René Avilés Fabila  René Avilés Fabila

Texto leído durante la presentación del primer tomo de las
Obras Completas de René Avilés Fabila
Museo Nacional de Antropología
6 de septiembre de 2001

Presentación de Luis Herrera de la Fuente

Hace cuatro semanas, por teléfono, me invitó René Avilés Fabila a participar en esta presentación de sus obras completas. La amistad que me une a René y el cariño que la acompaña provocaron la súbita, mecánica respuesta: claro, René cuenta conmigo. Empero, al dejar el teléfono, comenzó a formarse en algún átomo de mi conciencia, o lo que sea, la cadena de dudas y cuestiones que suele atarme cada vez que debo decir algo en un acto de cultura literaria, como éste de hoy. Al hablar de literatura o de libros las tonterías que digo carecen de carne y esqueleto, en tanto que sufren la orfandad de una génesis letrada, académica, profesional. Si se tratase de música, en cambio, oirían ustedes mis necedades en todo doctoral, engolado, revestido de solemnidad.

Por otra parte, según lo veo, no se trata de que hable yo de literatura o de libros -by the way, como dicen los english speaking-. El ejemplar que me enviaron para este propósito, además de ser bello, tiene pilón. En lo que voy a meter mi cuchara es en aquello que concierne al hecho por el que estamos aquí, y al fenómeno de vocación que lo engendró.

Es congruente que se diga "Obras completas de René Avilés Fabila" puesto que no se publican fragmentos de las obras de René. Sin embargo, la vocación de este escritor garantiza que al cabo de un, auguro y deseo, largo lapso, dentro de muchos, muchos años la editorial Nueva Imagen publicará "La obra completa de René Avilés Fabila". La obra, en singular, en su totalidad, incluida la póstuma, que la habrá, de René Avilés Fabila. Será ésta un acervo copioso de volúmenes que dejará escapar por el hueco entre libro y libro, la inteligencia, el sarcasmo, la mala leche, las furias y las fobias, la líbido, la ternura, la amistad de René.

Así la veo, una estantería copada, abrumada por lomos, por páginas, por palabras, por letras, por trazos de ese lápiz implacable, suerte de perpetuum mobile por la gracia de una vocación literaria a ultranza, vocación de médula, de raza, que ama la letra y no la deja en paz si no la posee, si no la fecunda.

Todos los presentes aquí conocemos a René y sabemos del Avilés Fabila maestro, escritor, periodista, crítico ácido, con virulencia mayor hacia el vetusto antes y flamante hoy, sistema político mexicano, siempre igual a sí mismo.

Hemos convivido con el René fanfarrón, en tratándose de hembras y devoto de su Rosario, siempre dispuesto a un buen trago, y capaz de dar la piel por sus amigos; con ese hombre con H y con el alfabeto a cuestas. Yo me quedo con todos ellos. No obstante, me conmueve en particular el que con frecuencia métrica me envía un nuevo libro de su cacumen, el que emula día con día el mito de Hércules y sus trabajos, el que obliga a labor extra al Grupo Patria Cultural-Nueva Imagen. El que, en suma, es él en sus libros, él mismo: el René, el Avilés, el Fabila, que, por añadidura, nos permite acomodarnos en sus brazos abiertos a la amistad.