaciones sexuales que se va imponiendo en México. Hallé también aquí un cuento sorprendente: “La otra dimensión o la dama del cuadro”, el que entonces situé dentro de la ficción científica pero que, una vez releído, me parece de fantasía pura.

Con El gran solitario de palacio, Avilés Fabila consolidó su fama de gran inconforme. Publicada en 1971, esta es una de las primeras y más importantes obras que se han escrito en torno a los sucedidos del 68. Ahí la emprende René lo mismo contra el Gobierno que contra la iniciativa privada (sin dar claramente nombres, por supuesto) y, a veces, su ironía es exagerada e inverosímil. En Nueva utopía (1973) siguió este escritor desplegando su sarcasmo -en prosas que se acercan al ensayo y al cuento- contra las autoridades, dentro de su línea eminentemente inconformista y que a mi modo de ver aquí se anquilosa en un maniqueísmo agudo.

Da un viraje notable en su temática, regresando a su Alegorías y a La lluvia… en el mismo año, con el volumen de cuentos que lleva el rubro de uno ellos: La desaparición de Hollywood, el cual recuerda fielmente a Bradbury. Con Tantadel (1975). el viraje alcanza los 90 grados, esto es, llegar al extremo opuesto, no sólo por lo que atañe al asunto, sino al estilo. Es esta una novela fina y agradable que combina felizmente el testimonio amoroso con la reflexión literaria. La erovisión -como en otros cuentos de RAF- es distinta a la tradicional crea un personaje femenino vivaz y dinámico. El lenguaje es fluido y, el desarrollo, ameno. Desconozco otras dos obras de Avilés Fabila Fantasía en carrusel y Lejos del Edén, la Tierra que son mencionadas en la contra portada de su libro más reciente: La canción de Odette (113 páginas, Premiá Editora, México 1982). A mi parecer, con esta novela René se afinca en el terreno de la fantasía como ha quedado dicho, ha incursionado en otras ocasiones. Su feroz inconformismo ha quedado atrás… por el momento, quizá solamente por el momento; pero ésto resulta muy grato, porque de realismo y de protestas esta saturada nuestra literatura. Hace bien sumergirse, de cuando en cuando, en la literatura pura, en la literatura en la que, como en esta novela, la imaginación tome parte y la poesía se transparente, bajo una prosa bien elaborada. No se trata evadirse, sin más de una realidad en la que, de manera innegable y patente se dan muchos casos de corrupción y violencia, sino de cesar de hundirnos en denuncias que de literarias tienen poco y de panfletaria mucho. Cuando no se puede ofrecer o insinuar siquiera una solución viable para un problema, me parece que denunciarlo con redundancia y acrimonia equivale a recrudecerlo; y, lo que más aún, podría suceder que el supuesto remedio resultara, asegura el dicho, peor que la enfermedad.

Tal vez en esta novela Avilés Fabila reincida en su costumbre de tomar a personas de reales como entes de sus ficciones. No me atrevo a dar por fundada mi sospecha: su Odette me recuerda a alguien muy célebre pero, claro, si él no la nombra, yo menos. Es el caso que ese personaje es único, completamente fuera de lo común, y con sus costumbre -sus vicios, según el autor- sus figuraciones, su ambiente peculiar y sus amistades, René levanta una narración que bien puede ser situada dentro del realismo mágico. Hay un narrador en primera persona que toma parte importante en la nove1a y cuyos problemas amorosos y, luego conyugales, son ahí expuestos; pero Odette viene a ser la figura principal porque incluso en esa historia intervine, a manera de influyente o de amigable componedora; y sobre todo porque con sus fantasías, osadamente convertidas en realidad, el autor dota de atmósfera mágica algunos pasajes; de la novela. Esta tiene, por lo demás, otras valiosas implicaciones: sociales, porque se alude a hechos y personas que bien pueden ser reales o al menos prototípicas: y culturales, porque la pintura y las letras están atinadamente, imbricadas en la trama. Lo que prueba que aun dentro, de la fantasía se pueden realizar denuncias.

* Publicado en el periódico Excélsior, Sección cultural, 1984.